30 ene. 2011

Un nuevo sonido callejero

Me inagino, creo, supongo, que éste año será un buen año para Calle 13, sin duda el mejor grupo de rock de Latinoamérica en este momento. Sí, de rock. Contrario a lo que muchos creen, el rock no es un género que determine a sus exponentes por el tipo de música que tocan: la filiación al rock tiene que ver más con simpatías y hermandades culturales que solamente con la definición de un género musical. En el rock lo extra-musical es tan importante como la música: ¿De qué otro modo se explica que Beirut tenga sus discos a lado de Broken Social Scene y no de Putumayo en el MixUp?

Calle 13 es un grupo que a los oídos de muchos toca reguetton, un género que empezaron tocando por exigencias comerciales hasta que, gracias el éxito y el encuentro con sus verdaderos escuchas, lo pudieron abandonar para moverse en terriotorios donde sí pertenecen. Desgraciadamente no falta aquel que en una fiesta cuando otro más pone "Que lloren" dice: "Son los de Atrévete-te: que asco": Un defecto de los aficionados de hueso colorado al rock es que es fácil moverse al bando de los fascistas radiofónicos. Sin embargo Calle 13 ha apelado a los valores del rock ligado a la crítica política y la irreverencia (la verdadera) par acreditarse entre sus iguales. Ahora, el valuarte del rock en español no está en guitarras eléctricas sino en beats de Hip-Hop y sonidos latinos con muchas rimas.

Sobran las razones que los han peusto en ese sitio. La primera y más importante es que es un grupo de calidad: sus letras y su música alcanza el mismo grado de excelencia y naturalidad, calidad y dinamismo. Basta con escuchar la letra de "No hay nadie como tú" con Café Tacvba para darse cuenta de que ellos merecen una beca del Fonca en literatura: "Hay tanques de oxígeno y tanques guerra". Mil veces superiores a una multitud de poetas jóvenes y grupos de rock un poco vacío que pulula gracias a la última proliferación del indie, sus letras no sólo hablan de cosas concretas que sí pueden conectar con un público amplio, sino que además lo hacen con una extraña (por no decir violenta) sutileza que revela no sólo un dominio brutal del lenguaje, sino una serie de motivaciones políticas que ya nadie acuña como propias.

Como dicen ellos mismos en "Siempre digo lo que pienso": "Rimando con franqueza soy todo un académico/soy más polémico que Michael Jackson y su médico." Y luego agrega en el mismo track un mensaje para sus enemigos reguettoneros: "La envidia los bloquea:/ tuvo que venir un rockero a darle clases de cómo se rapea."

Entren los que quieran, su más reciente disco, es un disco de altas dosis de letras políticas y rap que no veíamos desde (y me acuerdo ahora de una entrada pasada en este blog) Molotov. Calle 13 ha logrado reemplazar al grupo defeño sin que nadie lo ponga en duda, aunque la mayoría aún no se ha dado cuenta. Esto último en México quizás se deba a que Calle 13 no ha creado un himno a la medida de nuestro país como "GImmie The Power" porque, claro, son de Puerto Rico.

Lo más curioso es que Calle 13 presumió su nueva estafeta de forma involuntaria con el primer sencillo de Entren los que quieran: "Calma Pueblo". Para empezar hicieron una colaboración con el mejor guitarrista que habla español: Omar Rodriguez. Sin proponérselo construyeron una canción de rap-metal al más puro estilo de Rage que abría con la frase "Mi disquera no es Sony/mi disquera es la gente". Luego hicieron un video altamente censurable y violá: el nuevo mejor grupo de habla hispana entró en escena. De paso le tiraron a todo mundo en esos versos. A los grupos de pop payoleros por ejemplo:

¿A ti te ofende lo que escribo?
A mi me ofende tu playback,
que estés doblando en vivo.
A mi ofende cuando tu sobornas a la radio
con plata, con dinero pa' que te suenen a diario.
Ni siquiera los Beatles tenían cuatro canciones
sonando al mismo tiempo en las radio-estaciones.
Esto lo puede ver hasta un bizco:
Tú vendes porque tu mismo te compras tus propio disco.




(Y lo más importante de la estrofa:¿Notaron la referecia a los Beatles?)
Y además lanzaron a sus críticos una bomba de lo que es rectitud en medio del comercio musical: una ética musical:

Yo uso al enemigo, a mi nadie me controla:
Les tiro duro a los gringos y me auspicia Coca Cola.
De la canasta de fruta soy la única podrida:
Adidas no me usa, yo estoy usando Adidas.
Mi estrategia es diferente, por la salida entro:
Me infiltro en el sistema y exploto desde adentro.
Todo lo que les digo, es como el Aikido:
Uso a mi favor la fuerza del enemigo.


Entren los que quieran es un disco político como no se había hecho en años en todo el continente. Pero ocurre que la política en Latinoamérica es un poco complicada últimamente: ya no sólo se trata de si Chavez está loco o si en México los mexicanos son tan pendejos que permiten que cualquiera los gobierne, o si Estados Unidos es el supuesto enemigo número uno de esta parte del continente. La política, hoy más que nunca, es un acto individual: Si los malos gobernantes están ahí, si los problemas pululan es culpa nuestra. Nadie nos obligo a vivir este mundo. Calle 13 invita a comportarse a la altura de las circuntancias, como un individuo político, el elemento más importante y menos organizado en la ecuación:

Ahora quítate el traje, falda y camiseta.
Despójate de prendas, marcas, etiquetas.
Pa' cambiar al mundo, denuda tu coraje.
La honestidad no tiene ropa ni maquillaje.
No me hablen de carteles ni de los Soprano:
La mafia más grande vive en el Vaticano.
Con el truco de la fé se cogen a la gente,
Se cogen a cualquiera que piense diferente.
A mi no me cogen: yo creo en lo que quiera.
Creo en la gente, creo en mi bandera.
Creo que los que me señalan con el dedo
me tienen miedo porque yo no tengo miedo
.

De todos los tracks de Entren los que quieran, sin duda el más representativo, a lado de "Calma Pueblo" es "La bala". Una disección de la realidad de muchos lugares en el mundo (inlcuyendo, ay, a México). Para Calle 13 importan las razones y las consecuencias: importa la herida pero también la razón que apretó el gatillo: importa que la vida, como siempre, importa muy poco. El diálogo, la política donde no median las armas, la eduación, la sociedad: eso también parece importar poco. Pero nosotros lo permitimos.

"La bala" empieza casi como un cuadro, una descripción:

Con un objetivo directo

la bala pasea segura y firme durante su trayecto,
hiriendo de muerte al viento,
máss rápida que el tiempo,
defendiendo cualquier argumento.


y después del primer coro, con música de western macabro continúa el trayecto:

Se escucha un disparo, agarra confianza.

El sonido la persigue pero no la alcanza.
La bala saca sus colmillos de acero
y sin pedir permiso entra por el cuero
,
muerde los tejidos con rabia,
le arranca el pecho a las arterias
para causar hemorragia.
Vuela la sangre, batida de fresa,
salsa boloñesa, sirop de frambuesa:
una cascada de arte contemporáneo
color rojo vivo sale por el cráneo.


Pero todo esto es sólo el dibujo, el esbozo de una imagen tristemente común, una imagen que desgraciadamente se comprueba con abrir cualqueir periódico de este país cualquier día. Lo importante es la tesis que se puede reducir al coro de la canción: "Hay poco dinero, pero hay muchas balas/hay poca comida, pero hay muchas balas/hay poca gente buena, por eso hay muchas balas".

Parece, sólo leyendo la este fragmento que el grupo puertoriqueño nos quiere chamaquear con un razonamiento en teoría tan sencillo, pero no: No sé si recuerden haberlo visto, pero hace muchos años Crhis Rock condujo unos MTV Video Music Awards donde pronunció un chiste que resume toda una teoría sobre el valor de la vida humana en estos tiempos y es chistoso que proviniera de una bemba tan amplia con una voz como de cebra de Madagascar: "Las balas deberían costar $10,000 cada una: imagínense: te empleitas con alguien en el barrio, lo quieres madrear lo quieres matar, pero no puedes porque una bala vale una fortuna incaccesible a un barrio pobre. Entonces sólo amenazarías: te voy a matar, voy a conseguir un trabajo, voy a trabajar duro y cuando ahorre unos $20,000 te los voy a meter por el culo". Bueno algo así postula Calle 13 sólo que en clave de Clint Eastwood:

Sería inaccesible el que alguien te mate
si cada bala costara lo que cuesta un yate.
Tendrías que ahorrar todo tu salario
para ser un mercenario habría que ser millonario.
Pero no es así: se mata por montones:
las balas son igual de baratas que los condones.
Hay poca educación, hay muchos cartuchos:
cuando se lee poco, se dispara mucho.


Pero eso se queda corto con la última estrofa, más afilada que el pensamiento de muchos geniales comentaristas de televisión y de periódicos que conocemos:

Hay quienes asesinan y no dan la cara;
el rico da la orden y el pobre la dispara.
No se necesitan balas para probar un punto:
es lógico: no se puede hablar con un difunto.
El dialogo destruye cualquier situación macabra.
Antes de usar balas disparo con palabras
.

Más que continuar los elogios al gurpo que ya está renovando la música de la región, me interesa ahondar un poco en las razones y las consecuencias de un grupo así. Soy de los que creen que la música no es sólo un divertimento y lo que uno escucha en ella no siempre se echa en saco roto. Acaso sea porque el rock me moldeó así, sin embargo no desestimo el poder de las notas musicales: de alguna forma me tragué el cuento del flautista de Hamelin. Lo sé, pertenezco, aún, al bando de los que creen que la música sirve de algo, no como algunos marxistas pendejos de los sesentas que creían que el rock era un arma de enajenación promovida por el Imperio. Pero los comprendo: estaban enajenados escuchando música (mal llamada) autóctona y música de protesta. Además ellos no puedieron esucchar Rage Agaisnt The Machine y seguro no le pusieron atención a los Beatles. Tampoco soy tan ingenuo como aquel reportero de Gatopardo que tiernamente llamó a Calle 13 "el U2 en español". Digo, él tampoco escuchó Rage Against The Machine.

Creo sólamente hasta donde mi pesimismo, mi cursilería y mi imaginación me lo permiten:

Imagino a los chicos que apenas entran a la preparatoria y necesitan escuchar sus inquietudes políticas y pienso que es una bendición que exista Calle 13. Pienso en los mismos chicos de prepa que aún no entienden la palabra "política" y me parece genial que exista un grupo que pueda prover esa educación tan desestimada desde que Molotov no es lo mismo: la educación en la música de combate. Iguamente pienso en aquellos que crecieron con música así y que ya no encuentran nada en la música actual que los anime a seguir en el camino de esas aspiraciones que se hacen a diario, porque la política es una actitud de todos los días, y me da gusto que exista Calle 13. En mi soundtrack mental de Wikileaks suena Muse y Calle 13. Lo pienso porque, así como los gobernantes, la música también es un reflejo de la sociedad que la propicia y siento que si existe un gurpo Calle 13 (y espero vengan más así) algo estamos haciendo bien. Algo muy pequeño como la poca gente buena que hay, pero algo bueno al fin. Y debemos continuar.




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