1 abr. 2009

Te quise mucho CD (despedida anticipada)

Sé que los que leen esto y me conocen y han ido a mi casa (que supongo son casi todos los que leen esto) ya lo saben: Aborrezco el MP3; en cambio, soy legionario del Disco Compacto. Así como con los libros, no tengo todos los discos que quisiera, ni quiero todos los discos (libros) que tengo. Los últimos cálculos, de hace unos segundos, son de 146 discos. Son bastante pocos, obviamente. No incluyo los pirata, por supuesto. Ahí se encuentran desde un disco de Cri-Cri, que fue mi primera adquisición allá en mi infancia (sólo así se justifica su presencia), hasta uno de Weezer que fue el último agregado.

No tengo todos los que desearía, como, por ejemplo, todos los de los Beatles o todos los de Bach, o uno solo de Julián Carrillo. Pero de los que tengo y que no quiero los conservo por una razón: En algún momento fueron de mi agrado y afecto. Muchos son los discos que sólo escucho para recordar algo en específico y no tanto porque me guste alguna canción. Muchos son, también, los que me gustan más ahora que cuando los compre: uno de Dvorak, por ejemplo, que sólo lo compré porque tenía que escucharlo para una clase de Teoría Musical. También los hay algunos que no creo que me dejen de gustar. Y no me refiriero sólo a los de Radiohead, sino a el Hello Nasty de los Beastie Boys, el White Pony de Deftones, o el Diablito de Caifanes.

En resumen (y creo que esto lo debí decir desde un principio): más que en mis libros (pues muchos, además, son robados de bibliotecas de familiares, jejeje), es en mis discos donde mi vida se va guardando. En un disco compilatorio horrible de NOW! fue donde escuché por primera vez mi canción favorita "High and Dry", hace once años. Fue en un anuncio de Mac donde escuché por primera vez "Sunburn" de Muse y en casa de mis abuelos, por parte de mi tío Ulises, donde escuché con seis o siete años "La ingrata", "Nos vamos juntos" y "Whish You Were Here". Excepto por Muse, todo ocurrió en Disco Compacto. La radio no ha sido tan importante en mi vida. Lo importante, en tal caso, fue MTV. Y todo se iba guardando en CD. Claro, hablo sólo de una parte de mi vida. De ahora en adelante todo es internet. Pero incluso lo que ocurre en internet es con miras a guardarse en CD. Pero, y he aquí el asunto, tal vez ya no haya más CD dentro de poco.

Leo en la Jornada, en la columna de Alonso Arreola, sobre cómo desapareció la última gran cadena de discos, Virgin Records. Como bien apunta el autor, antes desapareció Tower Records.
Ahora Virgin cierra, con grandes descuentos, claro, pero también con mucha tristeza para los que sentíamos afecto por el formato. Por supuesto MixUp seguirá ahí. Sin embargo no creo que dure mucho.

En buena medida el problema estriba en que no es reemplazado por un formato mejor. No. Sino por uno muchísimo más inferior: el MP3. Las bondades del MP3 son muchas y es claro que ha cambiado y seguirá cambiando la música en todos sus aspectos. Pero falla en lo básico, falla en lo único que no debería fallar: el sonido. Pues, aceptémoslo, no se escucha igual. De por sí fue grave el debacle del Vynil al CD, el asunto es peor aún del CD al MP3. Extraña paradoja: mejora la tecnología, empeora la calidad del sonido. Qué más daría que mi fetichismo por los discos no siga siendo viable si de menos fuera por algo mejor. Para colmo el MP3 siempre se puede perder, borrar. Y lo hace, de hecho, más seguido de lo que quisiera.

Alguien me dijo, cierta vez cuando le comentaba mi resentimiento por el MP3, que no tenía nada de qué quejarme. 1, porque así me tocó (sic) (¿eso es un argumento?). 2, porque con mi banda las canciones salen (o salían, ya no sé bien cómo está eso) por Myspace y mi único libro sólo está en internet. Sí, de acuerdo, pero no porque yo quisiera. El MP3 y el PDF son los formatos que están a mi alcance y nada más. Prefiero el CD y el libro común.

Afortunadamente el formato no es exactamente lo mismo que la forma, así que no cambia el fondo. Hasta cierto punto, la obra, el fondo/forma, no le debe mucho al formato. O incluso puede deberselo, pero lo que no depende del formato es la calidad: los Beatles seguirán siendo los Beatles, en CD o no. De modo que extrañaré el Disco Compacto, que en México no creo que desaparezca tan rápido como parece estar haciéndolo en E.E.U.U., así que me quedan buenos años de audio de calidad. Y aunque desapareciera todo, sé, me las ingeniaría para guardar mi vida en cualquier parte, hasta en el papel higiénico y el sonido de los timbres y las campanas, en las servilletas usadas, las cajas de cerillos vacías y (¿por qué no?) mi memoria.

Mejor les dejo un buen video de cómo pasan las familias islandesas sus domingos: esuchando Sigur Ros, poca cosa:

4 comentarios:

Cronos dijo...

Este post me recuerda tanto a Steven Wilson. Además de ser un gran músico tiene un odio muy particular por los iPod y los MP3 por las mismas razones que mencionas: simplemente se escucha mal. Las canciones llegan a más gente por medio del internet, pero se ha logrado que el escuchar la música sea un acto banal.

http://www.youtube.com/watch?v=06JWDLTx4l0

costa sin mar dijo...

y la reseña de radiohead?

una risa retardada: esa mamada de don David Huerta, qué?

edegortari dijo...

Cronos: creo que diste en el mero clavo, el acto de escuchar música, por sí solo, se ha vuelto banal. Muy bueno el video, por cierto.

Costa: la reseña de Radiohead la saco en estos días. Supongo que antes de que termine la semana estará disponible en Punto en Línea. De todos modos la postearé aquí. Y de Huerta, pues el hombre se lo merece. Jejeje.

Nayeli García dijo...
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