21 may. 2009

Nuevamente la joven poesía

Roberto, muy atentamente, nos mandó una carta con su opinión sobre lo tratado anteriormente. La posteo completamnete como me llegó. Al final están mis observaciones. Es muy larga, aviso.

Ante todo creo que debo de iniciar con un cordial saludo a todos los que lean esta carta y reiterar mi respeto y admiración hacía el trabajo de varios de ustedes como escritores.

Ahora, bien, el motivo de esta carta es expresar mi punto de vista respecto al debate que se ha dado respecto a lo que varios de ustedes han dado por llamar “Crisis de la poesía”. Más específicamente, me llama la atención que esta crisis de la poesía sea vista no en una manera general y se señalen solo algunos aspectos con cierta especificación. De este punto trataré de desarrollar mis ideas lo más claramente posible y espero que mi punto de vista sea bien recibido, causando respuestas de todo tipo que serán bienvenidas.

***

Se habla de una crisis de los lectores y una crisis editorial, la que cabe señalar siempre ha existido desde invención de la imprenta al ser pocos los que podían acceder a un material bibliográfico y con la llegada de la revolución industrial y el capitalismo como eje conductor de occidente se ha mantenido, gracias a la marginalización de la cultura, ya sea por el nacimiento de los medios de comunicación o por el desinterés general de las masas (claro esta, que la última podría ser el fin al que ha llegado la primera). No creo que las reglas del mercado tengan un gran peso sobre el problema. Los aparatos culturales del estado en la mayor parte de las naciones occidentales no han logrado llevar a las masas hacia la cultura, ya se porque los medios que se poseen son insuficientes o por el desinterés de estos aparatos para llevar una educación humanística a sus pueblos. Por otra parte, los organismos independientes, hacen su trabajo como pueden, a la intemperie en busca de aquellos que sientan un interés y una curiosidad hacia la cultura, pero no pueden ir más allá. Si nos vamos por esta vía descubriremos que esta “crisis” no solo abarca un solo aspecto sino se extiende a todo el ámbito. Desde este punto igual podemos hablar de crisis en la poesía como de crisis en la pintura, el cine y la música como también se ha señalado en alguna parte. No creo que esto tenga que ver, y reiterare el término, con una “crisis económica”. Bueno, esta claro que es solo una pequeña parte del problema, al que se le presta más atención por estar en tiempos turbulentos y que nos hace voltear hacia diferentes direcciones donde vemos una fractura. La crisis principal a la que muchos se niegan a ver es la “crisis del espíritu”. Desde las carnicerías sufridas en las Guerras Mundiales, el alzamiento hegemónico de un estado por encima de todo occidente y de un sistema de vida impuesto por este, junto con los cismas políticos sufridos en diferentes naciones y la polarización consecuente que sufre el mundo ante dos visiones filosóficas, políticas, económicas y culturales, la mayor parte de la humanidad se convierte en el presagio que venían escribiendo y detallando los poetas y filósofos del siglo XIX. Quisiera no recalcar aquí ciertas perspectivas personales, pero no puedo. El siglo XX ante estas circunstancias se ve dedicado a tratar de desentrañar esta serie de resultados y cuestionamientos a partir de que la pesadilla se hace visible a todos. Kafka es el paradigma de cómo se ve a sí mismo el hombre de este siglo y sobre cuales son las adversidades a las que se ve enfrentado. Pero creo que me estoy yendo por otro lado. Si bien, estos son los puntos de partida de los cuales se vienen desarrollando estos cuestionamientos, creo que es a partir de la caída del sistema marxista que enfrentaba al capitalismo cuando los cuestionamientos no solo se hacen mayores, sino que empieza un proceso de cambio mayor a ya visto durante todo el siglo. Nosotros, los que nacimos tras la consecuente caída del Muro de Berlín somos un punto y aparte en el desarrollo del mundo, y más específicamente de la cultura. Las raíces del árbol se expanden y bifurcan conectándose y todas las cuestiones que se venían desarrollando tiempo atrás empiezan a dar respuestas. Pero estas respuestas no son tan claras como se podrían pensar, y al estar escritas en clave tienen que descifrarse por medio de una crítica que nosotros tenemos que hacer ante la situación actual. Vuelvo al punto. Si hablamos en estos momentos de una crisis cultural y por ende, una crisis en la poesía, no nos podemos referir desde nuestros planteamientos simplemente con un punto de vista local, sino deberíamos extenderlo a un punto de vista general de las cosas. He aquí el primer desliz de este debate, y si bien, Eduardo ha hablado desde su blog de varios aspectos de lo ya señalado, creo que deberíamos conjuntar a todos. Como escritores nos afecta más en el campo de batalla donde nos desarrollamos-desentrañamos, no solo debemos de concentrarnos en una parte de la geografía del problema sino extender el campo de acción hacia otros ejes. Pero bueno, creo que por el momento he dicho lo que puedo al respecto sobre ello. El debate desde este punto sigue corriendo.

***

Continuando con este debate, y por encima de el punto anterior que creo queda claro, me han llamado la atención por encima de todo que este debate se centre en tres ideas principales que al parecer son lo que más nos concierne a nosotros. “La poesía mexicana”, la “tradición, la ruptura, la vanguardia” y “el desarrollo de esto temas por parte de una generación de escritores jóvenes”.

Empezando por el primero hay un consenso respecto al estado de la poesía que se escribe en este país, hay una sensación general de insatisfacción respecto a lo que se escribe en México. Por encima de todo, a la poesía, y se le achacan estos males a ciertas “enfermedades locales”. Desde la “institucionalización” a la que se apega el intelectual mexicano, el desarrollo de “una carrera” consecuencia de esta, hasta la sequia espiritual de las generaciones pasadas respecto a la creación. No disiento de estos puntos, al contrario, soy uno más de los que están de acuerdo con estos señalamientos. Y creo, que esto es un problema muy subjetivo. En mi caso, yo achacaría la culpa de los males a las escuelas de ciertos autores y nada más. Sin embargo, me llama la atención los ánimos que se levantan por encima de todo respeto al localismo de lo señalado. Si bien, el contexto en que no estamos desarrollando al ser una nueva generación de creadores esta viciado, no es una rareza en el panorama de la poesía mundial. Siempre existe este caso, y lo que se debe de hacer es romper con estas ataduras del medio. Esto es una frase bastante insulsa si simplemente se dice y no se llega a desarrollar. El problema reside en ver si aquellos a los que les afecta esto están dispuestos a poner de su parte para que haya un cambio. Hay distintas maneras de observar que es lo que sucede, y hay distintas opiniones sobre lo que se debe hacer. Desde mi punto de vista, como creador, el estado de la poesía mexicana, de la narrativa y de la crítica es un problema menor debido al localismo que se le quiere imprimir. A mí, al menos, no me inflama tanto los ánimos. Por esta afirmación, he de pasar por poco más que un nihilista, más no es así. Yo no creo que la literatura, y en este caso, la poesía que desde mi parecer va más allá de entre los géneros literarios, tenga que encasillarse en “localismos” (sí, otra vez la mentada palabra), sino que como toda creación humana es inherentemente universal y de la importancia de todos los hombres. Creo que nos enfocamos en este punto más por como puede afectarnos a nosotros, como escritores que se desarrollan en un contexto político, cultural, económico y social, que a como puede afectar a la obra, que es lo importante. No digo que haya que desentenderse de esto y dejar las cosas como están, sino que el peso que se le da es, a mi parecer, excesivo. Mientras un escritor tenga en cuenta que la creación es por encima de todo a lo que debe de estar sujeto, podrá entender desde que punto es una limitación ceñirse a ciertos esquemas del tipo ideológico. ¿Hablamos del nacionalismo implícito que debe tener una obra o de la sinceridad y la ética que debe de seguir un creador respecto a esta? Creo que algunos de nosotros hemos tenido la oportunidad de acercarnos a las obras de ciertos escritores de nuestra generación que no son mexicanos y no por eso hacemos menos su obra ni creamos una discusión sobre que “literatura nacional es mejor. Y es debido a que la obra de estos escritores tiene un carácter universal, como debe de aspirar a tener la nuestra. Como escritores mexicanos, debemos de aspirar a no encerrarnos en nuestro medio sociocultural, sino a que este propio medio se vea representado en la obra no solo como un tapiz restringido de una nación sino como un tapiz del ser humano, que por tanto es universal. Eso de encasillarse en literaturas nacionales se me hace una puerilidad. Es verdad, los creadores han logrado hacer una sequia de su obra y deja mucho que desear, pero también señalamos que hay excepciones y que si esas excepciones no son tan conocidas o acaso son silenciadas no significa que todo este perdido. Si, hay una sensación de que falta algo, pero no creo que con restringir el problema a algo local sea la solución. Y creo que hay que abrir puertas y ventanas, y no solo decir que la poesía mexicana esta jodida, sino admitir que en dado caso, si nos queremos encasillar en eso términos, hay que decir que también la poesía chilena esta jodida, que la poesía peruana esta jodida, que la poesía estadounidense esta jodida como la poesía española, checa o italiana. Y si están jodidas es porque un grupo trata de encasillarlas en esto, porque hay una falta de comunicación entre los poetas. Una literatura nacional empequeñece por sobre todo a la obra. Sé que hay un dialogo entre poetas de países diferente, y que este dialogo es amistoso y crea raíces. No se interpolan las cualidades de una literatura con otra por su nacionalidad u origen, sino que se hermanan gracias a las cualidades universales que tienen. No es decir que Octavio Paz es para los mexicanos, como T.S. Eliot para los estadounidenses o ingleses, o Vallejo para los peruanos. Ya sea Paz, los contemporáneos, los estridentistas o Mario Santiago, es por las cualidades de su obra, que no simplemente son para México, sino para el mundo. O bien, me he ido para otro lado y los temas que trato no son a los que se refieren, o es que estamos confundiendo el medio y sus vicios con otra cosa. Si hay una queja de esto y una molestia, somos nosotros los que debemos de modificar nuestras miras y hacer el trabajo que no se ha hecho. En nosotros reside parte de la culpa, y parte de la solución, y es una frase bastante trillada y desgastada como las quejas. Lo que tenemos que ponernos a hacer es a trabajar. Y bien, si no entendí bien de que va el asunto y por otra parte he caído en contradicciones y tautologías es un síntoma de la enfermedad.

***

Se discute mucho de que existe una tradición que se trata de encasillar como local, y si lo que se debe de hacer es romper con ella o continuarla. Y también se habla de si acaso se debe de efectuar alguna de estas dos acciones a través de una vanguardia. Pero esto es una reiteración demasiado vieja. Sabemos de varios movimientos de vanguardia, hemos visto efectuarse rupturas o conciliaciones con la tradición y las cosas cambian por solo unos momentos para volver al mismo ciclo. Este tema es tan escatológico que no tendrá fin hasta que el hombre desaparezca de la tierra o bien la literatura y el arte lo hagan antes. Todo tiene fecha de caducidad. Más no se ve lo que es evidente. Un movimiento puede romper con una tradición, pero no por ello liquidarla. Al igual que otro movimiento puede ver que esta este muriendo y pretender resucitarla, conservándola. Declarar la muerte o la agonía de una tradición es mentirse a uno mismo, si ello otorga más “libertad” a unos, o pone las bases para que otros la “continúen” cada quien puede tomarlo a su manera. La verdad es que una tradición no muere por ser tradición, una tradición permanece viva a pesar de que se le declare muerta o agonizante. La tradición seguirá ahí para ver la muerte de las rupturas y conciliaciones y agregarlas acaso a su propio cuerpo, sin que nadie la conserve. Las obras de filósofos y poetas grecolatinos existen como tradición así como las obras de los siglos anteriores, y alimentan a esas rupturas y reconciliaciones, y no por ende muere, sino que se revitaliza y prosigue su vida. Y no solo lo hace para los poetas mexicanos o italianos, sino para cualquiera que se acerca a ella. Encasillar la tradición como un fenómeno nacional es negarla en tanto que una obra vale más si aporta algo a un panorama cultural universal que solo a un solo grupo de individuos que se identifican por ciertos rasgos ideológicos. Vuelvo a lo mismo, sería tonto pensar que la obra de Baudelaire o de Whitman responden solo al beneficio de los franceses o los estadounidenses, y no al mundo entero. Así como si la obra de López Velarde o de Tablada no respondiera a alguien en Sudamérica o en Europa, y solo lo hiciera para México. Ningún escritor esta libre de influencia extranjera. Y dado el caso de verme encasillado en una tradición que sea nacional y tuviera que verme en la encrucijada de preferir esa “tradición nacional” y la obra de Gutiérrez Nájera a la de obra de Mallarme, sin duda me desligaría de esta por irme con la obra de Mallarme.

Una llamada ruptura no ofrece mucho sino la alimentación posible de esta tradición, al igual que una vanguardia. Y si queremos hablar de ejemplos, sobran.

***

Finalmente para terminar de expresar mi punto de vista sobre este debate, viene lo que designe como el último punto y el que tal vez es el más importante por encima de los dos anteriores. Del desarrollo de las ideas que tengamos nosotros depende el cambio de lo anterior. O al menos creo que muchos creen eso. Yo en lo personal, he escuchado varias veces decir parte que pertenecemos a una generación de nuevos creadores que tiene que romper con la monotonía de una generación anterior. De la generación anterior, no sé nada, y esta claro, no sé nada porque no sé que es lo que hicieron y no me interesa saber a ciencia cierta cuales es esa “monotonía” con la que se debe de romper. Este debería ser uno de los síntomas por lo cual existe una “crisis en la poesía mexicana”, la indiferencia respecto a esto, pero no lo veo más que como una posición personal que a algunos de ustedes no les ha de parecer muy correcta. En realidad, si algo me importa en estos momentos, más que lo que se haya hecho es “qué es lo que se va a hacer en estos momentos y de aquí para adelante”. Ese, creo, es el verdadero problema. No cuestionarnos sobre que “hubiera sucedido sí…”, sino pensar que va a suceder si nuestra generación, que esta furiosa y descontenta con lo que sucede dentro de un medio, se pone a trabajar en serio y de pronto vemos florecer esa “gran obra” tras la cual muchos están en búsqueda.

Manuel señala que hay cuatro principales limitaciones dentro de lo que se escribe en el medio (porque creo que no hablamos de una situación general sino solo del medio), situaciones que son bien señalas y en las que vemos el riesgo de caer nosotros. Ese es el gran problema. Y podemos hablar largo y tendido respeto a esto. La primera es la actitud del autor, que, yo concebiría desde la esfera de la creación más que desde la esfera de su posición al respecto. No creo que un artista se tenga que comprometer con algo más que con lo que hace. Por lo tanto, estamos hablando de qué es lo que sucede con aquellos quienes no se han comprometido a asentar un cambio respecto a los temas y la manera en la que escriben, de la mediocridad en la que se alienan, más no de la indiferencia, la poca preocupación que tenga el autor respecto a sus compromisos personales o la percepción ética y estética de este. La posición que toma al respecto Yaxkin de el tema es ambivalente: por una parte, crítica de una manera que a mí me parece romántica la posición ética y estética que ve en algunos, y por otra, exalta lo que debería ser el espíritu del verdadero poeta como profeta y visionario, actitud que comparto. Pero no estoy de acuerdo respecto a la afirmación de que “reírse de la cara de alguien sea como reírse de un poema”. Reírse de la cara de alguien simplemente eso, más no de su trabajo. Un pequeño desliz de alguien, nada más y sin ser mal intencionado. Yo me puedo reír de la cara de estreñidos que tenían Novo y Paz, o de la cara de teporocho que tiene Paspaquiaro, o de la pelona de Betanzos, ok, sé que no es una posición muy correcta, y se que en este caso es intencionado. Ok. Pero no puedo reírme de su obra si no la conozco, a menos de que esta sea la intención del poeta, que la obra no sea tomada tan en serio, y por lo tanto no caer en una posición invalida. La posición desde la que se hace una crítica a la obra es personal. Ya Eduardo habla de cual debería ser la posición de el autor, que para él, debe tender a ser una persona humilde y ética, pero no precisamente por eso creo que una obra mejore o deba ser tomada en mayor estima. Hay escritores muy buenos que no eran precisamente lo que se dice buenas personas y no por eso su obra se ve afectada respecto a la calidad. Eduardo dice que su afirmación va por otra parte y me gustaría saberla. Hay escritores malos y buenos independientemente de su personalidad o los prejuicios que tenga, no hay que negarlo, más creo que se debe de apreciar la labor de estos, no dándole tanta importancia a la calidad ya subidos en el tren de la creación, y de este punto de vista.

Del apego institucional se puede hablar igual largamente, pero no me interesa tanto. Este problema a mí no me afecta en mucho desde la posición de creador, como ya lo he dicho, donde debe imperar el apego al trabajo propio más que los intereses hacia los resultados que este pueda dar. Si algunos quieren seguir este esquema creo que es muy valido y están en todo su derecho de proseguir con las mafias de la cultura oficial. La posición qué sé que la mayoría tienen es la de un desapego hacia esta actitud, la de un rechazo hacia el oficialismo y yo solo puedo celebrarla ante la empatía que tengo con esta. Pero sé que el problema va por otro lado, por el lado de la marginación que causa un oficialismo cultural. Pero dicho lo primero, y resaltando lo segundo veo una coincidencia. Por una parte están los que no se quieren apegar a esto, y por otra esta la institución que nunca los llamara a formar parte de sus filas, marginándolos. Bien, el problema real es que ante la marginación en que se encierra el creador y la que aplica el aparato institucional, el fruto de sus esfuerzos se ve rezagado hacia la oscuridad, hacia no ser conocido. En este punto entra el papel del lector, que es el que debe rescatar la obra de ese destino, y también la labor del poeta, que no importando la manera en la que lo haga, tiene que dar a conocer su obra. Pero si la obra no es bien apreciada que sucede. ¿El prejuicio que se tiene hacia la obra es acaso consecuencia de la marginalización de un sistema? Depende de cómo se quiera ver. Si lo vemos como una consecuencia de la marginalización que ejerce el oficialismo hacia todos los que están en su contra, caemos en una contradicción si lo que queremos es que la obra sea para el público en general y no para un sistema elitista que de gestos de aprobación o de rechazo. Si al público en general no le agrada y por el contrario el oficialismo le da un espaldarazo a una obra que trata de ser exquisita, el problema es del autor. Si como dice Yaxkin la poeta tiene que ser el profeta, visionario y místico que en la antigüedad hacia que la gente común se conectara con lo sagrado, es este el que tiene que hacer lo posible porque su trabajo cree esa conexión con la gente, de la manera en la que señala lo hacen ciertas ficciones que se quedan en el público, y no por un sistema elitista que impone un status de calidad. Retomare lo que dice Manuel, debe de crear una cosmogonía con la palabra, pues esa es su razón de ser. Y debe de comunicarlo con el mundo, que esto no sea un secreto a voces de unos pocos, sino ese vinculo perdido del que todos se quejan. Es el poeta el que debe de salir a las calles para difundir su palabra y no buscar que otros lo hagan. No dejarlo solo en la palabra escrita, y dejar que muera, aunque por otra parte yo tengo la opinión de que uno nunca termina un libro de poesía, uno nunca lo cierra por completo porque es interminable, uno siempre volverá a esos poemas si es que adquieren una significación en su vida. La poesía es una cosa viva, y si alguien proclama que algo que esta muerto es poesía es más que una mera falacia. De aquí en adelante, creo que es una de las cosas que debemos tener en cuenta nosotros como jóvenes creadores siempre, aunque esta visión mía sea muy romántica y cursi, es a lo que nos debemos de enfrentar porque si bien hay personas que vienen hacia el descubrimiento, hay muchas otras que no pueden y se les debe de llevar. Si queremos operar este cambio no basta con discernir acerca del asunto sino poner manos a la obra y no dejarse llevar por ciertas opiniones maliciosas y ciertos gestos que se confunden.

Y bueno, del hermetismo de grupo. Es una cuestión difícil pues formamos parte de grupos hermanados por coincidencias. En todo grupo hay un grado de hermetismo, la cosa es no hacer que este se expanda hasta cerrarse por completo, ni dejar que otros lo hagan marginándolo. Otra vez, lo reiteraré, creo que todo es un problema del medio. Hay que volarle la tapa de los sesos a la cultura oficial como decían los infras y no dejarse humillar por las acciones que puedan ejercer otros, resistir a los ataques y tampoco ir marcha atrás respecto a los esfuerzos que hacemos. No llegar a malentendidos entre nosotros y así separarnos por las diferencias que puedan existir, sino que estas diferencias sean un motivo más para estar al pie del cañón. Si somos realmente un parteaguas en lo que algunos ven como un medio estéril y una crisis, hay que actuar al respecto y no cancelar los esfuerzos. Eduardo dice que el problema actual es que se tiene libertad para elegir, más no para crear opciones. Creo que hay que empezar a crearlas. Finalmente, es todo lo que puedo decir al respecto.

***

Recapitulación personal:

Si bien, he intentado ser claro y humilde con estas palabras, creo que recaigo mucho en ciertas reiteraciones. También he querido tratar de ser lo más objetivo que puedo, pero veo que en este caso no he tenido buenos resultados. Creo que concierne a todos más que debatir, hacer algo y esta ha sido una de mis reiteraciones. No encasillarse en categorías sino ampliar el dialogo entre nosotros, y este es un ejercicio que estamos haciendo, esperando que de frutos. Esto es solo mi opinión personal.


Apunto:

Cierto es que parece que hemos revocado hasta cierto punto a la gata. Pero donde el dice tautologías, yo diría que hay acuerdos. Una extraña forma de llegar a ellos, sí. Pero acuerdos. En cuanto a la tradición, bueno, creo que ya hemos dicho suficiente. Quizá ese tema esté "superado" momentáneamente. Como dice Roberto, ahora nos toca avanzar hacia nosotros.

En cuanto a la cuestión de mercados. Tengo que recalcarlo una vez más: el libro es un producto cultural. Y debemos recordar que la poesía sí ha sido reelevante en el mercado, tuvo un lugar y lo perdió. Tuvo una recepción que ya no es igual. Recordemos: el Matín Fierro fue un bestseller de su tiempo, con decenas de miles de libros vendidos. Y aquí el chiste: eso significa que lo leyeron muchas más personas. La poesía se leía y si alguien compraba un libro lo oían otros diez como mínimo.

Y, sobre la moral del escritor lo vuelvo a decir: Creo que la figura del poeta maldito tenía validez cuando de lo que se trataba era de desafiar la forma de vida burguesa imperante. Ahora el poeta maldito es una figura burguesa, suavizada y que es el pretexto perfecto para la falta de aspiraciones. Si el poeta siente que debe ir a favor de otra forma de hacer las cosas poco le servirá usar las formas que justamente quiere superar.

Creo que es tiempo de que haga mi propia recapitulación: 1) Tal vez no venga al caso, pero por si las dudas: A mí me gusta mucho la poesía mexicana, pero sí creo que está en crisis, que no es lo mismo que parálisis o enfermedad o agonía. Para mí, despues de José Emilio Pacheco, que es el más grande poeta que se ha dado en este país y nos daremos cuenta en 50 años cuando Deniz pase de moda y Paz de verdad muera junto con sus gatos, no hay nada seguro. 2) Toda rebelión, hoy en día, será personal en primer grado. 3) La moral del escritor, en lo perosonal, importa. 4) Mal manejo de la industria (y no lo digo por cuetione económicas, lo digo por los lectores. Sí hubo antes y hay que recuperarlos, y si no los hubo hay que hacerlos. 5) El poeta actual es una caricatura de poeta. Basicamente, soberbio e ingnorante, y, el verdadero problema, no le molesta ser así. 6) No estamos en tiempos de crisis; estamos en tiempos de oportunidades y debemos hacer nuestra chamba. 7) Todo esto refleja los problema, no de nuestra poesía joven, sino de toda una generación. 8) Pase lo que pase, la poesía seguirá ahí. No la podremos destruir ni crear. Sólo se puede reiterar. Nosotros también podemos reiterar la poesía.


Si alguien está interesado en seguir esta discusión o saber qué pasó antes, le pido consulte los anteriores post de este blog.

1 comentario:

maquinadeescribir dijo...

qué bueno que te gustó el blog. tú tienes muchas cosas, que aún no acabo de leer. me daré tiempo en estos días para eso, y me interesa el asunto de esta discusión de la poesía -yo participo poco, pero lo hago cuando me interesa de veras. por lo pronto, antes de leer toda la discusión, quería corresponderte el saludo, eduardo.

estamos en contacto

-rodrigo.