12 abr 2011

La Barranca y Piedad Ciudad

Esta reseña apareció en el Horizontal.

Aunque se editó el año pasado, hasta ahora he visto en tiendas el nuevo disco de La Barranca, Piedad Ciudad; un homenaje a la Ciudad de México, a las calles de la ciudad más grande del mundo. Con su maestría característica, La Barranca retoma uno de sus tópicos favoritos: la urbe, el asfalto, el hecho de vivir en una ciudad donde, parece, el Apocalipsis ocurrió hace mucho. Siempre recibo con especial gusto cada nuevo disco de La Barranca, en especial por la admiración que me causa que un grupo de esa magnitud exista en México. Y es que su líder, José Manuel Aguilera, si algo ha demostrado desde el ya mítico Odio Fonky, que hizo junto a Jaime López, ha sido la perseverancia, la posibilidad de hacer buena música donde parece imposible.

Hace muchos años en la desaparecida revista Switch apareció una chusca lista de equivalencias entre grupos mexicanos y anglosajones. Una pertinente aclaración de los editores señalaba: algunos grupos autóctonos son mejores que los extranjeros; otros…solamente son autóctonos. En la lista venían Maná (con su equivalencia en The Police), La Gusana Ciega (Foo Fighters), Resorte (Korn), etcétera. El único caso que no supe si era burla o no fue con La Barranca; la equivalencia asignada era nada más y nada menos que Radiohead.

Por supuesto sería exagerado compararlos en una lucha de iguales. Sin embargo La Barranca lleva muchos años siendo de los mejores y más propositivos grupos de México. En el camino poco les ha importado el éxito comercial o la crítica multitudinaria que sólo conoce los términos “chido” y “aburrido” para calificar a una banda. Muchas veces aclamado como “el secreto mejor guardado de la música mexicana”, La Barranca ha logrado sortear los peligros de hacer un rock “culto”, con un estilo muy definido, gracias una virtud fundamental: no buscar complacer a nadie, ni a sí mismos ni a los escuchas habituales de rock mexicano.

Piedad Ciudad sobresale por marcar el discreto pero constante cambio de una agrupación que ha tenido como única preocupación la calidad. Tiene, ciertamente, el sello característico del grupo, pero también demuestra una continuidad en la evolución del mismo. No es un disco conformista: contrario a lo imaginable, La Barranca, más que repetir un estilo, lo ha ido perfeccionando con los años. En ese aspecto le ha hecho, involuntariamente, un tributo perpetuo a su nombre: estamos ante un grupo que no cambia abruptamente, sino que se modifica por la erosión, por el pulimento del paso del tiempo. Pareciera que su misión desde el principio ha sido ir hacia lo más profundo de sus capacidades y sus características. Canciones como “Jamás debí volver” y la abridora “En el fondo de tus sueños” son prueba de ello.

La música muestra sin miedos nuevamente la influencia de King Crimson pero con variaciones que vale la pena mencionar: Aguilera es cada vez más astuto al tocar la guitarra. Se ha vuelto con el tiempo un guitarrista que aprecia más el fraseo perfecto que el garigoleo exhibicionista (o “guajoloteo”, como dicen los que saben). Si bien se extraña la compañía de Álex Otaola en la guitarra (parte fundamental del mejor disco del grupo: El fluir) Aguilera cumple bien con la tarea en solitario. Por otro lado, el bajo de Federico Fong se nota en un momento especial que no se veía desde que tocó en El nervio del volcán de Caifanes. Las letras siguen a la ciudad como concepto, pero también perforan territorios conocidos para La Barranca: la realidad borgeana (“Posiblemente imposible”) y el encuentro amoroso (“Flecha”).

Aunque por YouTube ronda un cover de “Karma Police”, La Barranca es más que el Radiohead mexicano: es el grupo arriesgado por definición en México. Piedad Ciudad los remarca como dueños de una música posiblemente imposible.


5 abr 2011

Radiohead y el rey oculto

Esta nota la escribí para el recién fundado periódico El Horizontal (que espero chequen porque es formidable)

Fueron casi cuatro años de espera desde que salió el In Rainbows y en medio de una mínima promoción para el lanzamiento, limitada al propio anuncio de la banda en su blog, The King Of Limbs salió a la luz un día antes acompañado de un mensaje de Ed O’Brian: “Es viernes… es casi fin de semana… hay luna llena… pueden descargar The King Of Limbs ahora si lo desean”. De inmediato, por ahí de las cuatro de la mañana en México, descargué el disco esperando que la espera haya valido la pena.

The King of Limbs no es lo que esperaba de Radiohead. Es un buen disco, pero no alcanza la genialidad de su anterior trabajo. Para muchos pasará como un disco de lados-b, para otros será la prueba de que Radiohead ya no hace bien su trabajo. Los fans más acérrimos celebramos el lanzamiento, inundamos Twitter con nuestra euforia, y, por supuesto, aclamamos el disco por la maestría de sus creadores. Sin embargo los fans acérrimos sabemos igualmente que con Radiohead no es bueno tener muchas expectativas porque casi nunca las cumple.
Expectativa atroz.No me atrevería a decir que Radiohead hizo un disco mediano en su discografía adrede. Pero sí puedo afirmar que a ellos en este momento les importa más crear intrincadas construcciones como “Bloom” y “Feral” que tienen que ver más con la inteligencia musical que con la emoción. The King of Limbs, a diferencia de In Rainbows, privilegia más la creación intelectual que los himnos emocionales. Sólo “Lotus Flower” (posiblemente la mejor canción del disco) y “Codex” entran en esta última categoría; son canciones más cercanas al disco anterior, donde casi todos los tracks tenían el grado pop perfecto para ser sencillos, sin comprometer un alto grado de complejidad en la ejecución y creación, como “15 Step” que fue una canción muy exitosa a pesar de estar en 5/4, un compás poco común en el pop, más propio del jazz. No son canciones creadas para enloquecer a las multitudes de un concierto, sino para deleitar con su arquitectura al escucha solitario, a través de unos audífonos.
La decepción por el disco está presente en la red, detrás de todas las notas celebratorias en las redes sociales y en los periódicos. Después de cuatro años, el público (en especial aquel de la “nueva escuela” que llegó a Radiohead apenas en la década pasada) no se ve tan satisfecho como podría desearse. También han salido algunas notas de críticos, que ciertamente se sienten más profetas, diciendo que The King of Limbs demuestra que Radiohead “no es tan bueno como sus fans creen”. Esos mismos críticos y fans decepcionados olvidan que Radiohead entregó Amnesiac en el 2001 y Hail To The Thief en 2003, dos discos que, a pesar de sus innegables cualidades, son obras menores en la discografía del quinteto de Oxford. El problema central es que Radiohead es uno de esos grupos cuyos discos más medianos son obras maestras si se comparan con otras agrupaciones: son muchos los grupos que quisieran tener The King of Limbs entre su discografía. Sin embargo la vara con la que medimos a Radiohead es muy alta, por la sencilla razón de que esos cinco ingleses universitarios son lo mejor que le ha pasado a la música popular en los últimos 15 años.
La brillantez de The King of Limbs radica en que es un disco discreto, hecho para solitarios. Su nombre lo explica de algún modo: El título se refiere al árbol más viejo de Inglaterra, con más de mil años de antigüedad, que se encuentra en lo más profundo del bosque británico, lejos de la extensión urbana, sin ostentar siquiera una placa que le diga al extraño que está frente al rey de los árboles ingleses. Al que pase por ahí acaso sólo le llame la atención la longitud y la forma de las ramas, de proporciones monstruosas. Así es el nuevo disco de Radiohead: un rey solitario que no busca ser aclamado, sino guarecerse en lo profundo del bosque, sólo alcanzable para aquel que esté dispuesto a emprender su búsqueda.

13 mar 2011

El neocaifanismo: Zoé y Porter

Ahora que se junta Caifanes, por razones sospechosas para algunos y milagrosas para otros, el incierto furor por el reencuentro me deja un sabor agridulce en la boca. Celebro que Caifanes se junte, pero no sabré que tan buena idea fue hasta verlos tocar. Por otro lado la nostalgia que despierta el reencuentro hará pensar a muchos que el rock mexicano de los últimos diez años no superó al de los noventas; cosa por demás discutible.

Por supuesto es ingenuo creer que una época fue mejor que otra sin matices, sin contexto. Para empezar la industria musical tuvo cambios que no permiten comparar una década con la siguente. Antes para que un grupo adquiriera cierto éxito tenía que estar, casi forzosamente, firmado por una disquera. Durante la década pasada no sólo no había que estar cobijados (o explotados, según sea el caso) por una disquera transnacional, sino que no hacía falta tener una disquera. Vaya, no era necesario editar un disco para tener público. El internet cambió casi todo; lo único que no pudo fue cambiar nuestra concepción de lo que debía ser el rock nacional. Cuando más, se combinaron variantes de lo que se pensaba debía hacer un gurpo mexicano: unos cantaron en inglés creyendo que así se sumarían, inmendiatamente, al ámbito internacional, y lo único que lograron fue volver a los primeros tiempos del rock en México, que empezó, irónicamente, cantando en otro idioma; otros le entraron sin tapujos al "indie" y a lo más lograron hacer pasar frente al público canciones de José José (cursis, romanticonas, dolidonas, lelas a veces) por evolucionadas creaciones de vanguardia; otros, tal vez sin quererlo, se convirtieron en versiones remasterizadas de lo que ocurrió en los noventas: Zoé y Porter son los más curiosos y conocidos casos de esta variante estremecedora.

Habría que agregar que al menos tuvieron estos dos grupos la delicadeza de no creer que si no había jaranas y mariachi no era "mexicano". No creyeron en lo mexicano como un estilo unívoco sino en una marca de origen modificable. Su forma de hacer rock en México fue crear el neocaifanismo. Como si hubieran recuperado una tradición que aún no existía, Zoé y Porter tomaron rasgos representativos de Caifanes y casi de milagro les llegó mucho de lo que todo grupo de rock espera.

Una posible explicación es que de alguna forma la última generación de escuchas deseaban encontrar un nuevo hito, un nuevo Caifanes y lo encontraron mínimamente en lo que más se le parecía. A veces algunos se preguntan ¿cómo un gurpo tan feo como Porter pudo tener ese éxito? Y lo increible no es que ellos tuvieran éxito, sino que nadie hubiera hecho eso un poco antes. Ahora parece tan obvio, tan fácil (aunque pueda no serlo): toma un poco de las letras "semipoéticas", agrega una voz agudísima, consigue un estilo que aspire a sonar inglés, escribe sobre temas amorosos (mejor aún si usas el tópico de amor como enfermedad) y ¡milagro!: suenas en la radio, tu Myspace se llena de amigos y hasta tocas en el Vive Latino.

Más allá de la mucha o poca calidad de Zoé o Porter, lo interesante es que algo que se nos vendió como novedad no era sino una recuperación de ciertas características que definieron a Caifanes y que tuvieron una aceptación formidable. Una conclusión posible es que el gusto mexicano no ha variado mucho en lo últimos años. Esto puede ser una arma de doble filo: puede dar la impresión de que se está desarrollando una suerte de tradición o estilo autóctono (lo cual no creo que sea cierto), pero también puede fosilizar al rock mexicano. Lo verdaderamente impresionante es que con una fórmula parecida se hayan obtenido resultados aceptables. Tal vez el gusto del público mexicano sea predecible.

"Espiral" de Porter me llamó siempre me pareció una reversión secreta de Caifanes. El vocalista en el video incluso se parece al Saúl Hernández de la primera época de Caifanes; es decir un Robert Smith región 4. Qué decir de las letras: "Y estoy cayendo por una espiral/ahora sí, ya te mandé a clonar"; un Saúl bioquímico. Qué decir de los falsetes indiscriminados y de esa voz ligerita ligerita.

En cuanto a Zoé, "No me destruyas" tiene una letras que bien pudo haber escrito un Saúl Hernández modernizado: El coro "Ya no afiles las navajas/ya no me haces daño cuando me las clavas" es casi un fusil de "Clávame mejor los dientes" de Jaguares. Por otro lado, vale la pena agregar que Zoé en su disco Reptilectric recupera ampliamente los tópicos prehispánicos que Caifanes uso gran parte de su carrera y que se recrudecieron en Jaguares. Desde el nombre, "Reptilectric", una suerte de Quetzalcóatl extraterrestre, Zoé sacó del baúl muchos de los motivos que marcaron a Caifanes. A favor de Zoé, debo aceptar que "Reptilectric" me suena menos rancio. De alguna forma prefiero más, aunque sea un tanto chairo, conceptualzar a Quetzalcóatl como un superhéroe con cabeza de búho que a toda la tradición prehipánica posible como un ente inmóvil, estéril que proyecta más un indigenísmo trasnochado que un franco homenaje.

Ahora bien, el detalle más sorprendente de esta historia es que tanto los grupos neocaifánicos como los promotores en medios de los mismos cojean del mismo pie: dan la impresión de que creen que lo que hacen o promocionan es lo más novedoso del rock en México. Más de una vez escuché alegres alabanzas que tildaban a Porter de renovadores del rock mexicano. A lo mucho fueron recuperadores, actualizadores, si se quiere. Pero muchos lo creyeron. No juzgo como bueno o malo el papel de estos grupos. Incluso diría que tienen (pocas, pero tienen) canciones rescatables, incluso una o dos excelentes. El hecho es que cuando muchos chicos de prepa en algún Vive Latino se regodeaban en su gusto por lo más nuevo que México hacía, en realidad miraban hacia atrás, hacia el éxito masivo de un grupo que no alcanzaron a ver y que conocieron a través de la leyenda. Zoé y Porter fueron, la década pasada, una nostalgia inconsciente.






20 feb 2011

Arcade Fire: Gonna make a record: Eliot con punk

El 2010 fue el año de Arcade Fire. Publicaron un disco que para muchos es su obra maestra hasta el momento y definitvamente el mejor disco del años 2010; realizaron su gira más exitosa hasta la fecha (hasta a México vinieron); realizaron dos videos excepcionales, "The Suburbs", dirigido por Spike Jonze y "We Use To Wait", el mejor experimiento artístico que se ha montado en Internet. No conformes con todo eso, tuvieron el descaro de ganar el grammy al álbum del año. ¿Cómo una banda "indie" de Canada (y de la francófona, pa' colmo) pudo hacer esto?

El problema con Arcade Fire es que ha roto demasiado convenciones en la música popular y paradójicamente se le ha recompensado con casi todos los honores que un joven grupo de rock podría obtener. Es curioso porque, a pesar de que una de las premisas de la música popular desde el siglo XX para acá ha sido, por influjo del rock, la "originalidad" (un remanente claro del romanticismo), en más de una ocación el gusto popular ha demostrado ser sumamente reaccionario. El problema radica en que aunque muchos grupos impotantes sean reconocidos por sus inovaciones esto no siempre ha traído como consecuencia la aceptación de un amplio público. The Beatles y Pink Floyd son dos excepciones pertenecientes un milagroso quinteto de agrupaciones que han gozado de un éxito descomunal sin comprometer su calidad y menos su originalidad. Pero ese mismo quinteto puede que sea también el quinteto de lo que la gente reconoce, simplemente, como "lo mejor que ha pasado en la música". Fuera de esa élite existe una lista interminable de artistas (en todas las décadas) que hicieron grandes aportacioens a la música popular, pero que no se vieron recompensadas por ello. En la mayoría de los casos podría decirse que el gusto popular acepta (incluso pide) de buena gana las inovaciones musicales siempre y cuando no comprometan ciertas expectativas de lo que debe ser un artista popular y de cómo deben sonar sus canciones. Ni "muy-muy" ni "tan-tan": ésa ha sido la tónica en cuanto ha preferencias se trata. Y Arcade Fire se las ha saltado sin descalabros mayores en el camino.

De entrada, su alineación no es común. Actualmente Arcade Fire se compone de siete miembros, de los cuales, para colmo, no se puede decir con precisión a qué se dedican en la banda por la sencilla razón de que todos tocan casi todos instrumentos -que además son muchos; algunos de ellos poco comunes. ¿Qué pasó con los power-trio?, ¿qué con las formaciones que inequívocamente debían tener una giutarra, un bajo, una batería, y no más? Pasó que la década apenas pasada se identifico con casi todo lo que no fuera noventero, y los power-trios eran la definición de los noventa. Ni siquiera Muse cabe exactamente en esa categoría, pues cuentan con un multi-instrumentista demasiado capaz y virtuoso para limitarse a las proezas de Kurt Cobain.

Basicamente los 2000' se limitaron a tener grupos de guitarras convencionales (como The Strokes, Coldplay o The Hives) y grupos que daban la impresión de tocar con lo que habían encontrado, es decir que a veces no había guitarra (como Keane), otras no había bajo (The White Stripes) y otras había de todo (Arcade Fire). Esos grupos poco reglamentarios no tuvieron mucha popularidad en los noventas: Ben Folds Five, Primus y Morphine jamás tuvieron un éxito similar al de los gurpos amorfos de los años 2000'. De hecho el más grande éxito de Primus fue la canción de entrada de South Park. Arcade Fire en ese aspecto marcó un tónica que permitió la proliferación de gurpos como Fleet Foxes, e impusaron la carrera de otros como Beirut.

Por otra parte su estilo musical tiene la dicha de ser tan poco convencional para la época que hicieron escuela: ¿Quién hubiera vaticinado en 1999, en medio de la explosión de la música electrónica, el new-metal y el brit-pop, que uno de los mejores grupos de la década próxima tendría más que ver con Bob Dylan, Bruce Springsteen y Joy Division que con programas de loops y tornamesas? Nadie imaginó que el futuro inmediato sonaría más a menonitas prófugos que ha robots extraterrestres. La culpa la tuvieron los Strokes, claro. Pero su sonido de tan viejo es predecible; de alguna forma su éxito radica en habernos regresado a una zona de confort donde el rock "normal" podía tomar la batuta nuevamente y moverse a sus anchas. Arcade Fire ni en eso ha sido estático: las influecias de Arcade Fire se oyen como lo que escucha "un padre de familia buena onda", pero tuvieron la gracia de no cononizar a sus padres musicales; hicieron la magia de tomarlos más como un punto de partida que como un pináculo irrebasable.

A pesar de todo eso tuvieron el debut musical más sorprendente de la década. Funeral (2004) tuvo la genialidad de contener, al menos, seis himnos que se antojan irrepetibles y al menos una de sus canciones ("Wake Up") pertence ya a esa lista del inconsciente colectivo de "las mejores canciones de todos los tiempos". Sólo los Strokes dieron batalla por ese puesto con su primer disco y se diluyeron en el segundo, víctimas de sus virtudes. ¿Cómo hacer una canción tan elocuentemente pop como "Wake Up" y renovar al mismo tiempo la difinición de lo que debe tener un hit? Por las características musicales de "Wake Up", y la aprobación obtenida por cierto y numeroso público, un súper hit noventero alza la mano como su hermano mayor y posible predecesor: "Losing My Religion". ¿Como tener tan altas dosis de pop y ser lo más alternativo simultáneamente? Quizá la respuesta radique en la etiqueta que cobijó a la mayoría de los grupos y movimientos del 2000: el indie. El indie del siglo XXI, a diferencia del nacido en los ochentas, nunca pretendió encerrarse a un público específico; por el contrario, se esforzó en llevar al centro la periferia, casi sin sacrificios, casi sin dar concesiones al mercado. El Internet y los nuevos y más baratos métodos de grabación, por supuesto, fueron el fundamento de dicha revolución.

Pero Arcade Fire no se detuvo ahí. Sin dormirse en sus laureles, capitalizó sus virtudes y las llevó a otro nivel: Neon Bible (2007), cuyo título hace referencia a la novela homónima de John Kennedy Toole, recibió nuevamente una avalancha de calificaciones de cinco estrellas en los medios y una gran aceptación del público gracias a que supo combinar la frescura (irónicamente) de un sonido oscuro y cierta dosis de ligereza necesaria para aguantar cuarenta minutos de música sobre la guerra y los sueños rotos de Norteamérica. Es un disco de claroscuros donde Springsteen se encuentra con R.E.M. ("Keep The Car Running") y el punk con las orquestas ("No Cars Go"). Y es que "entre la luz que se apaga y el inicio del sueño" se encuentran los territorios de Arcade Fire: territorios de solemnidad y basura, de música subterranea y mainstream, de Nietzsche tocando un blues subido de tono.

Para el 2010 llegaría el año de Arcade Fire. Lanzaron, para ello, un sencillo que incluía "The Suburbs" y "Month of May": como profecia, como aviso, esta última canción empieza diciendo con el mismo ímpetu de un adolescente que utiliza el coche de sus padres para dar vueltas a la manzana con la múscia a todo volumen: "Gonna make a record in the month of May". Minutos depués agregaría "2009, 2010: Wanna make a record how I felt then/When I stood outside in the month of May/And watched the violent wind blow the wires away." Esa misma canción tocarían en la entrega de los Grammy, curiosamente (como pueden ver aquí). Un amigo me dijo hace poco que esa canción le sonaba profundamente punk. Algo de cierto hay en ello, pero no toma en cuenta que es un blues acelerado y, por lo tanto, tiene que ver más con Led Zeppellin o Thin Lizzy que con punks. Aunque, lástima, Arcade Fire no hace solos de guitarra.

The Suburbs, como todos los anteriores álbums del grupo de Montreal, es un disco-concepto, que sigue hasta cierto punto la pauta de que el eje de la grabación sea un hecho oscuro (la muerte en Funeral, la religiosidad hipócrita en Neon Bible). Ahora eligieron a la adolescencia y la nostalgia como el centro de su música. Si es oscuro el pasado es porque nuestra sociedad está extasiada con el futuro: todas las maravillas tecnológicas las relacionamos con "lo que viene" y no con "lo que ya está presente". Arcade Fire utiliza esas mismas tecnologías para hablar de "lo que ya pasó": Como respuesta involuntaria a la pasión por el futuro, el video interactivo de "We Used To Wait", que utiliza Google Maps como eje de su virtuosidad, nos lleva, literalmente, al lugar donde crecimos, al lugar donde aprendimos a vivir. Incluso es al menos intrigante que en un mundo de e-mails y twitter, esa canción, acaso la más exitosa del año pasado, trate de la espera de un carta.

Y es que hasta las letras de las canciones parece copiadas del pasado: Si la base lírica de Radiohead fue la poesía de vanguardia y radical del siglo XX, Arcade Fire recurrió a Eliot, que es como recurrir a toda la poesía que no fue publicada en el XX. Difícil es no enlazar la letra de "The Suburbs" con los Cuatro cuartetos. Incluso se antoja realizable una correlación, por mano del azar, claro, con Quevedo en su "Salmo XVII": Cuando Arcade Fire canta:
And all of the walls that they build in the 70's is finally fall
And all of the houses they build in the 70' is finally fall
Meant nothing at all

It meant nothing.
Sometimes I can't believe it
I'm movin' past the feeling.

no puedo evitar pensar en "East Coker" de Eliot:
In my beginning is my end. In succession
Houses rise and fall, crumble, are extended,
Are removed, destroyed, restored, or in their place
Is an open field, or a factory, or a by-pass.
La sombra de Quevedo asoma sin querer igualmente:
Miré los muros de la patria mía,
si un tiempo fuertes, ya desmoronados,
de la carrera de la edad cansados,
por quien caduca ya su valentía.
Tengo un amigo que atribuiría toda esa magia a Virgilio, Heráclito y Ovidio. No dudo que así sea. El hecho es que Arcade Fire nos devolvió un tópico con tal maestría que no me sorprendería que más de un becario del FONCA envidie la hazaña de conjugar la tradición literaria con el más potente rock. El hecho es que Arcade Fire mezcla demasiado bien todo lo que se supone contrario: El punk con los violines; el mainstream con el indie, la suciedad y la pulcritud, la energía con la reflexión; el pasado que se volvió el futuro.

Lo más sorprendente de todo es que la carrera en conjunto de Arcade Fire se antoja imposible: La madurez y calidad de su musica es equivalente a que The Beatles hubieran empezado por Rubber Soul, o Radiohead hubiera debutado con The Bends. Porque hasta ellos, genios indiscutibles, tuvieron que lidiar al principio con las composiciones débiles y juveniles (que no malas) y las exigencias del mercado, antes de hacer lo que querían hacer. Arcade Fire no lidió con nadie, no le hace caso a nadie y a cambio le dieron un grammy por mejor álbum: la máxima consagración ante el mercado que busca cierto y mínimo grado de calidad sin sacrificar ventas.

Arcade Fire: la anécdota del nombre: un videojuego en llamas. Arcade Fire: la lírica más alta junto al rock que ameniza el paso por una carretera a 120 por hora. Arcade Fire: infancia es futuro. Arcade Fire: en mi fin está mi principio, porque todo tiempo es irredimible. Arcade Fire: de lo viejo nacerá lo nuevo y en lo nuevo volverá lo viejo: las casas se levantan y caen, pero la música permanece: estamos listos para empezar, yendo hacia el pasado.






11 feb 2011

Una playera de Murakami

Hoy salió 1Q84 el más reciente libro de Murakami en español. Debo decir que ya lo compré y que, como premio, recibí una playera que no se distingue por el buen gusto que Tusquets siempre ha profesado y un morral (ese sí de buen gusto) con el tíutlo impreso a un costado. El hecho es que por primera vez he comprado un libro el mismo día en que sale. Ni con Como la lluvia de Pacheco, ni con Sunset Park de Auster logré tal hazaña; lo habré hecho en la primera semana, pero no el primer día. El único artículo que he comprado el primer día fue In Rainbows de Radiohead, un 1 de enero del 2008. Y no cuenta del todo porque el disco salió en octubre del 2007 en formato digital, como todos sabemos.

Este hecho trae consigo una serie de extraños sentimientos: no fui el único en hacerlo: junto a mí había muchas personas comprando el más voluminoso volumen de Mrakami, casi todas de mi edad. Por un lado me alegra que algo tan "literario" como Murakami sucite esa respuesta. Por otro lado me extraña un poco que una lectura que es muy especial para mí no sea única. Me siento como en aquel post de Huchín sobre el concierto de Pixies: "Y en el juego angustioso de un hípster frente a otro". ¿Cómo conjugar ambos sentimientos? Acaso de ahí provenga una de las maldiciones más temidas para los músicos por parte de sus escuchas: "fulano ya se vendió." De cualquier forma celebro la grata bienvenida que recibió el libro.

La respuesta masiva es, al menos, escabrosa para aquel que se consideraba en un club selecto de admiradores. La mayoría de las veces es decepcionante. En el caso de Murakami lo más sorprendente de esa venta especial de las librerías, las playeras y la multitud de lectores en un país sin lectores sea que se trata de literatura. Hoy no se vendía el nuevo libro de Harry Potter o Crepúsculo; se trataba de literatura que goza el prestigio de "alta literatura". Sin embargo hasta Radiohead vendió cientos de miles de copias aquel 1 de enero del 2008. Por supuesto esta noche no supuso una venta de decenas de miles de ejemplares, tal vez ni miles de ejemplares, pero sí tuvo una mejor respuesta que casi cualquier otro libro de "literatura" editado por una compañia prestigiosa y respetada. Esto convierte en algo casi insólito la salida de 1Q84.

De todo modos, Murakami podrá ser reseñado en Letras Libres, pero eso no borra el estigma entre ciertos aspirantes a ser "gente culta" que responden ante el entusiasmo de uno por el autor japonés con frases como "está de moda, ¿no?" o, mi favorita, "¿es el que venden en Sanborns?". La categoría "literatura sanborns", además de tramposa, es capaz de derribar prestigios literarios por culpa de la buena distribución. ¿Quién se atrevería a decir lo mismo de Hugo Hiriart o Duras, cuando ambos autores son conseguibles en las tiendas del búho? ¿Qué diríamos de Oscar Wilde?

Y aquí estoy. A pesar del poco prestigio y de los altos precios, he sido un lector fiel de Murakami como de pocos autores. Además he sido un feroz promotor de sus libros con un esfuerzo que sólo empleo para alguien escuche a mis grupos favoritos. Todo tiene que ver con la lectura y mi historia de esa lectura.

En el dos veces "H" CCH (una H por el nombre y otra porque a pesar de todo sigue existiendo) tomé con el maestro Arnulfo Sánchez la mejor clase que tuve en el CCH y una de las mejores de mi vida. Gracias a él yo y otros 40 alumnos leímos a Bolaño, al buen Fuentes, a Enrigue, a Bellatin, a Fadanelli, etcétera. Entre tantas encomiendas, claro, leímos a Murakami. Leímos Tokio Blues. Quién diría que estabamos leyendo la primera edición en español del libro, en la colección Andanzas, antes de la masificación de la colección Maxi. Tener un volumen así se ha vuelto una suerte de distinción y reproche entre ciertos lectores de Murakami: aún recuerdo aquella vez que un amigo me decía: "¡Yo leí Crónica del pájaro que da cuerda al mundo cuando no había versión de bolsillo y costaba más de 300 pesos!"

En el CCH leí Tokio Blues con un fervor irrepetible, con una pasión que pocos libros me despiertan. No leía; estaba en el libro. Leer es como la droga y el sexo: uno espera que cada nuevo libro nos traiga otra vez esa sensación de estar en otro mundo. Es como estar en un videojuego. Pero la vida es cruel y la mayoría de los libros se limitan a meterte una TV en la cabeza: poca cosa. Ese año de CCH marcó mi forma de leer y mis gustos literarios de forma irrepetible: ese año leí Los detectives salvajes, Ciudad de cristal, No me preguntes cómo pasa el tiempo, On the Road, Me llamo Rojo, El Quijote (por primera vez completo en una edición no para niños, jeje) y, claro, leí Tokio Blues.

Por ese entonces estaba empezando a escribir mis Covers (que salieron de una mala costumbre de sencundaria: traducir mal mis canciones favoritas en clase, al margen de las matemáticas) y si algo comprendí de la lectura de Murakami fue que 1) Escribir sobre música no es novedoso (Pellicer y Pacheco hicieron sus propios covers, sobre Chopin y Cream respectivamente, y no hablemos de Villoro) y 2) pero se puede hacer y muy bien. Claro, Murakami eligió a Los Beatles: No imagino una vara más alta. Así que a Tokio Blues le debo una cierta motivación. Pero también le debo, junto con las demás novelas que leí ese año, una cierta idea de la literatura, de su contacto con la música, una intuición del porqué y para qué de la literatura. Les debo casi todo. Por desgracia lo único que no aprendí ese año fue a escribir.

Ahora he abierto 1Q84 y leo a Murakami porque es de los pocos autores que pienso, siento, escribieron para mí. Espero el libro sea la obra maestra que todos prometen y espero volver a estar en el libro. Contemplo la playera que me dieron y la veo como algo que sólo puede suceder en un concierto de rock y me da gusto saber que eso puede pasar con un libro, un Woodstock personal y al mismo tiempo comunitario, incluso atemporal (como el Quijote). El hecho es que antes que fan de algo, soy lector o escucha de algo, y es más profundo, más íntimo y certero. El hecho es que Murakami es, de alguna forma, mi Muse literario y tengo bien puesta la camiseta.


2 feb 2011

Juan Villoro y Café Tacvba: ideales renancentistas

Alguna vez escuché, no sé dónde, que el que sólo sabe de una cosa en realidad no sabe nada. Podria apostar que se lo escuché en clase a Federico Álvarez, pero no estoy seguro. El hecho es que ese axioma renacentista me cayó bien: una palmada en la espalda para alguien que siempre ha querido hacer más de una cosa en su vida. Sin embargo tampoco considero válido decir que el que sólo sabe una cosa no sabe nada; yo sería menos lapidario. Quizás dejaría la cita en: el que sólo sabe una cosa, no sabe gran cosa.

Hace poco leí Tiempo transcurrido de Juan Villoro, acaso el libro más emblemático de la primera etapa del autor, cuando aún se notaban mucho las influencias de la Onda. En parte el libro refleja cuán marcada estuvo la suerte literaria de Villoro por el temblor del 85: Su segundo libro, Albercas, fue publicado sólo porque el temblor que removió las oficinas de Joaquín Mortiz logrando que el manuscrito resaltara durante el reacomode sobre las pilas de libros por publicar. Tiempo transucurrido corrió un destino igual de extraño: es un libro de "crónicas imaginarias" que cuenta una crónica año por año, desde 1968 hasta 1985. Villoro asegura en el prólogo que no quería formar su libro apartir de años cerrados, sino contar sus crónicas sin tomar en cuenta el sistema decimal, ni otra agrupación artificiosa. Por supuesto no se imaginaba que terminaría contando el trancurrir de años simbólicos; la historia entre el 2 de octubre y el 19 de septiembre. Así, su libro tiene el aire de recordar una época emblemática entre dos años cruciales de nuestra historia; contó la historia de un ciclo cerrado sin proponérselo, aunque los múltiplos de diez no hayan tenido vela en el entierro.

Pero si un elemento abarca todo el libro es el rock: la música ocupa todos los espacios y alcanza el lugar de la narración detrás de la narración. Su importancia en el libro sólo podría compararse a la que tiene la Ciudad de México en las mimas páginas. Según Villoro en el prólogo, su intención era hacer literatura a partir de música. Para él y sus personajes, el rock es más que un ruido de fondo o el soundtrack dela historia: es el detonante, es el catalizador, es el eje en el cual transcurren las vidas que el imagina tomando como paisaje el Valle de México y demás sitios del país. La música es el determinante de las pasiones de los aquellos que viven por su pluma; otras veces es el motivo epifánico a través de cual un personaje comprende el rompecabezas de su vida. Villoro es creyente del azar: pertence al clan de aquellos que aseguran que una historia tiene otra historia que la complementa y la explica. En este libro el autor es sólo un oráculo que completa lo que empezó el azar: junta al protagonista con su otro protagonista: la canción capaz de decir los motivos y las consecuencias de su vida.

Pero aquel que cree en los poderes de azar, sabe que su propia historia puede depender de las aventuras de alguien más: A finales de los ochenta en la Escuela Nacional de Artes Plásticas se formó un grupo de rock fundamental para el género en México: su primer nombre sería, por poco tiempo, "Alicia ya no vive aquí". En 1992 lanzarían su primer disco con el nombre de Café Tacvba tomando como sencillo una canción emblemática: "Las batallas". Basada en el libro de José Emilio Pacheco, Las batallas en el desierto, esta canción llevaría muchos lectores hacia un libro que nació a partir de una canción; un bolero cubano que decía "Por alto que esté el cielo en el mundo,/ por hondo que sea el mar profundo...". La música se volvió materia de la literatura y, años después, vuelve a su origen, pero enriquecida. De pronto se forma una triada difícil de disolver: si alguien de mi generación lee el libro de Pacheco no puede evitar pensar en la canción de Café Tacvba y viceversa. Incluso es complicado escuchar la canción original y no pensar en el libro posterior y la canción que reunió ambos elementos en escasos 3:25 minutos. A veces el arte mismo es una estructura fragmentada que espera a que alguien junte las piezas: la historia que sucede mientras suena una canción y la canción que relata ese encuentro son caras de una misma obra de distintos autores.
Mucho antes, cuando Café Tacvba aún no se llamaba así, uno de sus integrantes, presumiblemente Joselo, leyó ávidamente el libro de Juan Villoro. Tal vez se reconoció en la música mencionada o en algunos de los personajes del libro; el hecho es que esa huella que dejó en él aquel libro de la colección Biblioteca Joven del FCE sería sumamente importante para lector y autor y (ay, destino) ninguno se daría cuenta hasta mucho después.

Años después el éxito vendría para Villoro y Café Tacvba. Ya para el año 2000, Villoro ganó el Xavier Villaurrutia por su libro La casa pierde y Café Tacvba publicó dos discos imprescindibles para la discografía del rock mexicano en los noventas: Re y Revés/Yo soy. Quién diría que la lectura que años antes hiciera uno de los tacvbos, presumiblemente Joselo, al libro de Villoro saldría de las tinieblas para volverse el título del disco recopilatorio de Café Tacvba: Tiempo transcurrido. Me imagino a Villoro entrando a la tienda de discos, paseando su mirada entre los anaqueles de novedades, hasta descubrir que el grupo de rock decidió titular su disco de grandes éxitos, para finalizar un ciclo donde su música fue detonante y explicación de tantas historias, como aquel libro en el que él describió una época entera. El milagro ocurrió otra vez: lo que empezó por la música para llegar a la literatura volvería al origen. Y es que difícilmente podría haber un mejor título para el disco recopilatorio de una banda que marcó su tiempo; porque "marcar un tiempo" no signinfica vender miles de discos ni tener cientos de conciertos: marcar una época se logra cuando la gente utiliza tu música para vivir y explicar sus desventuras y alegrías: cuando tu música deja de ser tuya porque ahora es parte de la vida de otro.

Descreo de un afán soberbio de Café Tacvba detrás del título de su disco. Sin duda es el homenaje hacía un autor y una lectura que los marcó profundamente, emepezando, presumiblemente, por Joselo.

¿Qué habrá pensado Villoro al comprar el disco y escucharlo en su estéreo? ¿Se habrá imaginado que el título de ese libro que aborda una época pasada para él cuando lo escribió serviría de título para otra obra que abarca igualemente a una generación futura a la del libro? Tiempo transcurrido, el libro, terminó por volverse el vínculo secreto entre dos generaciones donde la música del azar movió las piezas detrás de las piezas: la música. Sin duda, al escribir que quería hacer literatura a partir de música no imaginó que alguien más haría música a partir de su literatura.
Como colofón a esta historía, el azar terminó por unir a Villoro y a Joselo en el 2002 en la película Vivir mata. Villoro debutó como guionista en esa película y Café Tacvba grabó el soundtrack. En lagún lugar de la Ciudad de México se vieron Joselo y Villoro para componer juntos la letra y la música de las canciones que sonarían durante la película (pueden escuchar las canciones aquí): el soundtrack de otra crónica imaginaria donde música y literatura, desde el origen, fue lo mismo: Así como el que sabe de dos cosas sabe más de dos cosas, el que une dos cosas hace una tercera cosa. Villoro y Café Tacvba: puros ideales renacentistas.



30 ene 2011

Un nuevo sonido callejero

Me inagino, creo, supongo, que éste año será un buen año para Calle 13, sin duda el mejor grupo de rock de Latinoamérica en este momento. Sí, de rock. Contrario a lo que muchos creen, el rock no es un género que determine a sus exponentes por el tipo de música que tocan: la filiación al rock tiene que ver más con simpatías y hermandades culturales que solamente con la definición de un género musical. En el rock lo extra-musical es tan importante como la música: ¿De qué otro modo se explica que Beirut tenga sus discos a lado de Broken Social Scene y no de Putumayo en el MixUp?

Calle 13 es un grupo que a los oídos de muchos toca reguetton, un género que empezaron tocando por exigencias comerciales hasta que, gracias el éxito y el encuentro con sus verdaderos escuchas, lo pudieron abandonar para moverse en terriotorios donde sí pertenecen. Desgraciadamente no falta aquel que en una fiesta cuando otro más pone "Que lloren" dice: "Son los de Atrévete-te: que asco": Un defecto de los aficionados de hueso colorado al rock es que es fácil moverse al bando de los fascistas radiofónicos. Sin embargo Calle 13 ha apelado a los valores del rock ligado a la crítica política y la irreverencia (la verdadera) par acreditarse entre sus iguales. Ahora, el valuarte del rock en español no está en guitarras eléctricas sino en beats de Hip-Hop y sonidos latinos con muchas rimas.

Sobran las razones que los han peusto en ese sitio. La primera y más importante es que es un grupo de calidad: sus letras y su música alcanza el mismo grado de excelencia y naturalidad, calidad y dinamismo. Basta con escuchar la letra de "No hay nadie como tú" con Café Tacvba para darse cuenta de que ellos merecen una beca del Fonca en literatura: "Hay tanques de oxígeno y tanques guerra". Mil veces superiores a una multitud de poetas jóvenes y grupos de rock un poco vacío que pulula gracias a la última proliferación del indie, sus letras no sólo hablan de cosas concretas que sí pueden conectar con un público amplio, sino que además lo hacen con una extraña (por no decir violenta) sutileza que revela no sólo un dominio brutal del lenguaje, sino una serie de motivaciones políticas que ya nadie acuña como propias.

Como dicen ellos mismos en "Siempre digo lo que pienso": "Rimando con franqueza soy todo un académico/soy más polémico que Michael Jackson y su médico." Y luego agrega en el mismo track un mensaje para sus enemigos reguettoneros: "La envidia los bloquea:/ tuvo que venir un rockero a darle clases de cómo se rapea."

Entren los que quieran, su más reciente disco, es un disco de altas dosis de letras políticas y rap que no veíamos desde (y me acuerdo ahora de una entrada pasada en este blog) Molotov. Calle 13 ha logrado reemplazar al grupo defeño sin que nadie lo ponga en duda, aunque la mayoría aún no se ha dado cuenta. Esto último en México quizás se deba a que Calle 13 no ha creado un himno a la medida de nuestro país como "GImmie The Power" porque, claro, son de Puerto Rico.

Lo más curioso es que Calle 13 presumió su nueva estafeta de forma involuntaria con el primer sencillo de Entren los que quieran: "Calma Pueblo". Para empezar hicieron una colaboración con el mejor guitarrista que habla español: Omar Rodriguez. Sin proponérselo construyeron una canción de rap-metal al más puro estilo de Rage que abría con la frase "Mi disquera no es Sony/mi disquera es la gente". Luego hicieron un video altamente censurable y violá: el nuevo mejor grupo de habla hispana entró en escena. De paso le tiraron a todo mundo en esos versos. A los grupos de pop payoleros por ejemplo:

¿A ti te ofende lo que escribo?
A mi me ofende tu playback,
que estés doblando en vivo.
A mi ofende cuando tu sobornas a la radio
con plata, con dinero pa' que te suenen a diario.
Ni siquiera los Beatles tenían cuatro canciones
sonando al mismo tiempo en las radio-estaciones.
Esto lo puede ver hasta un bizco:
Tú vendes porque tu mismo te compras tus propio disco.




(Y lo más importante de la estrofa:¿Notaron la referecia a los Beatles?)
Y además lanzaron a sus críticos una bomba de lo que es rectitud en medio del comercio musical: una ética musical:

Yo uso al enemigo, a mi nadie me controla:
Les tiro duro a los gringos y me auspicia Coca Cola.
De la canasta de fruta soy la única podrida:
Adidas no me usa, yo estoy usando Adidas.
Mi estrategia es diferente, por la salida entro:
Me infiltro en el sistema y exploto desde adentro.
Todo lo que les digo, es como el Aikido:
Uso a mi favor la fuerza del enemigo.


Entren los que quieran es un disco político como no se había hecho en años en todo el continente. Pero ocurre que la política en Latinoamérica es un poco complicada últimamente: ya no sólo se trata de si Chavez está loco o si en México los mexicanos son tan pendejos que permiten que cualquiera los gobierne, o si Estados Unidos es el supuesto enemigo número uno de esta parte del continente. La política, hoy más que nunca, es un acto individual: Si los malos gobernantes están ahí, si los problemas pululan es culpa nuestra. Nadie nos obligo a vivir este mundo. Calle 13 invita a comportarse a la altura de las circuntancias, como un individuo político, el elemento más importante y menos organizado en la ecuación:

Ahora quítate el traje, falda y camiseta.
Despójate de prendas, marcas, etiquetas.
Pa' cambiar al mundo, denuda tu coraje.
La honestidad no tiene ropa ni maquillaje.
No me hablen de carteles ni de los Soprano:
La mafia más grande vive en el Vaticano.
Con el truco de la fé se cogen a la gente,
Se cogen a cualquiera que piense diferente.
A mi no me cogen: yo creo en lo que quiera.
Creo en la gente, creo en mi bandera.
Creo que los que me señalan con el dedo
me tienen miedo porque yo no tengo miedo
.

De todos los tracks de Entren los que quieran, sin duda el más representativo, a lado de "Calma Pueblo" es "La bala". Una disección de la realidad de muchos lugares en el mundo (inlcuyendo, ay, a México). Para Calle 13 importan las razones y las consecuencias: importa la herida pero también la razón que apretó el gatillo: importa que la vida, como siempre, importa muy poco. El diálogo, la política donde no median las armas, la eduación, la sociedad: eso también parece importar poco. Pero nosotros lo permitimos.

"La bala" empieza casi como un cuadro, una descripción:

Con un objetivo directo

la bala pasea segura y firme durante su trayecto,
hiriendo de muerte al viento,
máss rápida que el tiempo,
defendiendo cualquier argumento.


y después del primer coro, con música de western macabro continúa el trayecto:

Se escucha un disparo, agarra confianza.

El sonido la persigue pero no la alcanza.
La bala saca sus colmillos de acero
y sin pedir permiso entra por el cuero
,
muerde los tejidos con rabia,
le arranca el pecho a las arterias
para causar hemorragia.
Vuela la sangre, batida de fresa,
salsa boloñesa, sirop de frambuesa:
una cascada de arte contemporáneo
color rojo vivo sale por el cráneo.


Pero todo esto es sólo el dibujo, el esbozo de una imagen tristemente común, una imagen que desgraciadamente se comprueba con abrir cualqueir periódico de este país cualquier día. Lo importante es la tesis que se puede reducir al coro de la canción: "Hay poco dinero, pero hay muchas balas/hay poca comida, pero hay muchas balas/hay poca gente buena, por eso hay muchas balas".

Parece, sólo leyendo la este fragmento que el grupo puertoriqueño nos quiere chamaquear con un razonamiento en teoría tan sencillo, pero no: No sé si recuerden haberlo visto, pero hace muchos años Crhis Rock condujo unos MTV Video Music Awards donde pronunció un chiste que resume toda una teoría sobre el valor de la vida humana en estos tiempos y es chistoso que proviniera de una bemba tan amplia con una voz como de cebra de Madagascar: "Las balas deberían costar $10,000 cada una: imagínense: te empleitas con alguien en el barrio, lo quieres madrear lo quieres matar, pero no puedes porque una bala vale una fortuna incaccesible a un barrio pobre. Entonces sólo amenazarías: te voy a matar, voy a conseguir un trabajo, voy a trabajar duro y cuando ahorre unos $20,000 te los voy a meter por el culo". Bueno algo así postula Calle 13 sólo que en clave de Clint Eastwood:

Sería inaccesible el que alguien te mate
si cada bala costara lo que cuesta un yate.
Tendrías que ahorrar todo tu salario
para ser un mercenario habría que ser millonario.
Pero no es así: se mata por montones:
las balas son igual de baratas que los condones.
Hay poca educación, hay muchos cartuchos:
cuando se lee poco, se dispara mucho.


Pero eso se queda corto con la última estrofa, más afilada que el pensamiento de muchos geniales comentaristas de televisión y de periódicos que conocemos:

Hay quienes asesinan y no dan la cara;
el rico da la orden y el pobre la dispara.
No se necesitan balas para probar un punto:
es lógico: no se puede hablar con un difunto.
El dialogo destruye cualquier situación macabra.
Antes de usar balas disparo con palabras
.

Más que continuar los elogios al gurpo que ya está renovando la música de la región, me interesa ahondar un poco en las razones y las consecuencias de un grupo así. Soy de los que creen que la música no es sólo un divertimento y lo que uno escucha en ella no siempre se echa en saco roto. Acaso sea porque el rock me moldeó así, sin embargo no desestimo el poder de las notas musicales: de alguna forma me tragué el cuento del flautista de Hamelin. Lo sé, pertenezco, aún, al bando de los que creen que la música sirve de algo, no como algunos marxistas pendejos de los sesentas que creían que el rock era un arma de enajenación promovida por el Imperio. Pero los comprendo: estaban enajenados escuchando música (mal llamada) autóctona y música de protesta. Además ellos no puedieron esucchar Rage Agaisnt The Machine y seguro no le pusieron atención a los Beatles. Tampoco soy tan ingenuo como aquel reportero de Gatopardo que tiernamente llamó a Calle 13 "el U2 en español". Digo, él tampoco escuchó Rage Against The Machine.

Creo sólamente hasta donde mi pesimismo, mi cursilería y mi imaginación me lo permiten:

Imagino a los chicos que apenas entran a la preparatoria y necesitan escuchar sus inquietudes políticas y pienso que es una bendición que exista Calle 13. Pienso en los mismos chicos de prepa que aún no entienden la palabra "política" y me parece genial que exista un grupo que pueda prover esa educación tan desestimada desde que Molotov no es lo mismo: la educación en la música de combate. Iguamente pienso en aquellos que crecieron con música así y que ya no encuentran nada en la música actual que los anime a seguir en el camino de esas aspiraciones que se hacen a diario, porque la política es una actitud de todos los días, y me da gusto que exista Calle 13. En mi soundtrack mental de Wikileaks suena Muse y Calle 13. Lo pienso porque, así como los gobernantes, la música también es un reflejo de la sociedad que la propicia y siento que si existe un gurpo Calle 13 (y espero vengan más así) algo estamos haciendo bien. Algo muy pequeño como la poca gente buena que hay, pero algo bueno al fin. Y debemos continuar.




16 ene 2011

Wikipedia

Hace diez años se fundó Wikipedia. Todos sabemos qué es, cómo funciona, todos la hemos utilizado. Pocos se detienen a pensar en lo que significa y en cómo ha cambiado la rutina de muchos. Esa página es una de las cinco más visitadas del mundo (Google y Facebook seguramente son las más visitadas) y dentro de ese selectísimo grupo es la única sin fines de lucro. Esa página ha enseñado miles de cosas a muchos de sus usuarios y sin cobrarles. El trabajo es colectivo, lo cual no sólo es estupendo sino también eficiente: lo hacen miles de seres mundanos por el puro gusto y (contrario a lo que podría pensarse) es tan exacta como la Enciclopedia Británica según la revista Nature. Acaso Wikipedia, junto con Google, sea de lo mejor que ha ocurrido en el Internet.

Por otro lado pienso en las ocaciones que he escuchado que es un bodrio de página donde la información es defectuosa. Para mí, en buena medida, ese es el detalle que más me gusta de la misma. Siendo tan citada y consultada influye directamente en la creación de la mitología de nuestro tiempo. Ahí está contenido mucho de lo que creemos y pensamos, sea cierto o no. Si los mitos, desde la Antigüedad, sirven para comprender el mundo Wikipedia es (o al menos guarda) nuestra cosmogonía; pues no necesitamos que sea cierto un dato o una historia: necesitamos que sea verosímil y que explique funcionalmente lo que dudamos. A muchos les parece que este mundo ya no tiene mitos sino sólo ciencia. Para refutarlo no sólo se puede mencionar nuetras leyendas modernas (las leyendas urbanas, los ovnis, los fantasmas, las teorías de la conspiración, la criptozoología) sino las bases comunes de nuestro pensamiento estudiadas por las ciencias y las humanidades: cuando alguien, en otra época, venga a decirnos que eso que creemos es falso veremos como otro mito, otra invención, aquello que pensamos que era la verdad irrefutable. Y ambas cosas podrán estar en Wikipedia, donde consultamos lo que creemos.

De entre tantas entradas y tanta información, uno va guardando algunas cosas en la computadora. En mi caso tengo una lista enorme de marcadores de Wikipedia. Creo que la mejor forma de terminar esta entrada es con una lista de las entradas que más me han gustado de este sitio:

Kim Peek
Spring Heleed Jack
Yuri Gagarin
Viaje en el tiempo
J'accuse
Manuscrito Voynich
Pareidolia
El Loco (la carta del tarot)
El héroe de las mil caras
La paradoja del cumpleaños
El "error 404" (que es la vida misma)
La garra del león
Polybius (el videojuego)
Lichtenberg
Las frases de Lichtenberg
Diógenes el Cínico
Frases de Diógenes
El ruido de color
Eli de Gortari (bueno, ésta no es de mis favoritas pero me dio sentimiento encontrarla)


No sé ustedes, pero a mí me encanta vivir en un mundo que hace un siglo era ciencia ficción.

1 ene 2011

Mi 2010 y próspero año nuevo

Lo que más se nota en este blog de mi 2010 es que posteé muy poco, casi nada. Espero este año sea diferente. Sin embargo, a pesar de que fue un año casi tan malo como el 2009, hubo muchas cosas buenas para mí en el 2010. La principal, sin duda, mi libro. Lo escribo porque no había tenido la oportunidad de escribirlo y creo que aún estoy a tiempo. Mis Covers salieron por fin; un proyecto que me llevo tres años y muchas canciones, muchas horas de música. En el camino para que saliera el libro incluso hubo quienes tomaron prestada la idea para sus proyectos (lo cual es genial). Y por fin pude verlo impreso. Además lo pude ver en librerías que usualmente no manejan libros de Tierra Adentro como El Sotano y Gandhi.

Desde la portada el libro fue una conjunción feliz de varias cosas. Vi esa imagen hace mucho en Punto en Línea y desde entonces supe que esa debería ser la portada del libro. Curiosamente el autor es hermano de un compañero de la facultad: El mundo es pequeño siempre. Afortunadamente el libro tuvo suerte a lo largo del año. Me llevo a Colima y a Tijuana, me trajo dos reseñas (una que a algunos extrañó y otra que aún me desconcierta por generosa) y una pequeña inclusión en los mejores libros del año según Reforma. Espero este 2011 este pequeño libro blanco me traiga más sopresas y amigos. Incluso, ¿por qué no?, otro libro.

Les dejo las dos microreseñas del libro.

La primera es de Margarito Cuéllar y apareció en Milenio en medio de otras micro reseñas donde también salen Yaxkin y Maricela Guerrero:

La sintonía de Eduardo de Gortari

Si el corazón es traicionero, lo es más a una edad temprana. De Gortari (1988), defeño a quien el lenguaje radiofónico le resulta una compañía con la que no desentona, hace de La radio en el pecho (2010) una primicia rockpopera. Covero con oído para sintonizar el verso largo, jugar con las notas y sorprender con una propuesta unitaria con éxitos de ayer y hoy.

Poeta acústico, cuasi romántico, fresco: “Esta es la hora de los créditos y lo mejor que puedes hacer es contemplar los nombres de los autores// porque ya vienen las elecciones y es bueno saber el nombre de los candidatos//”.

Voz que se engarza con firmeza a las paredes del lado emotivo de la tradición.


La segunda es de Sergio González Rodríguez. Apareció en Reforma y me enteré gracias a Israel Ramírez que amablemente me informó, y lo estoy citando, que ya no era poeta ni-ni:

Música y poesía

Poeta diverso y vital, atento a sus lecturas y al mismo tiempo al pulso de lo inmediato en la música, en las calle, en las alcobas, Eduardo de Gortari elabora en La radio en el pecho (Tierra Adentro) un repertorio de poemas derivados de canciones. Poesía musical y narrativa que crece en la geografía imaginaria de la sensibilidad, cala en las páginas de los libros y muerde los sueños. La potencia en el horizonte de las expectativas. La inteligencia abierta al mundo.

Aquí la lista de los mejores libros del año según Reforma, hecha por Sergio González.

Además también tuve el honor de que mi libro fuera considerado lo "no recomendable" en poesía del año para Joaquín Guillén Márquez en Hermano Cerdo.

Quiero agradecer a toda la gente que apoyó, editó y (jeje) patrocinó el libro. ¡Mil gracias!
A ver cómo nos va este año. Desde aquí les deseo lo mejor para este año y recuerden que leer este blog, por sus pocas visitas, es de buena suerte. Saludos.

26 may 2010

De qué hablo cuando de libros y dinero

No sé si falta para que entre en vigor la ley del libro o ya entro; lo que sé es que las librerías ya han cambiado algunas estrategias de venta. Si uno entra a Gandhi dos hechos extraños: la sobrepoblación de libros en inglés y la mesa de Mondadori con volúmenes etiquetados como "producto exclusivo".
El primer hecho lo celebro (por cierto, mientras checaba el twitter de Eliud noté que no soy el único gozoso). En especial la llegada de un cargamento de Vintage con sus Murakami y sus Pamuk y sus Roth y Larsson a precios que dejan en franca desventaja a las ediciones en español. What I Talk About When I Talk About Running y The Girl Whit The Dragon Tatoo en 129 pesos es una locura. La diferencia de precios raya entre los 50 y los 200 pesos en comparación con las ediciones en español. Lástima que el requisito para que valgan la pena estos títulos es saber inglés. No son pocos los que quedan fuera. De cualquier forma la estrategia es loable: de seguir así la competencia con las editoriales gringas, las españolas tendrán que bajar sus precios. Además, los libros en inglés son más bonitos; nada que ver con el mal gusto de Planeta para las portadas. El segundo hecho no lo celebro para nada. El catálogo que Mondadori ha puesto a disposición de Gandhi es demasiado bueno: todo Marsé, todo Sontag y mucho Ballard, entre otros. Uno ve las mesas de productos exlusivos y sabe por qué a Gandhi le viene y le va si el precio es único: ahora sólo ellos lo venden. Lo curioso es que éstas son reacciones que pocos previeron a la ley del libro. Las otras no llegan aún pero ya las sabemos: Los editores de libros de textos se volverán requete millonarios vendiendo más caro y las librerías de viejo, si se ponen las pilas en su promoción, cobrarán cierto auge ante los precios (ya lo veo venir) que aumentarán en los libros nuevos a corto y mediano plazo. Sí, a largo plazo bajarán y será lo mismo cualquier librería y todos serán felices y contentos, pero mientras nos tendremos que acostumbrar (cómo sufro, caray) a las magníficas ediciones gringas.
El punto adverso seguirá siendo el mismo: no habrá más lectores, los libreros pequeños (en especial los de viejo) seguirán siendo flojos: ni siquiera son capaces de subir sus catálogos a internet. Para mí el mejor lugar para comprar libros seguirá siendo la única librería del puerto de Veracruz, en el callejón de Miranda en el Museo de Fotografía junto a la Plaza de armas, porque ahí están todos los libros que aquí, en México, se acaban pronto; allá ni quien sepa que tiene esa librería y si lo saben no les importa mucho.

20 abr 2010

Muse/Invincible

//Palacio de los Deportes, 12 de abril del 2007//

...And tonight we can truly say
together we are invincible

Alguien dirá que éstas no son mis canciones
que no son mis palabras las que suenan
pero es en esas canciones donde he puesto mi vida
Y lo digo así de llano porque no soy el único
que ha hecho de un soundtrack su ancla en el tiempo

Desde el principio todos han puesto una palabra
en esa larga canción que todos atravesamos
en la hypermúsica que nos rebasa completamente
No aspiro a que sean de mí ni de nadie estas palabras
Sólo quiero que se escuchen

Pienso en diez mil personas compartiendo una misma canción
Ahí no hay poetas porque no se les necesita
Sólo la Palabra es indispensable
Y todos pueden reiterar la Palabra
así como todos necesitan de palabras para reiterar su vida

Entonces no es alguien que canta para mí lejanamente
son éstas mis propias batallas mis propios fracasos
si cada que hablo es con la radio en el pecho
con los ojos claros mientras mi radio transmita
los conjuros necesarios para volver en el tiempo
para anclarme a él
los conjuros necesarios para ser invencible
y lo seré siempre
de menos el instante en que lo digo

17 nov 2009

He juntado muchos tickets de autobús ultimamente

Hace no mucho (un mes, acaso), compré Rudo y Cursi. Excelente película. El narrador, en algún momento azaroso, dice que sería maravillosos saber, desde un principio, si uno será un crack o un hincha. La diferencia entre pasión y talento es pequeña. Muchas cosas serían más sencillas si uno supiera su lugar en el estadio. A veces, lo que uno quiere no es lo que la vida quiere para uno.

En menos de un mes realicé tres viajes fuera de la ciudad: Oaxaca, Tepotzotlan, Morelia. Distintas razones, distintos placeres. Oaxaca: práctica de campo de lingüistica. Tepotzotlan: puente de día de muertos (por la compañia, este viaje superó, por mucho, los otros dos). Morelia: tuve el enorme gusto de ser invitado a una charla sobre, ay, literatura joven. Aquí la nota.

Hice cuestionarios de mazateco y jugué póker; me fotografié junto a un pato y visité con Naye el museo del Virreynato (también compramos calabazas de barro); conocí la catedral de Morelia, visité amigos e hice amigos. Además, volví a tocar con mi grupo de azotea. La mejor tocada de mi vida. ¿Qué más da lo que la vida quiera para uno? Va bien la cosa.

Tres canciones que me han acompañado estos días:





23 sept 2009

Como la lluvia

Como se habrán enterado en las noticias, el Heroico Río Magdalena (el único vivo en esta ciudad que no lo merece y que sirvió de inspiración a Juventino Rosas para crear el "Vals sobre las olas") ayer cometió la irresponsabilidad de desbordarse en varios puntos de su recorrido. 22 coches perdidos, además de calles y casas inundadas.

Como algunos de ustedes sabrán, tengo la dicha de vivir cerca de su cauce. Como supondrán he tenido problemas por ello. Durante esta época de lluvias en cuatro ocasiones, mientras llovía, el agua intentó adueñarse de la casa abriéndose camino por las coladeras. Era agua blanca, fluvial; olía mal, pero sólo eso. Tímida, sin decisión para adentrarse en los cuartos, controlarla era relativamente fácil. Cansado, oloroso, lento, pero fácil. Sin mayor tragedia. Su último intento sucedió ayer, la encontramos en la coladera del baño. Fue controlada sin complicaciones.

Hoy en la mañana me despertó un grito de mi primo. Pensé que era alguna de esas cosas mínimas que sólo puede expresar gritando: "!ven, gané equis partido del FIFA¡", "!Mira el gol que acabo de meter!,"¡un alacrán!", "¡no hay papel!". Me equivoqué. Al parecer se despertó y acudió al baño aún somnoliento. Mientras orinaba el agua de la taza le pareció más turbia que de costumbre, más espesa, más rápida, más café. "¿Debería ir al urólogo?", pensó confundido. Luego una fuente brotante, un geiser en mi baño. Luego en las coladeras, en todas partes. Cuando abrí la puerta de mi cuarto un río de agua de caño, café, espesa, rápida y olorosa, entraba audazmente a la casa como un ejército victorioso. Después de varios intentos fallidos en versión fluvial, tan de guerra de guerrillas como cobardes, el agua al fin mostró su carácter incontrolable, indomable y, sobre todo, indiferente a lo que encuentra a su paso.

Una revolución se gestaba en la casa y yo apenas alcancé a ponerme los tenis que uso en estas ocasiones: altos, sucios, dignos a morir en la batalla por el equilibrio de las fueras naturales: sólo los uso cuando mansamente se inunda la casa o cuando limpio algo meriotorio de la mugre. Mi primo no corrió la misma suerte: descalzo, a su alcance unicamente encontró las patas de una cama sin cama. Eran tres, y, en un extraño vals, iba colocando frente a él (sobre las olas) la tercera pata, daba un paso y delante ponía, con ayuda de un palo de escoba, la pata rezagada y así sucesivamente. Pasé indiferente a su lado; él apenas había descubierto el sistema de rodillos cuando yo gozaba la tecnología de las altas y secas suelas de hule.

El agua lo cubrió todo. Había que ocuparse en el resguardo de la población privilegiada: sacar las guitarras, el amplificador, los libros en mi cuarto (en especial aquella primera edición de Morirás lejos de José Emilio Pacheco), la ropa para ese día, las películas, la tarea. Heroicamente la mujer que nos ayuda en el aseo (de menos la tragedia ocurrió el día en que nos visita) sacaba el agua con una escoba. Entre escobasos y el vals de zancos circenses tomé dinero, el celular, las llaves y así, en pillama, a llamarle a mi madre; uno debe informar con tiempo al gobierno federal de las catástrofes caseras.

Horas más tarde el agua había cedido. Pero todo seguía mojado, todo seguía oliendo a mierda. El hedor fue (y sigue siendo) invencible ante el embate del clorox, el pinol y el trapeador. Sólo quedó tirar a la basura las bajas, deshacerse de aquellos objetos que tuvieron la mala suerte de estar donde el agua y su fluir insurgente. Horas más tarde las quejas en la delegación, en la comisión de agua y saneamiento. Prometieron venir mañana para desasolvar, cuando debieron venir hace meses a controlar la rebelión latente.

He aquí que me encuentro en el piso de mi madre, derrotado, sin poder acudir a mi sotano en cuarentena. El olor es insoportable, nauseabundo. Veo las noticias, los coches que el río se llevó, las casas que inundó. Mis tragedias son menores y eso me reconforta en cierto modo -aunque no dejo de sentirme mal por aquellos que sí sufren el agua en este momento. Una alfombra podrida, la baja más importante. Mi primo, con es innata sabiduría popular, exclamó en los peores momentos, cuando afirmé que todo se había ido a la mierda, "no todo se fue a la mierda; la mierda se fue a todo".

Disfruto la sequedad a mis anchas en este momento, disfruto la humedad si se me antoja, como debe de ser o como queremos que sea para nosotros que vivimos donde hubo un lago, donde la naturaleza siente que sigue un lago vivo. Y esto afecta incluso a los que habitamos los cerros: "Me valen las lluvias: vivo en una subida", decía antes con tanta confianza que me avergüenza. Sin embargo, com dije, mis tragedias son menores; algunos perdieron el coche, otros la casa. No tengo nada de qué qujarme. Bueno, sí, puedo quejarme del olor. Porque, como escribió Pacheco en su genial último libro, todo se va como la lluvia. Pero ah cómo apesta a mierda cuando se larga.

18 sept 2009

13 sept 2009

Muse: ridículamente geniales

Y si todo esto no fuera monstruoso, ¿no sería soberanamente ridículo?
Tita Valencia

La ciencia-ficción fue un género fundamental para la crítica política dentro de la literatura y el cine en el Siglo XX. Suena raro si se enuncia de golpe, pero deja de serlo si nos ubicamos en la Guerra Fría, por ejemplo, y pensamos en la sensación que causaba leer en aquel tiempo 1984, Un mundo feliz o Fahrenheit 451. En ese momento todo, políticamente hablando, era posible. Incluso las páginas más perversas o increibles de estos libros resultaban extrañamente familiares para los lectores. Todo era posible, sí, aunque el feliz término de las confrontaciones era, muy seguido, más fantástico que los mundos insertos en los libros de Orwell o Bradbury.

Esos libros sirvieron al momento de su aparición para vislumbrar o adevertir futuros capaces de ocurrir; cualquier final trágico era probable a los ojos de muchas personas y, en el peor de los casos, inminente. Hoy sirven para cotejar el presente con aquellas realidades: qué estuvo a punto de ocurrir, qué ocurrió, qué es familiar aún, qué fue evitado. Es claro que estas novelas seguirán ostentando el dote de parecer proféticas, pero su vigencia se ciñe a su capacidad de descifrar los tiempos actuales, ya que (recordemos lo obvio) nosotros, año 2009, somos el futuro en relación al año de 1948. Al situarse en espacios y tiempos imaginarios por completo, esta vigencia de la ciencia ficción es más fuerte que la de algunas obras políticas realistas; éstas últimas peligran en la capacidad de relacionarse con la realidad del lector al tener los pies bien puestos en la Historia. Es decir, mientras la ciencia ficción parece tener inagotables maneras de leer el futuro (por más rebasado que éste parezca), la literatura basada en hechos históricos, a los ojos de algunos lectores, sólo es capaz de leer el pasado: horóscopo secular versus situaciones y contextos sumamente vigorosos, increiblemente atroces, pero caducos.

Ahora bien, esta larga introducción era sólo para contextualizar el último disco de Muse: banda que, por no abandonar cierta ingenua teatralidad y el regocijo de cantar sobre teorías de la conspiración, siempre ha parecido un tanto ridícula. No lo niego y lo repito: son ridículos. Lo dejaron muy claro con su anterior disco, Black Holes And Revelations: once canciones de épica apocaplíptica espacial: el soundtrack perfecto para cualquier película que verse sobre el fin del mundo. Ridículos, efectivamente, pero también geniales: ¿Qué grupo en los últimos diez años dentro del mainstream ha logrado generar un discurso político digno en sus discos sin parecer, a los oídos del gran público, difíciles de entender en ese nivel de lectura (Radiohead), incapaces de rebasar la moda donde se generaron (System of a Down), demasiado "violentos" y con causas muy particulares y precisas (Rage Against The Machine), con poca credibilidad (Coldplay), con visión limitada al pensar que los problemas de su país son los del mundo (Green Day) o simplemente choteados (U2)?

A mi parecer sólo Muse llena el perfil cabalmente. Y es curioso porque este grupo se sirve de muchos elementos (musicales y literarios) de casi todos los grupos anteriormente mencionados.
Sin embargo sus logros van por otro lado: El éxito de Muse para generar un mensaje político es que se basan en la premisa de ser rídiculos: no requieren creedibilidad porque nunca se han sentido ni mostrado como meriotorios de ello y esto los salva de ser, cosa peor, cursis. De hecho sus letras políticas suelen ser, efectivamente, cursis y los lineamientos políticos bastante ambiguos. Pero en este mundo en que ya a casi nadie sorprende una opinión política ser ambiguo y cursi es un acierto; el discurso se vuelve accesible a casi cualquier escucha y éste, ya que la letra es difusa, genera relaciones con el contexto político inmediato o con el mundial sin sorpresas ni baches. A diferencia de lo que pasaba muchas veces con RATM, con Muse no hay que saber mucho del EZLN o del racismo en E.E.U.U. para entenderle o, mejor aún, para apropiarse del discurso: El mensaje de Muse tiene mayor plasticidad (aunque no pierde la esensia): es adaptable y rebasa su nicho sin mayor dificultad que la del idioma.

La clave de todo está en el uso de la ciencia ficción. El nuevo disco de Muse, The Resistance (basado en 1984 de Orwell), ofrece un futuro gobernado por el totalitarismo; no es nada ajeno a la realidad y sin embargo suena inverosímil cuando ellos lo dicen. Esto ocurre porque su postura ante el futuro no es más que un despiste; en realidad hablan del presente. Así como 1984 se escribió a partir de las suposiciones sobre las tendencias a seguir con el socialismo y el capitalismo para leer presente y futuro, el paralelismo de The Resistance yace en nuestra realidad junto a una exageranción brutal de la misma partiendo de las más actuales (y disparatadas) teorías de la conspiración. El mundo que el grupo inglés propone es un espejo de feria donde todo se ve más grande y atroz de lo que en realidad es. Y por supuesto cuando algo se agranda mucho se vuelve (palabra del día) ridículo. Muse es un grupo que piensa que si te dicen que los niños de África se mueren de hambre y que el gobierno de los Estados Unidos es el Cuarto Reich los tomarás por ingenuos; en cambio si te dicen que los extraterrestres quieren gobernar la Tierra y que debes luchar por la supervivencia del género humano tal vez pienses que es mejor preocuparse por la maldad terrícola y porque el buen gobierno empiece en casa.

Tengo dos ejemplos para esto. El primero refiere a dos canciones del nuevo disco, "Resistance" y "MK Ultra". La primera canción habla sobre la relación que en el libro 1984 tienen sus personajes principales, Winston Smith y Julia sellada en el coro por una cursi sentencia: "love is our resistance". Pero si uno toma en cuenta que la situación planteada remite a un búnker secreto, a que es casi seguro que serán encontrados y capturados, qué más te queda, qué puedes hacer: El amor deja de ser un arma invencible; se vuelve un consuelo inservible o una trampa perfecta (como ocurre en el libro, de hecho). Por su parte, "MK Ultra" remite al proyecto homónimo de la CIA donde hacían experimentos para control mental, pero la misma letra encaja muy bien si hablamos de algo más cercano y tangible como el control gubernamental o empresarial sobre medios de comunciación en tantos países. Si checan las letras pueden ver que ninguna de estas conclusiones es forzada o disparatada. Y si bien busca un cierto nivel de lectura, no es difícil que muchos escuchas saquen conclusiones parecidas por su cuenta. Las letras de Muse son mucho más accesibles que las de Radiohead (en cuanto sutilezas estilísticas y referencias literarias) o las de RATM (en cuanto a referencias políticas actuales), pero no tan simplonas como algunas de Green Day o U2.

Por otra parte no olvidemos que Muse tiende a complementar su mensaje con el material audiovisual: en sus conciertos uno no sólo ve decoración con motivos extraterrestres, sino también imagenes y video en las pantallas sobre cosas más mundanas (desastres naturales, represión política, escenas de guerra, etcétera), pero como te dicen que no es en serio lo que dicen (a diferencia de U2) no parece rebuscado, ni ingenuo, ni gastado el discurso: parece complementado.

Cuando parece que Muse exagera o miente, dice la verdad; cuando afirma tener la verdad, miente o exagera a todas luces. Lo digo por mi siguiente y último ejemplo:

Como pueden ver es una imagen contradictoria (por no decir, nuevamente, ridícula). Es la portada del primer sencillo del disco, "Uprising". Y es más extraña si agregamos un fragmento de la letra: "They will stop degrading us/They will not control us/We will be victorious". Esta letra quiere sonar a cualquier cosa que no sea tonta, cursi, risible. ¿Pero qué debe pensar uno con esta imagen? En palabras del vocalista Mattew Bellamy, esta imagen representa a la sociedad actual: tan maleable y con la misma iniciativa que podría tener un osito de peluche. ¿Qué "levantamiento" podría organizar un ejército de osos de peluche? ¿El mismo que nosotros? Es risible la idea, sí, pero no equivocada. Aunque, ¿qué se puede esperar de un grupo cuyo disco más paranoico empieza desmintiendose y haciendo ironía de sí mismo al cantar "The paranoia is in bloom"?


Muse es un grupo digno de la época en que vivimos, donde la paranoia, la abulia y el descontento improductivo son el pan de cada día: Saben que para marcar su descontento no basta con hacer lindas referencias bíblicas a cada paso como Coldplay (aunque el Viva la Vida me guste mucho) o con pedir la liberación de Mummia Abu-Jamal cuando la mitad de la gente que te escucha no sabe quién es él y no le interesa saberlo (como le pasó a RATM): el chiste es mezclar la verdad con risibles teorías de conspiración; mezclar lo genial con lo ridículo: !Viva la resistance!



27 ago 2009

En el limbo de Filosofía y Letras.

De momentos me arrepiento de entrar Letras Hispánicas; a veces muy aburrido, otras, muy pesado. Supongo es temporal, cosa de acostumbrase. Quizá se trata de la extrañeza de estar donde quería, en el lugar donde quería, aunque fuera a destiempo. Es extraño tener lo que uno desea, es casi un castigo. Pero, como dice don Quijote, "la ventura va guiando nuestra cosas mejor de lo que acertamos a desear". Sí, mi clase favorita es sobre el Quijote.

Fuera de eso las demás cosas a mi alrededor se encuentran en un extraño limbo. Escribo, pero no me preocupo por qué, cómo, cuándo. Sólo escribo. Sigo con mi grupo de azotea, con nuevas canciones y nuevo baterista pero tampoco me preocupa. Reyes tiene toda la razón cuando dice que el secreto de la paciencia es la indiferencia. Y sí, muchas cosas, ultimamente, me dan igual. No es que dejen de ser prioridades; sólo son un limbo.

Por cierto, en el último número de la R&R (n.100) salió un artículo mío sobre los beats. Espero puedan comprarla y espero les guste. Saludos.