27 ago. 2009

En el limbo de Filosofía y Letras.

De momentos me arrepiento de entrar Letras Hispánicas; a veces muy aburrido, otras, muy pesado. Supongo es temporal, cosa de acostumbrase. Quizá se trata de la extrañeza de estar donde quería, en el lugar donde quería, aunque fuera a destiempo. Es extraño tener lo que uno desea, es casi un castigo. Pero, como dice don Quijote, "la ventura va guiando nuestra cosas mejor de lo que acertamos a desear". Sí, mi clase favorita es sobre el Quijote.

Fuera de eso las demás cosas a mi alrededor se encuentran en un extraño limbo. Escribo, pero no me preocupo por qué, cómo, cuándo. Sólo escribo. Sigo con mi grupo de azotea, con nuevas canciones y nuevo baterista pero tampoco me preocupa. Reyes tiene toda la razón cuando dice que el secreto de la paciencia es la indiferencia. Y sí, muchas cosas, ultimamente, me dan igual. No es que dejen de ser prioridades; sólo son un limbo.

Por cierto, en el último número de la R&R (n.100) salió un artículo mío sobre los beats. Espero puedan comprarla y espero les guste. Saludos.

6 ago. 2009

He vuelto

Tuve un verano de lluvias y comida veracruzana, que es lo mismo que comida chatarra. Tuve en Veracruz (la ciudad con las mujeres más gordas del país) una semana genial con Nayeli y los amigos. La belleza de las playas depende de la persona con la que compartes la vista (verdad, Nayeli). Grato fue ver a mi familia (con todo y la chiquita y el picho feo) (chiste local) (de hecho extraño al picho feo y cómo es de molesta). Lo mejor de Veracruz es que aún es una ciudad que se puede caminar, que se puede gozar en la lentitud del paso sobre el bulevar o el nuevo parque que está Boca del Río donde estaba el feo malecón que antes tenía. O el paso lento junto a la playa, aunque se llenen de arena los tenis.

¿Han estado con los amigos y la novia en el patio mientras llueve? Se los recomiendo, claro, si la lluvia no es molesta y están a 30 grados de temperatura. También les recomiendo ir solos con la novia al mar, el provocativo acto de poner el bloqueador en la espalda y la cantidad necesario de berilo en el ambiente.

Luego me fui a Xalapa dos semanas (la ciudad con más coches per capita en el país). Lo acepto: siempre me disgustó esa ciudad. Esta vez me convenció. Me convenció tanto que me gustó. Aunque extrañe el chipichipi y la niebla. El clima era casi el de la Ciudad de México; toda una desgracia.

Creo que fue un curso extraño; llegué seguro de mí y de cómo escribo y me fui felizmente inseguro, lleno de preguntas e inseguridades sobre la literatura; supongo eso fue muy provechoso. Las preguntas de siempre: ¿Qué haré con mi vida? ¿De verdad quiero esto? Todo mundo en el curso parecía no preocuparse por eso bajo el bombardeo intenso de realidad que tuvimos dos semanas. Quizás porque el curso es una ensoñación y al no pertenecer a la vida cotidiana las realidad que afronté en las clases no parecía tan asequible. Sin embargo una frase de Jorge F. Hernández lo resume todo: "El que escribe, escribe; y el que no escribe, no escribe. Pero el que escribe de verdad, escribe, incluso, cuando no está escribiendo."

Cosas buenas que salieorn de ahí: libros, discos, gente que escribe chingón y es mejor persona aún, una taza, unnos aretes perdidos, una pulsera y escribí un nuevo libro de poemas. Y la amistades que hice en el curso valdrán en la medida que sigan afuera de él.

Me gusta que esté lloviendo aquí en México en este momento; en Xalapa no llovió. Ya veremos si sale este libro.