11 dic. 2012

¿Qué fue primero: la música o la tristeza?

Hay canciones que he escuchado por término medio al menos una vez por semana (trescientas veces el primer mes y después de vez en cuando) desde que tenía dieciséis, diecinueve o veintiún años. ¿Cómo no va  a dejarte eso magullado por algún sitio? ¿Cómo no te va a convertir eso en una persona fácilmente rompible en mil trocitos, cuando tu primer amor se va al garete? ¿Qué fue primero: la música o la tristeza? ¿Me dio por escuchar música porque estaba triste? ¿O es que estaba triste porque escuchaba música? ¿No te convierten todos esos discos en una persona de tendencia melancólica?

Hay quien se preocupa, y mucho, de que los niños pequeños jueguen con armas de fuego, de que los adolescentes vena videos en los que la violencia es moneda corriente; nos da miedo que esa especie de cultura de la violencia termine por tragárselos. A nadie le preocupa en cambio que los niños escuchen miles, literalmente miles de canciones que tratan siempre de corazones destrozados, de rechazos y abandonos, de dolor, tristeza, pérdida. Las personas más desgracias que he conocido, románticamente hablando, son las que tienen un desarrollado gusto por la música pop. Y no sé si la música pop es la causante de esta infelicidad, pero sí tengo muy claro que han escuchado esas canciones desde hace más tiempo del que llevan viviendo una vida más o menos infeliz. Así de claro.

Nick Hornby, Alta fidelidad, Anagrama, p. 36

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