19 may. 2009

La joven poesía II

Reproduzco a continuación el comentario dejado por Yaxkin en la entrad anterior:

LA IMAGINACIÓN O EL CORAZÓN PERDIDO DE LA POESÍA MEXICANA.

Reírse de la cara de alguien es como reírse de un poema. Acto inútil que ha estancado a un fuerte segmento de la poesía mexicana en la superficialidad de “los buenos poemas”, en los cuales los rasgos a evaluar son: la estructura, la imagen, lo comedido, y lo acertado del tema tratado según las circunstancias actuales irónicas o televisivas. Esta superficialidad es la de los poetas que nunca podrán creer en la poesía como profecía, sueño, delirio, conocimiento, sabiduría. Los que creen que hay que hacer poemas, y no mundos nuevos, los que creen que hay que ser poetas y no profetas o magos o sabios o místicos.

Ellos se engañan porque en el fondo de sus corazones saben que toda ficción poderosa es por densidad. La densidad de una obra es que no pretende dar solo significado, sino dirección, sentido. Harry Potter es una ficción poderosa, genera movimiento, genera aspiraciones, y valores que se asimilan. Sin embargo no toda obra poderosa tiene la bendición del mercado, la ficción corre los riesgos de ser un libro más que se cierra.

Ver “lo bueno o lo malo” del poema resulta tan superficial como clasificar a sus creadores en “buenos y malos” poetas, habría que pensar en la densidad de un poema que a lo mejor no entiendo o que me mueve al enojo. La densidad del poema: un hasta adónde pretende, habría que preguntarse… y en su caso evaluar.

La ficción igualmente tiene el poder de crear a los lectores de su mundo, de su entendimiento, sean humanidades luminosas o monstruos kamikazes, sean robots o animales travestis. Ruptura es asentar una nueva tradición.

En ese sentido quizá sea tanta la ruptura del sabio que ha recorrido todas las tierras, como las del profeta loco que ha descifrado los números del universo, sean ellos los poetas que han dado cuenta de una ficción sobrehumana, he ahí la genialidad. La realidad no existe, toda ficción es realidad, nuestra realidad es una ficción.

Poemas así, obras así, plantean el desafío: una apuesta mortal contra el tiempo que vive un solo hombre.
La ficción es un rito que queda en las mentes, más allá que en sus páginas. Y algún día en que los robots sean realidades o la humanidades luminosas, los monstruos suicidas o los animales travestidos. Algunos esos de los que se callaron dirán: pero si esto lo conozco y esto es un texto que soñé. En México los caminos de las escrituras potentes están más cercanos al ninguneo por el silencio, y a veces a ser descalificados como “sinrazones”, malos poemas o como textos con partes “rescatables” (para los más benevolentes). Estos lectores enclaustrados piensan que la literatura se acaba al cerrar el libro.

Sin embargo la poesía es pan en otros sectores de nuestro país (por poner el caso de comunidades indígenas) existe un delirio poético que se lee, se siente, se comenta, se festeja y el libro siempre queda abierto en las casas.

Los grandes poetas crean porque ellos son medios, prestan la voz a ficciones poderosas: dioses, sentimientos, ciencias, artes. Las grandes ficciones crean Valor, Aspiración, las obras fuertes son Éticas.

En el panorama nacional cada vez nos cansamos más de los ya acostumbrados “buenos poetas, comedidos muchachos”. Ellos que solo repiten las ficciones de su tiempo, cubriendo un segmento entre la televisión y el reloj mercantil.
Son los “poetas correctos” para un público que al cerrar un libro sólo le queda el recuerdo de haber leído un buen poema. Nada más.

La ficción no es hacer lindos versos, “buenas” imágenes. Por origen ficción es romper y recrear las reglas. Desde las más elementales que son las de la naturaleza. En el mundo real una manzana se cae al piso, en la literatura los animales son hombres y la gente vuela, y por ende las reglas políticas, religiosas, morales, mercantiles, personales también pueden romperse y recrearse. Por eso la ficción puede poner en jaque a un sistema político entero. Ficción es poner otras reglas del juego.

Todo poeta de nuestro aprecio debería ser místico, sabio, loco, profeta, científico, medium, y nunca más volver a ser poeta, todo poeta de nuestro aprecio es aquel poeta del que no podríamos reírnos por la simple cara de su texto.

Cansancio de las caras bonitas,
imaginar el corazón perdido de la poesía mexicana.


Yaxkin . Melchy


Al igual que con el ensayo de Manuel, celebro este texto de Yaxkin. Ojalá se agreguen más coentarios al respecto en este formato.Entiendo que Yaxkin refiere de la desvalorización de la figura del poeta. Concuerdo con él en ese punto. Y sí: no se trata de hacer sólo buenos versos. Sino de la "cosmogonía" que decía Manuel, y que ahora comprendo mejor: somos una suma de palabras.

Yaxkin ataca de igual modo la perfectura y vacua superficie de los poemas: perfectos juegos de palabras que no dicen nada (que no se confunda con la nonsense poetry o poesía de la sinrazón; ahí hay voluntad). Es un extremo que se debe esquivar. (Me doy cuenta, al hablar de extremos, que siempre persigo un equilibrio en las cosas). Pero tampoco se puede obviar la verdadera importancia de la hechura. Parto de que fondo y forma son lo mismo, una unidad indivisible, inseparable. Una parte no puede existir sin la otra para que se dé el poema y si se menciona una parte se menciona a la otra. Si es puro fondo o si es pura forma (que, efectivamente, es lo que se suele apreciar más, injusta e indebidamente) no hay poema. Relaciono con lo dicho por Eliud en su comentario de la entrada anterior, lo que escribe Yaxkin alrededor de la relación poeta/entorno y la gravedad de un problema mayor.

En cuanto al canon, me agrada la definición de Yaxkin, por asequible: las reglas del juego. La cosa es, nuevamente, si uno querrá estar dentro o no del juego y las razones de dichas decisión. También, cierto es, la literatura no acaba donde acaba el libro. Y puede que esa noción se haya olvidado o diluido. Esto tiene que ver con lo dicho por Nayeli en un comentario de la entrada anterior sobre la importancia de la literatura: aquello que sólo la literatura nos puede decir, nos puede dar. Parece ser, y siento en que ahí hay un tácito consenso, es que todos refieren de algo que parece perdido. El "qué" aún es confuso e incierto. Sea lo que sea, siento, ese "qué" sigue ahí y sólo hay que reiterar su presencia.

Por cierto: sé que alrededor de esta charla hay voces sabias que han guardado silencio. Grato sería escucharlas.

5 comentarios:

Movimiento Letras Diferentes dijo...

Curiosamente Yaxkin también dejó ese texto en mi blog - no sé si lo hizo en varios más también -, en la entrada donde pongo el poema de Condorito y el de Víctor Ibarra. No era atacarlo por atacarlo, sólo me pareció gracioso ese paralelismo repentino. En fin...

El de Yaxkin es un texto, sin duda, muy interesante y por demás acertado. Creo que en la actualidad - como en gran parte de la historia, quizá - existe el debate entre lo que es y no es poesía, algo que parece más bien anacrónico. El quehacer poético es, sobre todo, un acto de eterna creación de mundos, de realidades, de lenguaje mismo, y en ese sentido se debería aspirar a que los poetas sean artífices de realidades que sí mismas sean tan vastas como su capacidad. Es decir, y sin metáforas, esto podría tomarse como una búsqueda entre la locura del autor con su necesidad de buscar algo perfecto (exagerada la palabra, lo sé, maybe suitable would be better) en su microcosmos y, a la vez, en el macrocosmos total de la poesía.

¿Qué es lo que se ha roto? Tampoco lo sé. Probablemente pueda contribuir mi idea de este mundo - el artístico, político, social - como unipersonal más que individual. Las voces se aislan y en la labor poética no se muestra del todo el manifiesto intrínseco que debería existir entre un grupo considerable de jóvenes.

Por otro lado, rescatando algo que Eliud dijo en un comentario de la entrada anterior, la crisis de la poesía no se puede reducir a ella misma, sino que debe tener sus raíces en algo más y él lo identifica en el así llamado posmodernismo (ciertamente una categoría de la que muchos nos queremos deshacer, ya sea por ambigua o por representar un lastre en lo contemporáneo).

Me interesaría también que esta discusión fuera más allá de la poesía, que llegara a la literatura en su totalidad. ¿En qué medida esta crisis también ha golpeado la incipiente narrativa de nuestra generación?

Cronos dijo...

Odio toda esta confusión de cuentas. De nuevo, ése era yo.

svankmajerovo dijo...

Pues me descubriste... es que soy muy tímido, si me tardé más de un año en mandarles algo... y pues puse el blog porque según nomás mis amigos me leen pero ya veo que no, a ver si no lo quito, ja!

Un abrazo.

Yaxkin Melchy dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Yaxkin Melchy dijo...

Retomando lo que dijo Cronos, creo que pensamos en crisis como un distanciamiento autor-público-obra que se da entre estos tres. ya Manuel comentó cómo existe un distanciamiento entre el autor (la construcción de un poeta) y el público, yo escribí más sobre el autor con su obra, pero ¿habrá un distanciamiento del público con las obras? y parece que aquí entramos en los aspectos de difusión y edición de los que habla Eduardo.

Creo que como dijo Eliud el distanciamiento empieza por la poesía y se extiende hacia la literatura y en general las artes y humanidades, efectivamente es el reflejo de un distanciamiento que propugnado por el modelo neoliberal que elimina a la Filosofía de la educación, que reduce a la Historia y parcela a la Literatura.

También tengamos en cuenta que en este país y en Latinoamérica aún existen focos que no han adoptado la mente del hipermercado, me refiero a los lugares y culturas que conservan la poesía a una distancia cercana al hombro. La tradición puede ser un peligro.

Ése México, por decir también Latinoamérica, se ve actualmente confrontado y sitiado por el Proyecto: Vidas Felices, País del Orden.
Entonces el distanciamiento, o crisis, es sólo para un tipo de literatura, para los libros de autoayuda esa crisis no existe. El Proyecto Vidas Felices se ha aliado con una Ficción muy Astuta.

Tal como sucede con las corrientes marinas, unas suben por encima de otras conforme a su temperatura, lo que ahora vemos a simple vista son las corrientes frías que peligran con congelar y alentar el movimiento de la ficción.
Contrariamente al "calentamiento global", vivimos una glaciación de la imaginación y con ella la de los mundos posibles. La ficción en movimiento es desborde imaginativo y el poder de imaginar es un arma, las corrientes cálidas desatan tormentas.

Al asumirnos poetas, jóvenes, contradictorios, pasionales, independientes e incluso amigos... ya estamos haciendo nuestras fogatas en las cavernas, protegiéndonos de las nevadas navideñas del proyecto Vidas Felices.

Última consideración:
Pero no hay que ser tan cómodos, nos queda hacer algo más que sobrevivir.
Qué bueno que discutir también signifique construir un mundo literario y planearlo.