11 feb. 2012

All your life you were only waiting for this moment

Desperté a las 6 de la mañana luego de haber dormido solamente tres horas. Acudí a la escuela, trabajé, cumplí compromisos, cancelé otros. Sin darme cuenta, hacia las 8 de la noche estaba en medio de dos emergencias simultáneas: Mientras acompañaba a un amigo al hospital, me enteraba de la emergencia de un familiar en otro hospital. Demasiadas cosas para un sólo día; demasiadas cosas para éste preciso día. Pero tuve que sobreponerme y atender las emergencias y disimular muy bien la sensatez necesaria para salir airado. Ninguna de las dos situaciones en realidad se han resuelto, pero al menos se han estabilizado. Y no estoy preocupado: estoy sumamente ocupado. Me permito esta pausa únicamente para sopesar la jornada, sabiendo que en unas horas tendré que despertar y enfrentar lo mismo. 

A las 3 de la mañana regresaba a casa abatido. Dos llamadas telefónicas me sostuvieron de pie. La primera me dio aliento para sobrevivir la calamidad; la segunda me explicó que había sobrevivido. A las 3 de la mañana terminaba el día más largo de mi vida. En la cabeza formulé dos verdades, ignoro si trágicas, pero al menos sí irrefutables: 1) Tarde o temprano uno adquiere responsabilidades. 2) Incluso haciendo bien las cosas, éstas pueden salir mal. Hasta ahora nada ha salido mal, pero sé que puede suceder y que de suceder al menos debo tener claro que hice mi parte y eso es lo único que importa.

Necesitaba escuchar una voz sabia. Antes de lo que supuse un derrumbe, llamé a mi padre. Le conté del día; de la presión, de la obligación de atender los imprevistos, de las tareas que me esperan. Ya con calma, mencioné la serie de alegrías que tuve en la semana y que me permitieron no ceder esta noche. Una vez que me tranquilizó y me dio a entender que lo peor había pasado, le dije que nunca había tenido un día así en mi vida. Él me respondió: "Entonces deberías apuntar esta fecha porque hoy te hiciste adulto." 

Un 10 de febrero del 2012, a mis 23 años, me convertí en un adulto. Supongo debo estar feliz de que alguien me lo haya dicho. Un 10 de febrero en que un amigo que no veía desde hace años me dijo "ya manejas muy bien, perdiste el miedo". Él se refería al coche; yo quiero pensar que hablaba de mi vida. Porque este día lo veía venir desde años y nunca supe si estaría listo o no. Hoy sucedió y creo que lo he hecho bien. Creo que puedo irme a dormir tranquilo de haber cumplido en el momento que había esperado siempre y que llegó de forma inesperada. 

Mi padre agregó: "Ahora imagina lo que viene: vendrán días iguales con los mismos problemas y llegarás a casa y habrá otros y un día te harás viejo y descubrirás que los hechos históricos que habían pasado hacía 100 años cuando eras joven ya cumplieron 150 años o más y ese mismo día tu hijo te llamará por teléfono a las 3 de la mañana, te contará su problemas y te darás cuenta que ya es un adulto".

Blackbird singing in the dead of night
Take these broken wheels and learn to drive



P.D. Siempre que pienso en "blackbirds" pienso en zanates, es decir en pichos.

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