9 may. 2009

Pacheco y la influenza (once again)

Ayer salió una excelente entrevista a Pacheco en la Jornada. Léanla. Les recuerdo que Pacheco da una entrevista cada cinco años más o menos. Por cierto, es extraño ver a tu escritor favorito en la primera plana del periódico. Es como si, de pronto, la literatura no fuera cosa de unos cuatos afectados, como si la palabra fuera para todos lo que es para unos cuantos. Y no sólo fue primera plana y no sólo estuvo la entrevista; además se publicaron tres increibles poemas de lo que será su próximo libro. Les dejo el que da título al próximo poemario de Pacheco:

La edad de las tinieblas: el quinqué

Arde la noche. El aire húmedo parece hervor de ciénaga. Bajamos del yip para tomar agua mineral en un cobertizo a orillas del camino que se interna en la selva. Sobre el mostrador hay un quinqué. Si nada recordamos de la niñez y sólo podemos inventar lo inmemorable a partir de unas cuantas imágenes, este quinqué engendra ahora su propio teatro de sombras, me lleva hasta un puerto donde hubo una casa que ya no existe.

Se va la luz. La familia enciende otro quinqué. Me intriga pensar en lo que han dicho mis padres: en el petróleo de la lámpara flotan reducidos a esencia bosques y dinosaurios de la prehistoria. Millones de años se han necesitado para humedecer la lengüeta de jerga que convertida en mecha soporta la llama. Una campana de cristal la protege y le permite iluminarnos. En el quinqué se consumen los restos fósiles de una vida improbable. La noche huele a luz carbonizada.

Este humilde fuego resulta el antitelevisor. Prende la imaginación de quienes se reúnen en torno a él como ante la hoguera primitiva: abuelos, padres, hijas, hijos. Sobrevienen relatos de cosas verdaderas y fingidas y, cuando las narraciones han terminado, el ballet de las manos, la pantomima de las siluetas.

La pared se convierte en un zoológico fantasmal, un circo de espectros. Aquí están las fauces del cocodrilo, el loro de perfil, el gato de espaldas, las alas del gavilán, la huida del venado, la tortuga que lleva a cuestas el mundo.

Al volver la electricidad el escenario se apaga. La familia queda en silencio. Sabe que está condenada a la dispersión y es como el humo que el petróleo suelta al inmolarse. Somos apenas sombras que alguien proyecta en un muro invisible.

El quinqué se extinguió hace millones de años. Su luz más submarina permanece. Esta noche su olor ha regresado bajo el violento aroma de la selva. Tal vez nosotros, sus animales y sus árboles también seremos combustible de una futura edad de las tinieblas.

¿Qué tal? En lo personal creo que es uno de sus mejores poemas.

Foto

Cambiando de tema, el mejor poeta joven inglés, Mike Skinner, mejor conocido por su grupo The Streets, sacó una excelente canción sobre la influenza. Se las recomiendo. Saludos.


1 comentario:

Nayeli García dijo...
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