LA IMAGINACIÓN O EL CORAZÓN PERDIDO DE LA POESÍA MEXICANA.
Ellos se engañan porque en el fondo de sus corazones saben que toda ficción poderosa es por densidad. La densidad de una obra es que no pretende dar solo significado, sino dirección, sentido. Harry Potter es una ficción poderosa, genera movimiento, genera aspiraciones, y valores que se asimilan. Sin embargo no toda obra poderosa tiene la bendición del mercado, la ficción corre los riesgos de ser un libro más que se cierra.
Ver “lo bueno o lo malo” del poema resulta tan superficial como clasificar a sus creadores en “buenos y malos” poetas, habría que pensar en la densidad de un poema que a lo mejor no entiendo o que me mueve al enojo. La densidad del poema: un hasta adónde pretende, habría que preguntarse… y en su caso evaluar.
La ficción igualmente tiene el poder de crear a los lectores de su mundo, de su entendimiento, sean humanidades luminosas o monstruos kamikazes, sean robots o animales travestis. Ruptura es asentar una nueva tradición.
En ese sentido quizá sea tanta la ruptura del sabio que ha recorrido todas las tierras, como las del profeta loco que ha descifrado los números del universo, sean ellos los poetas que han dado cuenta de una ficción sobrehumana, he ahí la genialidad. La realidad no existe, toda ficción es realidad, nuestra realidad es una ficción.
Poemas así, obras así, plantean el desafío: una apuesta mortal contra el tiempo que vive un solo hombre.
La ficción es un rito que queda en las mentes, más allá que en sus páginas. Y algún día en que los robots sean realidades o la humanidades luminosas, los monstruos suicidas o los animales travestidos. Algunos esos de los que se callaron dirán: pero si esto lo conozco y esto es un texto que soñé. En México los caminos de las escrituras potentes están más cercanos al ninguneo por el silencio, y a veces a ser descalificados como “sinrazones”, malos poemas o como textos con partes “rescatables” (para los más benevolentes). Estos lectores enclaustrados piensan que la literatura se acaba al cerrar el libro.
Sin embargo la poesía es pan en otros sectores de nuestro país (por poner el caso de comunidades indígenas) existe un delirio poético que se lee, se siente, se comenta, se festeja y el libro siempre queda abierto en las casas.
Los grandes poetas crean porque ellos son medios, prestan la voz a ficciones poderosas: dioses, sentimientos, ciencias, artes. Las grandes ficciones crean Valor, Aspiración, las obras fuertes son Éticas.
En el panorama nacional cada vez nos cansamos más de los ya acostumbrados “buenos poetas, comedidos muchachos”. Ellos que solo repiten las ficciones de su tiempo, cubriendo un segmento entre la televisión y el reloj mercantil.
Son los “poetas correctos” para un público que al cerrar un libro sólo le queda el recuerdo de haber leído un buen poema. Nada más.
La ficción no es hacer lindos versos, “buenas” imágenes. Por origen ficción es romper y recrear las reglas. Desde las más elementales que son las de la naturaleza. En el mundo real una manzana se cae al piso, en la literatura los animales son hombres y la gente vuela, y por ende las reglas políticas, religiosas, morales, mercantiles, personales también pueden romperse y recrearse. Por eso la ficción puede poner en jaque a un sistema político entero. Ficción es poner otras reglas del juego.
Todo poeta de nuestro aprecio debería ser místico, sabio, loco, profeta, científico, medium, y nunca más volver a ser poeta, todo poeta de nuestro aprecio es aquel poeta del que no podríamos reírnos por la simple cara de su texto.
Cansancio de las caras bonitas,
imaginar el corazón perdido de la poesía mexicana.
Yaxkin . Melchy
Yaxkin ataca de igual modo la perfectura y vacua superficie de los poemas: perfectos juegos de palabras que no dicen nada (que no se confunda con la nonsense poetry o poesía de la sinrazón; ahí hay voluntad). Es un extremo que se debe esquivar. (Me doy cuenta, al hablar de extremos, que siempre persigo un equilibrio en las cosas). Pero tampoco se puede obviar la verdadera importancia de la hechura. Parto de que fondo y forma son lo mismo, una unidad indivisible, inseparable. Una parte no puede existir sin la otra para que se dé el poema y si se menciona una parte se menciona a la otra. Si es puro fondo o si es pura forma (que, efectivamente, es lo que se suele apreciar más, injusta e indebidamente) no hay poema. Relaciono con lo dicho por Eliud en su comentario de la entrada anterior, lo que escribe Yaxkin alrededor de la relación poeta/entorno y la gravedad de un problema mayor.
En cuanto al canon, me agrada la definición de Yaxkin, por asequible: las reglas del juego. La cosa es, nuevamente, si uno querrá estar dentro o no del juego y las razones de dichas decisión. También, cierto es, la literatura no acaba donde acaba el libro. Y puede que esa noción se haya olvidado o diluido. Esto tiene que ver con lo dicho por Nayeli en un comentario de la entrada anterior sobre la importancia de la literatura: aquello que sólo la literatura nos puede decir, nos puede dar. Parece ser, y siento en que ahí hay un tácito consenso, es que todos refieren de algo que parece perdido. El "qué" aún es confuso e incierto. Sea lo que sea, siento, ese "qué" sigue ahí y sólo hay que reiterar su presencia.
Por cierto: sé que alrededor de esta charla hay voces sabias que han guardado silencio. Grato sería escucharlas.










