23 sep. 2009

Como la lluvia

Como se habrán enterado en las noticias, el Heroico Río Magdalena (el único vivo en esta ciudad que no lo merece y que sirvió de inspiración a Juventino Rosas para crear el "Vals sobre las olas") ayer cometió la irresponsabilidad de desbordarse en varios puntos de su recorrido. 22 coches perdidos, además de calles y casas inundadas.

Como algunos de ustedes sabrán, tengo la dicha de vivir cerca de su cauce. Como supondrán he tenido problemas por ello. Durante esta época de lluvias en cuatro ocasiones, mientras llovía, el agua intentó adueñarse de la casa abriéndose camino por las coladeras. Era agua blanca, fluvial; olía mal, pero sólo eso. Tímida, sin decisión para adentrarse en los cuartos, controlarla era relativamente fácil. Cansado, oloroso, lento, pero fácil. Sin mayor tragedia. Su último intento sucedió ayer, la encontramos en la coladera del baño. Fue controlada sin complicaciones.

Hoy en la mañana me despertó un grito de mi primo. Pensé que era alguna de esas cosas mínimas que sólo puede expresar gritando: "!ven, gané equis partido del FIFA¡", "!Mira el gol que acabo de meter!,"¡un alacrán!", "¡no hay papel!". Me equivoqué. Al parecer se despertó y acudió al baño aún somnoliento. Mientras orinaba el agua de la taza le pareció más turbia que de costumbre, más espesa, más rápida, más café. "¿Debería ir al urólogo?", pensó confundido. Luego una fuente brotante, un geiser en mi baño. Luego en las coladeras, en todas partes. Cuando abrí la puerta de mi cuarto un río de agua de caño, café, espesa, rápida y olorosa, entraba audazmente a la casa como un ejército victorioso. Después de varios intentos fallidos en versión fluvial, tan de guerra de guerrillas como cobardes, el agua al fin mostró su carácter incontrolable, indomable y, sobre todo, indiferente a lo que encuentra a su paso.

Una revolución se gestaba en la casa y yo apenas alcancé a ponerme los tenis que uso en estas ocasiones: altos, sucios, dignos a morir en la batalla por el equilibrio de las fueras naturales: sólo los uso cuando mansamente se inunda la casa o cuando limpio algo meriotorio de la mugre. Mi primo no corrió la misma suerte: descalzo, a su alcance unicamente encontró las patas de una cama sin cama. Eran tres, y, en un extraño vals, iba colocando frente a él (sobre las olas) la tercera pata, daba un paso y delante ponía, con ayuda de un palo de escoba, la pata rezagada y así sucesivamente. Pasé indiferente a su lado; él apenas había descubierto el sistema de rodillos cuando yo gozaba la tecnología de las altas y secas suelas de hule.

El agua lo cubrió todo. Había que ocuparse en el resguardo de la población privilegiada: sacar las guitarras, el amplificador, los libros en mi cuarto (en especial aquella primera edición de Morirás lejos de José Emilio Pacheco), la ropa para ese día, las películas, la tarea. Heroicamente la mujer que nos ayuda en el aseo (de menos la tragedia ocurrió el día en que nos visita) sacaba el agua con una escoba. Entre escobasos y el vals de zancos circenses tomé dinero, el celular, las llaves y así, en pillama, a llamarle a mi madre; uno debe informar con tiempo al gobierno federal de las catástrofes caseras.

Horas más tarde el agua había cedido. Pero todo seguía mojado, todo seguía oliendo a mierda. El hedor fue (y sigue siendo) invencible ante el embate del clorox, el pinol y el trapeador. Sólo quedó tirar a la basura las bajas, deshacerse de aquellos objetos que tuvieron la mala suerte de estar donde el agua y su fluir insurgente. Horas más tarde las quejas en la delegación, en la comisión de agua y saneamiento. Prometieron venir mañana para desasolvar, cuando debieron venir hace meses a controlar la rebelión latente.

He aquí que me encuentro en el piso de mi madre, derrotado, sin poder acudir a mi sotano en cuarentena. El olor es insoportable, nauseabundo. Veo las noticias, los coches que el río se llevó, las casas que inundó. Mis tragedias son menores y eso me reconforta en cierto modo -aunque no dejo de sentirme mal por aquellos que sí sufren el agua en este momento. Una alfombra podrida, la baja más importante. Mi primo, con es innata sabiduría popular, exclamó en los peores momentos, cuando afirmé que todo se había ido a la mierda, "no todo se fue a la mierda; la mierda se fue a todo".

Disfruto la sequedad a mis anchas en este momento, disfruto la humedad si se me antoja, como debe de ser o como queremos que sea para nosotros que vivimos donde hubo un lago, donde la naturaleza siente que sigue un lago vivo. Y esto afecta incluso a los que habitamos los cerros: "Me valen las lluvias: vivo en una subida", decía antes con tanta confianza que me avergüenza. Sin embargo, com dije, mis tragedias son menores; algunos perdieron el coche, otros la casa. No tengo nada de qué qujarme. Bueno, sí, puedo quejarme del olor. Porque, como escribió Pacheco en su genial último libro, todo se va como la lluvia. Pero ah cómo apesta a mierda cuando se larga.

18 sep. 2009

13 sep. 2009

Muse: ridículamente geniales

Y si todo esto no fuera monstruoso, ¿no sería soberanamente ridículo?
Tita Valencia

La ciencia-ficción fue un género fundamental para la crítica política dentro de la literatura y el cine en el Siglo XX. Suena raro si se enuncia de golpe, pero deja de serlo si nos ubicamos en la Guerra Fría, por ejemplo, y pensamos en la sensación que causaba leer en aquel tiempo 1984, Un mundo feliz o Fahrenheit 451. En ese momento todo, políticamente hablando, era posible. Incluso las páginas más perversas o increibles de estos libros resultaban extrañamente familiares para los lectores. Todo era posible, sí, aunque el feliz término de las confrontaciones era, muy seguido, más fantástico que los mundos insertos en los libros de Orwell o Bradbury.

Esos libros sirvieron al momento de su aparición para vislumbrar o adevertir futuros capaces de ocurrir; cualquier final trágico era probable a los ojos de muchas personas y, en el peor de los casos, inminente. Hoy sirven para cotejar el presente con aquellas realidades: qué estuvo a punto de ocurrir, qué ocurrió, qué es familiar aún, qué fue evitado. Es claro que estas novelas seguirán ostentando el dote de parecer proféticas, pero su vigencia se ciñe a su capacidad de descifrar los tiempos actuales, ya que (recordemos lo obvio) nosotros, año 2009, somos el futuro en relación al año de 1948. Al situarse en espacios y tiempos imaginarios por completo, esta vigencia de la ciencia ficción es más fuerte que la de algunas obras políticas realistas; éstas últimas peligran en la capacidad de relacionarse con la realidad del lector al tener los pies bien puestos en la Historia. Es decir, mientras la ciencia ficción parece tener inagotables maneras de leer el futuro (por más rebasado que éste parezca), la literatura basada en hechos históricos, a los ojos de algunos lectores, sólo es capaz de leer el pasado: horóscopo secular versus situaciones y contextos sumamente vigorosos, increiblemente atroces, pero caducos.

Ahora bien, esta larga introducción era sólo para contextualizar el último disco de Muse: banda que, por no abandonar cierta ingenua teatralidad y el regocijo de cantar sobre teorías de la conspiración, siempre ha parecido un tanto ridícula. No lo niego y lo repito: son ridículos. Lo dejaron muy claro con su anterior disco, Black Holes And Revelations: once canciones de épica apocaplíptica espacial: el soundtrack perfecto para cualquier película que verse sobre el fin del mundo. Ridículos, efectivamente, pero también geniales: ¿Qué grupo en los últimos diez años dentro del mainstream ha logrado generar un discurso político digno en sus discos sin parecer, a los oídos del gran público, difíciles de entender en ese nivel de lectura (Radiohead), incapaces de rebasar la moda donde se generaron (System of a Down), demasiado "violentos" y con causas muy particulares y precisas (Rage Against The Machine), con poca credibilidad (Coldplay), con visión limitada al pensar que los problemas de su país son los del mundo (Green Day) o simplemente choteados (U2)?

A mi parecer sólo Muse llena el perfil cabalmente. Y es curioso porque este grupo se sirve de muchos elementos (musicales y literarios) de casi todos los grupos anteriormente mencionados.
Sin embargo sus logros van por otro lado: El éxito de Muse para generar un mensaje político es que se basan en la premisa de ser rídiculos: no requieren creedibilidad porque nunca se han sentido ni mostrado como meriotorios de ello y esto los salva de ser, cosa peor, cursis. De hecho sus letras políticas suelen ser, efectivamente, cursis y los lineamientos políticos bastante ambiguos. Pero en este mundo en que ya a casi nadie sorprende una opinión política ser ambiguo y cursi es un acierto; el discurso se vuelve accesible a casi cualquier escucha y éste, ya que la letra es difusa, genera relaciones con el contexto político inmediato o con el mundial sin sorpresas ni baches. A diferencia de lo que pasaba muchas veces con RATM, con Muse no hay que saber mucho del EZLN o del racismo en E.E.U.U. para entenderle o, mejor aún, para apropiarse del discurso: El mensaje de Muse tiene mayor plasticidad (aunque no pierde la esensia): es adaptable y rebasa su nicho sin mayor dificultad que la del idioma.

La clave de todo está en el uso de la ciencia ficción. El nuevo disco de Muse, The Resistance (basado en 1984 de Orwell), ofrece un futuro gobernado por el totalitarismo; no es nada ajeno a la realidad y sin embargo suena inverosímil cuando ellos lo dicen. Esto ocurre porque su postura ante el futuro no es más que un despiste; en realidad hablan del presente. Así como 1984 se escribió a partir de las suposiciones sobre las tendencias a seguir con el socialismo y el capitalismo para leer presente y futuro, el paralelismo de The Resistance yace en nuestra realidad junto a una exageranción brutal de la misma partiendo de las más actuales (y disparatadas) teorías de la conspiración. El mundo que el grupo inglés propone es un espejo de feria donde todo se ve más grande y atroz de lo que en realidad es. Y por supuesto cuando algo se agranda mucho se vuelve (palabra del día) ridículo. Muse es un grupo que piensa que si te dicen que los niños de África se mueren de hambre y que el gobierno de los Estados Unidos es el Cuarto Reich los tomarás por ingenuos; en cambio si te dicen que los extraterrestres quieren gobernar la Tierra y que debes luchar por la supervivencia del género humano tal vez pienses que es mejor preocuparse por la maldad terrícola y porque el buen gobierno empiece en casa.

Tengo dos ejemplos para esto. El primero refiere a dos canciones del nuevo disco, "Resistance" y "MK Ultra". La primera canción habla sobre la relación que en el libro 1984 tienen sus personajes principales, Winston Smith y Julia sellada en el coro por una cursi sentencia: "love is our resistance". Pero si uno toma en cuenta que la situación planteada remite a un búnker secreto, a que es casi seguro que serán encontrados y capturados, qué más te queda, qué puedes hacer: El amor deja de ser un arma invencible; se vuelve un consuelo inservible o una trampa perfecta (como ocurre en el libro, de hecho). Por su parte, "MK Ultra" remite al proyecto homónimo de la CIA donde hacían experimentos para control mental, pero la misma letra encaja muy bien si hablamos de algo más cercano y tangible como el control gubernamental o empresarial sobre medios de comunciación en tantos países. Si checan las letras pueden ver que ninguna de estas conclusiones es forzada o disparatada. Y si bien busca un cierto nivel de lectura, no es difícil que muchos escuchas saquen conclusiones parecidas por su cuenta. Las letras de Muse son mucho más accesibles que las de Radiohead (en cuanto sutilezas estilísticas y referencias literarias) o las de RATM (en cuanto a referencias políticas actuales), pero no tan simplonas como algunas de Green Day o U2.

Por otra parte no olvidemos que Muse tiende a complementar su mensaje con el material audiovisual: en sus conciertos uno no sólo ve decoración con motivos extraterrestres, sino también imagenes y video en las pantallas sobre cosas más mundanas (desastres naturales, represión política, escenas de guerra, etcétera), pero como te dicen que no es en serio lo que dicen (a diferencia de U2) no parece rebuscado, ni ingenuo, ni gastado el discurso: parece complementado.

Cuando parece que Muse exagera o miente, dice la verdad; cuando afirma tener la verdad, miente o exagera a todas luces. Lo digo por mi siguiente y último ejemplo:

Como pueden ver es una imagen contradictoria (por no decir, nuevamente, ridícula). Es la portada del primer sencillo del disco, "Uprising". Y es más extraña si agregamos un fragmento de la letra: "They will stop degrading us/They will not control us/We will be victorious". Esta letra quiere sonar a cualquier cosa que no sea tonta, cursi, risible. ¿Pero qué debe pensar uno con esta imagen? En palabras del vocalista Mattew Bellamy, esta imagen representa a la sociedad actual: tan maleable y con la misma iniciativa que podría tener un osito de peluche. ¿Qué "levantamiento" podría organizar un ejército de osos de peluche? ¿El mismo que nosotros? Es risible la idea, sí, pero no equivocada. Aunque, ¿qué se puede esperar de un grupo cuyo disco más paranoico empieza desmintiendose y haciendo ironía de sí mismo al cantar "The paranoia is in bloom"?


Muse es un grupo digno de la época en que vivimos, donde la paranoia, la abulia y el descontento improductivo son el pan de cada día: Saben que para marcar su descontento no basta con hacer lindas referencias bíblicas a cada paso como Coldplay (aunque el Viva la Vida me guste mucho) o con pedir la liberación de Mummia Abu-Jamal cuando la mitad de la gente que te escucha no sabe quién es él y no le interesa saberlo (como le pasó a RATM): el chiste es mezclar la verdad con risibles teorías de conspiración; mezclar lo genial con lo ridículo: !Viva la resistance!