21 may. 2009

La poesía joven y la crisis de la poesía (con todas sus referencias)

Quizá todo ha sido un ingenuo chismorreo. Quizás no parezca tener sentido. El hecho es que de pronto nos dio por pensar algo que ya sentíamos desde hace mucho. Ese hecho es ya bastante sano por sí solo. No creo, para nada, esto tenga un fin posible. Si hacemos bien las cosas, nos la pasaremos discutiendo esto toda la vida. Afortunadamente, lo que empezó como un lapsus de enojo en este blog se extendió a los blogs amigos y a los que comentan todos nuestros blogs. Ahora bien, me limitaré a hacer un recuento. Antes, les recomiendo el ensayo que hizo Krishna Avendaño en su blog. Es un interesante acercamiento a la discusión desde el punto de vista de las ciencias sociales.

También Daniel sumó un comentario interesante sobre el ensayo de Yaxkin en su blog y en el de devra. Lo transcribo:

Bueno, considero que algunos puntos son bastante desafortunados, empero, vaya que develan una constante en el panorama literario “joven” actual, pues demuestran el tipo de lecturas que se emancipan de lo sensible para desplazarse por un análisis más somero de mera estructura, ritmo, forma, influencia y hasta personaje; que si bien son importantes (casi todos y a veces) no son lo único para la lectura.
Está claro que todo arte es contemporáneo y basta echar un vistazo al contexto actual para observar –o por lo menos especular- los temas a escribir de estos momentos, sin embargo, y esto lo digo sin afán de molestar, hablar ahora (y ni decir del determinar) de las “temáticas de un grupo” o bien de una generación, es por lo más ocioso y poco atinado, pues el tiempo se encargará de determinarlas al quedar inscritas en su propio curso, vamos, como si el vivir mismo no fuese tema principal en el crear de todos los tiempos.
Ahora bien, quizá el meollo del asunto radique en reconsiderar nuestra postura hacia el arte y lo que hacemos. Recordemos el mensaje de Duchamp: lo pongo en una galería y lo alabas, lo pongo en el baño, vas y lo meas. Aquí entran las preguntas: ¿No sucede, aun, de esta forma el circular del “arte”? ¿Es este el camino que queremos para nuestra tentativa de contacto? Lo dejo a su criterio. Tal vez la solución esté en nosotros mismos, pues como bien hemos platicado Yaxkin y un servidor, hay que creernos profetas, videntes, carpinteros o iguanas, que importa, pero creamos, pues si de algo se trata el arte es de creer que con lo que haces puedes cambiar al mundo; y aquí agregaría, aunque ese mundo sea el de la cabeza de otro (así ese otro pueda ser uno mismo).

Creo que es justo el comentario de Daniel pues es muy sano que no olvidemos esa idea de poeta que propone (tópico que ha brillado fuertemente con los poetas malditos y en México con Al fonso Reyes y que nos viene desde Platón): Quizá eso signifique que debemos revisar con más atención a los clásicos (pinches clásicos, siempre hay que volver a ellos) dado el grado de simpatías que hemos tenido en esta discusión con ellos. Sólo agregaría una cosa: no es ocioso ni poco atinado empezar la crítica literaria de una generación desde su gestación. De hecho, todo esto que estamos haciendo es, justamente, una muy incipiente crítica. Además, un gran problema de la crítica literaria actual es su afán de esperarse a que el autor esté muerto para empezar a hacer la crítica de su obra. De ser cierto lo que dice Daniel, no deberían haber reseñas de libros recientes, y menos si son jóvenes. Es sano y propositivo hacer crítica literaria paralela a la creación. A falta de una crítica literaria paralela la la gestación de una obra o una generación, seguido se desarrollan muchas de las cosas que nos disgustan del panorama literario: el ninguneo, las mafias, los prestigios a base de relaciones públicas, y un enorme etcétera. Además, la crítica paralela a la creación es una gran formadora de lectores: muchas veces la crítica es la que se encarga de hacer llegar a los lectores obras de valor. Para eso son, como dije, por ejemplo, las reseñas. En todo lo demás estoy de acuerdo.

Ahora sí: He aquí las entradas de mi blog sobre el asunto (el primero "Crisis de la poesía" es mi opinion, los demás son comentarios sobre los ensayos ajenos):
Crisis de la poesía.
La joven poesía I
La joven poesía II
La joven poesía III

En el blog de Yaxkin:
La imaginación o el corazón perdido de la poesía mexicana

En el blog de Manuel:
Portarretratos (Primera parte)
Portarretratos (Segunda y última)

Además, cabe señalar, que muchos comentarios de mucha gente se lucieron por buenos. Leánlos también.

Nuevamente la joven poesía

Roberto, muy atentamente, nos mandó una carta con su opinión sobre lo tratado anteriormente. La posteo completamnete como me llegó. Al final están mis observaciones. Es muy larga, aviso.

Ante todo creo que debo de iniciar con un cordial saludo a todos los que lean esta carta y reiterar mi respeto y admiración hacía el trabajo de varios de ustedes como escritores.

Ahora, bien, el motivo de esta carta es expresar mi punto de vista respecto al debate que se ha dado respecto a lo que varios de ustedes han dado por llamar “Crisis de la poesía”. Más específicamente, me llama la atención que esta crisis de la poesía sea vista no en una manera general y se señalen solo algunos aspectos con cierta especificación. De este punto trataré de desarrollar mis ideas lo más claramente posible y espero que mi punto de vista sea bien recibido, causando respuestas de todo tipo que serán bienvenidas.

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Se habla de una crisis de los lectores y una crisis editorial, la que cabe señalar siempre ha existido desde invención de la imprenta al ser pocos los que podían acceder a un material bibliográfico y con la llegada de la revolución industrial y el capitalismo como eje conductor de occidente se ha mantenido, gracias a la marginalización de la cultura, ya sea por el nacimiento de los medios de comunicación o por el desinterés general de las masas (claro esta, que la última podría ser el fin al que ha llegado la primera). No creo que las reglas del mercado tengan un gran peso sobre el problema. Los aparatos culturales del estado en la mayor parte de las naciones occidentales no han logrado llevar a las masas hacia la cultura, ya se porque los medios que se poseen son insuficientes o por el desinterés de estos aparatos para llevar una educación humanística a sus pueblos. Por otra parte, los organismos independientes, hacen su trabajo como pueden, a la intemperie en busca de aquellos que sientan un interés y una curiosidad hacia la cultura, pero no pueden ir más allá. Si nos vamos por esta vía descubriremos que esta “crisis” no solo abarca un solo aspecto sino se extiende a todo el ámbito. Desde este punto igual podemos hablar de crisis en la poesía como de crisis en la pintura, el cine y la música como también se ha señalado en alguna parte. No creo que esto tenga que ver, y reiterare el término, con una “crisis económica”. Bueno, esta claro que es solo una pequeña parte del problema, al que se le presta más atención por estar en tiempos turbulentos y que nos hace voltear hacia diferentes direcciones donde vemos una fractura. La crisis principal a la que muchos se niegan a ver es la “crisis del espíritu”. Desde las carnicerías sufridas en las Guerras Mundiales, el alzamiento hegemónico de un estado por encima de todo occidente y de un sistema de vida impuesto por este, junto con los cismas políticos sufridos en diferentes naciones y la polarización consecuente que sufre el mundo ante dos visiones filosóficas, políticas, económicas y culturales, la mayor parte de la humanidad se convierte en el presagio que venían escribiendo y detallando los poetas y filósofos del siglo XIX. Quisiera no recalcar aquí ciertas perspectivas personales, pero no puedo. El siglo XX ante estas circunstancias se ve dedicado a tratar de desentrañar esta serie de resultados y cuestionamientos a partir de que la pesadilla se hace visible a todos. Kafka es el paradigma de cómo se ve a sí mismo el hombre de este siglo y sobre cuales son las adversidades a las que se ve enfrentado. Pero creo que me estoy yendo por otro lado. Si bien, estos son los puntos de partida de los cuales se vienen desarrollando estos cuestionamientos, creo que es a partir de la caída del sistema marxista que enfrentaba al capitalismo cuando los cuestionamientos no solo se hacen mayores, sino que empieza un proceso de cambio mayor a ya visto durante todo el siglo. Nosotros, los que nacimos tras la consecuente caída del Muro de Berlín somos un punto y aparte en el desarrollo del mundo, y más específicamente de la cultura. Las raíces del árbol se expanden y bifurcan conectándose y todas las cuestiones que se venían desarrollando tiempo atrás empiezan a dar respuestas. Pero estas respuestas no son tan claras como se podrían pensar, y al estar escritas en clave tienen que descifrarse por medio de una crítica que nosotros tenemos que hacer ante la situación actual. Vuelvo al punto. Si hablamos en estos momentos de una crisis cultural y por ende, una crisis en la poesía, no nos podemos referir desde nuestros planteamientos simplemente con un punto de vista local, sino deberíamos extenderlo a un punto de vista general de las cosas. He aquí el primer desliz de este debate, y si bien, Eduardo ha hablado desde su blog de varios aspectos de lo ya señalado, creo que deberíamos conjuntar a todos. Como escritores nos afecta más en el campo de batalla donde nos desarrollamos-desentrañamos, no solo debemos de concentrarnos en una parte de la geografía del problema sino extender el campo de acción hacia otros ejes. Pero bueno, creo que por el momento he dicho lo que puedo al respecto sobre ello. El debate desde este punto sigue corriendo.

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Continuando con este debate, y por encima de el punto anterior que creo queda claro, me han llamado la atención por encima de todo que este debate se centre en tres ideas principales que al parecer son lo que más nos concierne a nosotros. “La poesía mexicana”, la “tradición, la ruptura, la vanguardia” y “el desarrollo de esto temas por parte de una generación de escritores jóvenes”.

Empezando por el primero hay un consenso respecto al estado de la poesía que se escribe en este país, hay una sensación general de insatisfacción respecto a lo que se escribe en México. Por encima de todo, a la poesía, y se le achacan estos males a ciertas “enfermedades locales”. Desde la “institucionalización” a la que se apega el intelectual mexicano, el desarrollo de “una carrera” consecuencia de esta, hasta la sequia espiritual de las generaciones pasadas respecto a la creación. No disiento de estos puntos, al contrario, soy uno más de los que están de acuerdo con estos señalamientos. Y creo, que esto es un problema muy subjetivo. En mi caso, yo achacaría la culpa de los males a las escuelas de ciertos autores y nada más. Sin embargo, me llama la atención los ánimos que se levantan por encima de todo respeto al localismo de lo señalado. Si bien, el contexto en que no estamos desarrollando al ser una nueva generación de creadores esta viciado, no es una rareza en el panorama de la poesía mundial. Siempre existe este caso, y lo que se debe de hacer es romper con estas ataduras del medio. Esto es una frase bastante insulsa si simplemente se dice y no se llega a desarrollar. El problema reside en ver si aquellos a los que les afecta esto están dispuestos a poner de su parte para que haya un cambio. Hay distintas maneras de observar que es lo que sucede, y hay distintas opiniones sobre lo que se debe hacer. Desde mi punto de vista, como creador, el estado de la poesía mexicana, de la narrativa y de la crítica es un problema menor debido al localismo que se le quiere imprimir. A mí, al menos, no me inflama tanto los ánimos. Por esta afirmación, he de pasar por poco más que un nihilista, más no es así. Yo no creo que la literatura, y en este caso, la poesía que desde mi parecer va más allá de entre los géneros literarios, tenga que encasillarse en “localismos” (sí, otra vez la mentada palabra), sino que como toda creación humana es inherentemente universal y de la importancia de todos los hombres. Creo que nos enfocamos en este punto más por como puede afectarnos a nosotros, como escritores que se desarrollan en un contexto político, cultural, económico y social, que a como puede afectar a la obra, que es lo importante. No digo que haya que desentenderse de esto y dejar las cosas como están, sino que el peso que se le da es, a mi parecer, excesivo. Mientras un escritor tenga en cuenta que la creación es por encima de todo a lo que debe de estar sujeto, podrá entender desde que punto es una limitación ceñirse a ciertos esquemas del tipo ideológico. ¿Hablamos del nacionalismo implícito que debe tener una obra o de la sinceridad y la ética que debe de seguir un creador respecto a esta? Creo que algunos de nosotros hemos tenido la oportunidad de acercarnos a las obras de ciertos escritores de nuestra generación que no son mexicanos y no por eso hacemos menos su obra ni creamos una discusión sobre que “literatura nacional es mejor. Y es debido a que la obra de estos escritores tiene un carácter universal, como debe de aspirar a tener la nuestra. Como escritores mexicanos, debemos de aspirar a no encerrarnos en nuestro medio sociocultural, sino a que este propio medio se vea representado en la obra no solo como un tapiz restringido de una nación sino como un tapiz del ser humano, que por tanto es universal. Eso de encasillarse en literaturas nacionales se me hace una puerilidad. Es verdad, los creadores han logrado hacer una sequia de su obra y deja mucho que desear, pero también señalamos que hay excepciones y que si esas excepciones no son tan conocidas o acaso son silenciadas no significa que todo este perdido. Si, hay una sensación de que falta algo, pero no creo que con restringir el problema a algo local sea la solución. Y creo que hay que abrir puertas y ventanas, y no solo decir que la poesía mexicana esta jodida, sino admitir que en dado caso, si nos queremos encasillar en eso términos, hay que decir que también la poesía chilena esta jodida, que la poesía peruana esta jodida, que la poesía estadounidense esta jodida como la poesía española, checa o italiana. Y si están jodidas es porque un grupo trata de encasillarlas en esto, porque hay una falta de comunicación entre los poetas. Una literatura nacional empequeñece por sobre todo a la obra. Sé que hay un dialogo entre poetas de países diferente, y que este dialogo es amistoso y crea raíces. No se interpolan las cualidades de una literatura con otra por su nacionalidad u origen, sino que se hermanan gracias a las cualidades universales que tienen. No es decir que Octavio Paz es para los mexicanos, como T.S. Eliot para los estadounidenses o ingleses, o Vallejo para los peruanos. Ya sea Paz, los contemporáneos, los estridentistas o Mario Santiago, es por las cualidades de su obra, que no simplemente son para México, sino para el mundo. O bien, me he ido para otro lado y los temas que trato no son a los que se refieren, o es que estamos confundiendo el medio y sus vicios con otra cosa. Si hay una queja de esto y una molestia, somos nosotros los que debemos de modificar nuestras miras y hacer el trabajo que no se ha hecho. En nosotros reside parte de la culpa, y parte de la solución, y es una frase bastante trillada y desgastada como las quejas. Lo que tenemos que ponernos a hacer es a trabajar. Y bien, si no entendí bien de que va el asunto y por otra parte he caído en contradicciones y tautologías es un síntoma de la enfermedad.

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Se discute mucho de que existe una tradición que se trata de encasillar como local, y si lo que se debe de hacer es romper con ella o continuarla. Y también se habla de si acaso se debe de efectuar alguna de estas dos acciones a través de una vanguardia. Pero esto es una reiteración demasiado vieja. Sabemos de varios movimientos de vanguardia, hemos visto efectuarse rupturas o conciliaciones con la tradición y las cosas cambian por solo unos momentos para volver al mismo ciclo. Este tema es tan escatológico que no tendrá fin hasta que el hombre desaparezca de la tierra o bien la literatura y el arte lo hagan antes. Todo tiene fecha de caducidad. Más no se ve lo que es evidente. Un movimiento puede romper con una tradición, pero no por ello liquidarla. Al igual que otro movimiento puede ver que esta este muriendo y pretender resucitarla, conservándola. Declarar la muerte o la agonía de una tradición es mentirse a uno mismo, si ello otorga más “libertad” a unos, o pone las bases para que otros la “continúen” cada quien puede tomarlo a su manera. La verdad es que una tradición no muere por ser tradición, una tradición permanece viva a pesar de que se le declare muerta o agonizante. La tradición seguirá ahí para ver la muerte de las rupturas y conciliaciones y agregarlas acaso a su propio cuerpo, sin que nadie la conserve. Las obras de filósofos y poetas grecolatinos existen como tradición así como las obras de los siglos anteriores, y alimentan a esas rupturas y reconciliaciones, y no por ende muere, sino que se revitaliza y prosigue su vida. Y no solo lo hace para los poetas mexicanos o italianos, sino para cualquiera que se acerca a ella. Encasillar la tradición como un fenómeno nacional es negarla en tanto que una obra vale más si aporta algo a un panorama cultural universal que solo a un solo grupo de individuos que se identifican por ciertos rasgos ideológicos. Vuelvo a lo mismo, sería tonto pensar que la obra de Baudelaire o de Whitman responden solo al beneficio de los franceses o los estadounidenses, y no al mundo entero. Así como si la obra de López Velarde o de Tablada no respondiera a alguien en Sudamérica o en Europa, y solo lo hiciera para México. Ningún escritor esta libre de influencia extranjera. Y dado el caso de verme encasillado en una tradición que sea nacional y tuviera que verme en la encrucijada de preferir esa “tradición nacional” y la obra de Gutiérrez Nájera a la de obra de Mallarme, sin duda me desligaría de esta por irme con la obra de Mallarme.

Una llamada ruptura no ofrece mucho sino la alimentación posible de esta tradición, al igual que una vanguardia. Y si queremos hablar de ejemplos, sobran.

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Finalmente para terminar de expresar mi punto de vista sobre este debate, viene lo que designe como el último punto y el que tal vez es el más importante por encima de los dos anteriores. Del desarrollo de las ideas que tengamos nosotros depende el cambio de lo anterior. O al menos creo que muchos creen eso. Yo en lo personal, he escuchado varias veces decir parte que pertenecemos a una generación de nuevos creadores que tiene que romper con la monotonía de una generación anterior. De la generación anterior, no sé nada, y esta claro, no sé nada porque no sé que es lo que hicieron y no me interesa saber a ciencia cierta cuales es esa “monotonía” con la que se debe de romper. Este debería ser uno de los síntomas por lo cual existe una “crisis en la poesía mexicana”, la indiferencia respecto a esto, pero no lo veo más que como una posición personal que a algunos de ustedes no les ha de parecer muy correcta. En realidad, si algo me importa en estos momentos, más que lo que se haya hecho es “qué es lo que se va a hacer en estos momentos y de aquí para adelante”. Ese, creo, es el verdadero problema. No cuestionarnos sobre que “hubiera sucedido sí…”, sino pensar que va a suceder si nuestra generación, que esta furiosa y descontenta con lo que sucede dentro de un medio, se pone a trabajar en serio y de pronto vemos florecer esa “gran obra” tras la cual muchos están en búsqueda.

Manuel señala que hay cuatro principales limitaciones dentro de lo que se escribe en el medio (porque creo que no hablamos de una situación general sino solo del medio), situaciones que son bien señalas y en las que vemos el riesgo de caer nosotros. Ese es el gran problema. Y podemos hablar largo y tendido respeto a esto. La primera es la actitud del autor, que, yo concebiría desde la esfera de la creación más que desde la esfera de su posición al respecto. No creo que un artista se tenga que comprometer con algo más que con lo que hace. Por lo tanto, estamos hablando de qué es lo que sucede con aquellos quienes no se han comprometido a asentar un cambio respecto a los temas y la manera en la que escriben, de la mediocridad en la que se alienan, más no de la indiferencia, la poca preocupación que tenga el autor respecto a sus compromisos personales o la percepción ética y estética de este. La posición que toma al respecto Yaxkin de el tema es ambivalente: por una parte, crítica de una manera que a mí me parece romántica la posición ética y estética que ve en algunos, y por otra, exalta lo que debería ser el espíritu del verdadero poeta como profeta y visionario, actitud que comparto. Pero no estoy de acuerdo respecto a la afirmación de que “reírse de la cara de alguien sea como reírse de un poema”. Reírse de la cara de alguien simplemente eso, más no de su trabajo. Un pequeño desliz de alguien, nada más y sin ser mal intencionado. Yo me puedo reír de la cara de estreñidos que tenían Novo y Paz, o de la cara de teporocho que tiene Paspaquiaro, o de la pelona de Betanzos, ok, sé que no es una posición muy correcta, y se que en este caso es intencionado. Ok. Pero no puedo reírme de su obra si no la conozco, a menos de que esta sea la intención del poeta, que la obra no sea tomada tan en serio, y por lo tanto no caer en una posición invalida. La posición desde la que se hace una crítica a la obra es personal. Ya Eduardo habla de cual debería ser la posición de el autor, que para él, debe tender a ser una persona humilde y ética, pero no precisamente por eso creo que una obra mejore o deba ser tomada en mayor estima. Hay escritores muy buenos que no eran precisamente lo que se dice buenas personas y no por eso su obra se ve afectada respecto a la calidad. Eduardo dice que su afirmación va por otra parte y me gustaría saberla. Hay escritores malos y buenos independientemente de su personalidad o los prejuicios que tenga, no hay que negarlo, más creo que se debe de apreciar la labor de estos, no dándole tanta importancia a la calidad ya subidos en el tren de la creación, y de este punto de vista.

Del apego institucional se puede hablar igual largamente, pero no me interesa tanto. Este problema a mí no me afecta en mucho desde la posición de creador, como ya lo he dicho, donde debe imperar el apego al trabajo propio más que los intereses hacia los resultados que este pueda dar. Si algunos quieren seguir este esquema creo que es muy valido y están en todo su derecho de proseguir con las mafias de la cultura oficial. La posición qué sé que la mayoría tienen es la de un desapego hacia esta actitud, la de un rechazo hacia el oficialismo y yo solo puedo celebrarla ante la empatía que tengo con esta. Pero sé que el problema va por otro lado, por el lado de la marginación que causa un oficialismo cultural. Pero dicho lo primero, y resaltando lo segundo veo una coincidencia. Por una parte están los que no se quieren apegar a esto, y por otra esta la institución que nunca los llamara a formar parte de sus filas, marginándolos. Bien, el problema real es que ante la marginación en que se encierra el creador y la que aplica el aparato institucional, el fruto de sus esfuerzos se ve rezagado hacia la oscuridad, hacia no ser conocido. En este punto entra el papel del lector, que es el que debe rescatar la obra de ese destino, y también la labor del poeta, que no importando la manera en la que lo haga, tiene que dar a conocer su obra. Pero si la obra no es bien apreciada que sucede. ¿El prejuicio que se tiene hacia la obra es acaso consecuencia de la marginalización de un sistema? Depende de cómo se quiera ver. Si lo vemos como una consecuencia de la marginalización que ejerce el oficialismo hacia todos los que están en su contra, caemos en una contradicción si lo que queremos es que la obra sea para el público en general y no para un sistema elitista que de gestos de aprobación o de rechazo. Si al público en general no le agrada y por el contrario el oficialismo le da un espaldarazo a una obra que trata de ser exquisita, el problema es del autor. Si como dice Yaxkin la poeta tiene que ser el profeta, visionario y místico que en la antigüedad hacia que la gente común se conectara con lo sagrado, es este el que tiene que hacer lo posible porque su trabajo cree esa conexión con la gente, de la manera en la que señala lo hacen ciertas ficciones que se quedan en el público, y no por un sistema elitista que impone un status de calidad. Retomare lo que dice Manuel, debe de crear una cosmogonía con la palabra, pues esa es su razón de ser. Y debe de comunicarlo con el mundo, que esto no sea un secreto a voces de unos pocos, sino ese vinculo perdido del que todos se quejan. Es el poeta el que debe de salir a las calles para difundir su palabra y no buscar que otros lo hagan. No dejarlo solo en la palabra escrita, y dejar que muera, aunque por otra parte yo tengo la opinión de que uno nunca termina un libro de poesía, uno nunca lo cierra por completo porque es interminable, uno siempre volverá a esos poemas si es que adquieren una significación en su vida. La poesía es una cosa viva, y si alguien proclama que algo que esta muerto es poesía es más que una mera falacia. De aquí en adelante, creo que es una de las cosas que debemos tener en cuenta nosotros como jóvenes creadores siempre, aunque esta visión mía sea muy romántica y cursi, es a lo que nos debemos de enfrentar porque si bien hay personas que vienen hacia el descubrimiento, hay muchas otras que no pueden y se les debe de llevar. Si queremos operar este cambio no basta con discernir acerca del asunto sino poner manos a la obra y no dejarse llevar por ciertas opiniones maliciosas y ciertos gestos que se confunden.

Y bueno, del hermetismo de grupo. Es una cuestión difícil pues formamos parte de grupos hermanados por coincidencias. En todo grupo hay un grado de hermetismo, la cosa es no hacer que este se expanda hasta cerrarse por completo, ni dejar que otros lo hagan marginándolo. Otra vez, lo reiteraré, creo que todo es un problema del medio. Hay que volarle la tapa de los sesos a la cultura oficial como decían los infras y no dejarse humillar por las acciones que puedan ejercer otros, resistir a los ataques y tampoco ir marcha atrás respecto a los esfuerzos que hacemos. No llegar a malentendidos entre nosotros y así separarnos por las diferencias que puedan existir, sino que estas diferencias sean un motivo más para estar al pie del cañón. Si somos realmente un parteaguas en lo que algunos ven como un medio estéril y una crisis, hay que actuar al respecto y no cancelar los esfuerzos. Eduardo dice que el problema actual es que se tiene libertad para elegir, más no para crear opciones. Creo que hay que empezar a crearlas. Finalmente, es todo lo que puedo decir al respecto.

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Recapitulación personal:

Si bien, he intentado ser claro y humilde con estas palabras, creo que recaigo mucho en ciertas reiteraciones. También he querido tratar de ser lo más objetivo que puedo, pero veo que en este caso no he tenido buenos resultados. Creo que concierne a todos más que debatir, hacer algo y esta ha sido una de mis reiteraciones. No encasillarse en categorías sino ampliar el dialogo entre nosotros, y este es un ejercicio que estamos haciendo, esperando que de frutos. Esto es solo mi opinión personal.


Apunto:

Cierto es que parece que hemos revocado hasta cierto punto a la gata. Pero donde el dice tautologías, yo diría que hay acuerdos. Una extraña forma de llegar a ellos, sí. Pero acuerdos. En cuanto a la tradición, bueno, creo que ya hemos dicho suficiente. Quizá ese tema esté "superado" momentáneamente. Como dice Roberto, ahora nos toca avanzar hacia nosotros.

En cuanto a la cuestión de mercados. Tengo que recalcarlo una vez más: el libro es un producto cultural. Y debemos recordar que la poesía sí ha sido reelevante en el mercado, tuvo un lugar y lo perdió. Tuvo una recepción que ya no es igual. Recordemos: el Matín Fierro fue un bestseller de su tiempo, con decenas de miles de libros vendidos. Y aquí el chiste: eso significa que lo leyeron muchas más personas. La poesía se leía y si alguien compraba un libro lo oían otros diez como mínimo.

Y, sobre la moral del escritor lo vuelvo a decir: Creo que la figura del poeta maldito tenía validez cuando de lo que se trataba era de desafiar la forma de vida burguesa imperante. Ahora el poeta maldito es una figura burguesa, suavizada y que es el pretexto perfecto para la falta de aspiraciones. Si el poeta siente que debe ir a favor de otra forma de hacer las cosas poco le servirá usar las formas que justamente quiere superar.

Creo que es tiempo de que haga mi propia recapitulación: 1) Tal vez no venga al caso, pero por si las dudas: A mí me gusta mucho la poesía mexicana, pero sí creo que está en crisis, que no es lo mismo que parálisis o enfermedad o agonía. Para mí, despues de José Emilio Pacheco, que es el más grande poeta que se ha dado en este país y nos daremos cuenta en 50 años cuando Deniz pase de moda y Paz de verdad muera junto con sus gatos, no hay nada seguro. 2) Toda rebelión, hoy en día, será personal en primer grado. 3) La moral del escritor, en lo perosonal, importa. 4) Mal manejo de la industria (y no lo digo por cuetione económicas, lo digo por los lectores. Sí hubo antes y hay que recuperarlos, y si no los hubo hay que hacerlos. 5) El poeta actual es una caricatura de poeta. Basicamente, soberbio e ingnorante, y, el verdadero problema, no le molesta ser así. 6) No estamos en tiempos de crisis; estamos en tiempos de oportunidades y debemos hacer nuestra chamba. 7) Todo esto refleja los problema, no de nuestra poesía joven, sino de toda una generación. 8) Pase lo que pase, la poesía seguirá ahí. No la podremos destruir ni crear. Sólo se puede reiterar. Nosotros también podemos reiterar la poesía.


Si alguien está interesado en seguir esta discusión o saber qué pasó antes, le pido consulte los anteriores post de este blog.

19 may. 2009

La joven poesía II

Reproduzco a continuación el comentario dejado por Yaxkin en la entrad anterior:

LA IMAGINACIÓN O EL CORAZÓN PERDIDO DE LA POESÍA MEXICANA.

Reírse de la cara de alguien es como reírse de un poema. Acto inútil que ha estancado a un fuerte segmento de la poesía mexicana en la superficialidad de “los buenos poemas”, en los cuales los rasgos a evaluar son: la estructura, la imagen, lo comedido, y lo acertado del tema tratado según las circunstancias actuales irónicas o televisivas. Esta superficialidad es la de los poetas que nunca podrán creer en la poesía como profecía, sueño, delirio, conocimiento, sabiduría. Los que creen que hay que hacer poemas, y no mundos nuevos, los que creen que hay que ser poetas y no profetas o magos o sabios o místicos.

Ellos se engañan porque en el fondo de sus corazones saben que toda ficción poderosa es por densidad. La densidad de una obra es que no pretende dar solo significado, sino dirección, sentido. Harry Potter es una ficción poderosa, genera movimiento, genera aspiraciones, y valores que se asimilan. Sin embargo no toda obra poderosa tiene la bendición del mercado, la ficción corre los riesgos de ser un libro más que se cierra.

Ver “lo bueno o lo malo” del poema resulta tan superficial como clasificar a sus creadores en “buenos y malos” poetas, habría que pensar en la densidad de un poema que a lo mejor no entiendo o que me mueve al enojo. La densidad del poema: un hasta adónde pretende, habría que preguntarse… y en su caso evaluar.

La ficción igualmente tiene el poder de crear a los lectores de su mundo, de su entendimiento, sean humanidades luminosas o monstruos kamikazes, sean robots o animales travestis. Ruptura es asentar una nueva tradición.

En ese sentido quizá sea tanta la ruptura del sabio que ha recorrido todas las tierras, como las del profeta loco que ha descifrado los números del universo, sean ellos los poetas que han dado cuenta de una ficción sobrehumana, he ahí la genialidad. La realidad no existe, toda ficción es realidad, nuestra realidad es una ficción.

Poemas así, obras así, plantean el desafío: una apuesta mortal contra el tiempo que vive un solo hombre.
La ficción es un rito que queda en las mentes, más allá que en sus páginas. Y algún día en que los robots sean realidades o la humanidades luminosas, los monstruos suicidas o los animales travestidos. Algunos esos de los que se callaron dirán: pero si esto lo conozco y esto es un texto que soñé. En México los caminos de las escrituras potentes están más cercanos al ninguneo por el silencio, y a veces a ser descalificados como “sinrazones”, malos poemas o como textos con partes “rescatables” (para los más benevolentes). Estos lectores enclaustrados piensan que la literatura se acaba al cerrar el libro.

Sin embargo la poesía es pan en otros sectores de nuestro país (por poner el caso de comunidades indígenas) existe un delirio poético que se lee, se siente, se comenta, se festeja y el libro siempre queda abierto en las casas.

Los grandes poetas crean porque ellos son medios, prestan la voz a ficciones poderosas: dioses, sentimientos, ciencias, artes. Las grandes ficciones crean Valor, Aspiración, las obras fuertes son Éticas.

En el panorama nacional cada vez nos cansamos más de los ya acostumbrados “buenos poetas, comedidos muchachos”. Ellos que solo repiten las ficciones de su tiempo, cubriendo un segmento entre la televisión y el reloj mercantil.
Son los “poetas correctos” para un público que al cerrar un libro sólo le queda el recuerdo de haber leído un buen poema. Nada más.

La ficción no es hacer lindos versos, “buenas” imágenes. Por origen ficción es romper y recrear las reglas. Desde las más elementales que son las de la naturaleza. En el mundo real una manzana se cae al piso, en la literatura los animales son hombres y la gente vuela, y por ende las reglas políticas, religiosas, morales, mercantiles, personales también pueden romperse y recrearse. Por eso la ficción puede poner en jaque a un sistema político entero. Ficción es poner otras reglas del juego.

Todo poeta de nuestro aprecio debería ser místico, sabio, loco, profeta, científico, medium, y nunca más volver a ser poeta, todo poeta de nuestro aprecio es aquel poeta del que no podríamos reírnos por la simple cara de su texto.

Cansancio de las caras bonitas,
imaginar el corazón perdido de la poesía mexicana.


Yaxkin . Melchy


Al igual que con el ensayo de Manuel, celebro este texto de Yaxkin. Ojalá se agreguen más coentarios al respecto en este formato.Entiendo que Yaxkin refiere de la desvalorización de la figura del poeta. Concuerdo con él en ese punto. Y sí: no se trata de hacer sólo buenos versos. Sino de la "cosmogonía" que decía Manuel, y que ahora comprendo mejor: somos una suma de palabras.

Yaxkin ataca de igual modo la perfectura y vacua superficie de los poemas: perfectos juegos de palabras que no dicen nada (que no se confunda con la nonsense poetry o poesía de la sinrazón; ahí hay voluntad). Es un extremo que se debe esquivar. (Me doy cuenta, al hablar de extremos, que siempre persigo un equilibrio en las cosas). Pero tampoco se puede obviar la verdadera importancia de la hechura. Parto de que fondo y forma son lo mismo, una unidad indivisible, inseparable. Una parte no puede existir sin la otra para que se dé el poema y si se menciona una parte se menciona a la otra. Si es puro fondo o si es pura forma (que, efectivamente, es lo que se suele apreciar más, injusta e indebidamente) no hay poema. Relaciono con lo dicho por Eliud en su comentario de la entrada anterior, lo que escribe Yaxkin alrededor de la relación poeta/entorno y la gravedad de un problema mayor.

En cuanto al canon, me agrada la definición de Yaxkin, por asequible: las reglas del juego. La cosa es, nuevamente, si uno querrá estar dentro o no del juego y las razones de dichas decisión. También, cierto es, la literatura no acaba donde acaba el libro. Y puede que esa noción se haya olvidado o diluido. Esto tiene que ver con lo dicho por Nayeli en un comentario de la entrada anterior sobre la importancia de la literatura: aquello que sólo la literatura nos puede decir, nos puede dar. Parece ser, y siento en que ahí hay un tácito consenso, es que todos refieren de algo que parece perdido. El "qué" aún es confuso e incierto. Sea lo que sea, siento, ese "qué" sigue ahí y sólo hay que reiterar su presencia.

Por cierto: sé que alrededor de esta charla hay voces sabias que han guardado silencio. Grato sería escucharlas.

18 may. 2009

La joven poesía

Ayer salió en la Jornada una buena nota sobre los nuevos poetas. Representando a devra, Daniel y a la Red, Manuel de J.. También salen Anaís Abreu, Iván Cruz, Claudina Domingo y Cristian Peña. Creo que la nota es incluyente y da un buen margen para conocer la poesía reciente de esta ciudad. Iván Cruz dice cosas, a mi parecer, acertadas. Les recomiendo la nota.

También Manuel escribe un pequeño ensayo que da muy seriamente su posición ante el asunto. Y creo que se debe celebrar la nota de Manuel por muchas cosas que dice y por el hecho de que empecemos a buscar (o darle) sentido a lo que nos ocurre en estos momentos. Existen algunos matices en los que no estoy de acuerdo. Para él la crisis no tiene que ver con los lectores y con las editoriales. Puede ser. Sin embargo sabemos que antes la poesía ocupaba un lugar de mayor privilegio apenas el siglo pasado. Si bien las ventas nunca fueron rendidoras, sí llegaron a ser redituables. También sabemos que la oralidad hacía mucho en la comunicación; antes, gente que no sabía leer, sabía poemas de memoria porque se "los habían leído". Es decir: cierto es que la crisis, como tal, no es de lectores y mercado (aunque, sigo pensando, están desatendidos), pero sí se están moviendo los medios de distribución y se debe buscar que los nuevos medios, y su uso, sean igual o más competentes que los anteriores. También tiene razón Manuel en la forma en que los poetas hacen su carrera y cómo esto afecta la creación.

Un matiz donde no concuerdo con Manuel es en la ruptura. En nuestros días la vanguardia y la búsqueda de nuevas formas son muy apreciadas. Como dice Rafael Mondragón, romper con los tópicos es un tópico es sí mismo. En contraste, hubo épocas en que el valor primordial era ser más cercano a la tradición y los cambios en el canon se daban por repetición; de tanto repetirse, mutaba, se volvía otra cosa. Parece ser que en México nos pega especialmente la palabra tradición por ser altamente asociable a Octavio Paz. Comprensible. Ahora bien, yo agregaría a lo dicho por Manuel que se rompe con una tradición cuando esta no es comoda para uno. Toda rebelión es personal en primer grado. Como bien apunta Manuel, ser conservador puede ser sano y válido si uno está coforme y se siente saludable con el estado de las cosas. El chiste es que cuando quieres cambiar una cosa terminas cambiando todas las demás. Curioso, ¿no? Como dije, nuestra problema es que no sabemos pa dónde jalar. Nuestra libertad ahora reside en elegir.

Agregaría que en toda apuesta que se haga se debe hacer caso de la sensatez (y no por eso deja de ser apuesta). ¿A qué me refiero? Para algunos será la creación del agua tibia, pero un grave error (que ya han cometido algunos poetas de la generación anterior) es subirse a la tradición para justificarse desde el principio aunque no sepan escribir (y que además se suben a cosas que no conocen), o, el extremo contrario, negar toda tradición para justificar que no saben escribir y no hacerse responsable de nada. Ambas posiciones, ambas extremas, el incesto y el parricidio, me son deleznables.

Manuel meciona que los problemas que afrontamos son 1) la actitud del autor, 2) el apego institucional, 3) el prejuicio a la obra y 4) el hermetismo de grupo. Los dos primeros puntos me parecen fundamentales. Quizá, agregaría que el apego institucional es un problema por la forma del apego y no por el fondo. Les sugiero lean la nota de Manuel y ojalá la charla siga. Por último, quizás sea un lugar común, pero me pareció muy lúcida y certera esta aseveración de Manuel: "la obra poética ante todo pretende una cosmogonía." Chingona frase. Saludos.

14 may. 2009

Las bombas tienen fecha de caducidad

Hubo una vez un grupo. Hubo una vez un grupo que combinó, a su manera, a Rage Against the Machine, a los Beastie Boys, el albur, el virtuosismo, la güarrez, la irreverencia (la verdadera, no la de comendiante de Televisa) y el descontento. (Además eran producidos por el Rey Midas del rock en español: Gustavo Santaolalla) En resumen: un grupo de Rock. ¿Suena maravilloso ,no? Pero así fue. Y pasó aquí. En México.

Ese grupo fue Molotov. El grupo más importante que se dio en los noventas tardíos en este país. ¿Recuerdan la euforia? De pronto todo mundo sabía de ellos. Yo iba en la primaria y sabía de ellos, y eso es mucho saber. Todos tenían una posición: los fans, los fans de closet, los fans de chocolate y los antifans. No había de otra.

Si Molotov fue importante fue porque logró una fórmula rápida y certera: Aprovechándose del rap-metal de moda en aquel tiempo, se hicieron de riffs pesados, letras pegajosas, groserías y mucha, mucha denuncia. Inaudito en nuestra historia musical desde....mmmm...¿el corrido de la Revolución? Eso, la denuncia, fue su punto más fuerte. Decían lo que todos pensaban, y, por supuesto, nadie decía en los medios. "Gimmie Tha Power" fue La Canción de esos años. Pésimo video, eso sí. Sin embargo esa canción cambió a muchos. Cuando la oí me enteré que mi país era una vergüenza. No antes, no después. Y México sigue siendo vergonzoso. Con esa música aprendí a enojarme. Grave defecto, supongo. Pero es de esos pocos defectos que aspiran a virtud. No conseguida, claro.

Recuerdo cuando prohibieron el disco. "¿Dónde jugarán las niñas?" ¿Así o mejor el título? ¿Así o mejor la portada? ¿Qué habrá pensado Fher de Maná?: ¿"Al fin de mí salió una buena idea"? Para ser precisos, recuerdo a una señora en la tele pidiéndole a Zedillo que prohibiera esa música que "enviciaba a los jóvenes". Esa señora era bastante prudente y sensata: el descontento social en los jóvenes es un vicio fuerte. Peor que las drogas. Por eso mejor esa mierda la legalizamos, ¿no?

Lo recuerdo y me enojo. Molotov, víctimas de su propia fórmula, pasaron de ser bomba a cohete. Dosis industriales de Suavitel hicieron lo suyo y de "El Canal de las Estrellas" pasaron a promocionarse en Televisa. Perfumaditos, con olor a hogar y televisión dejaron de ser. Sus razones tuvieron tal vez. Eso no importa. Lo que importa es que ellos se fueron y el descontento dejó de estar de moda. Importa que ellos se fueron y nadie vino a reemplazarlos. Sólo se quedaron los problemas, las quejas; nadie para decirlas.

Saludos.

Addenda 18/05/09: Volví a ver el video. Es muy bueno. Sólo que es muuy de los noventas. Y en cuanto a la moda del descontento, lo malo es que sólo fue una moda. Apenas sirvió para sacar al PRI de los Pinos, no alcanzó a corregirnos como país.

10 may. 2009

El periódico y la crisis de la poesía

Tú amor es el periódico de hoy El periódico (otra despedida anticipada)

Tengo el gusto de encontrarme entre las pocas personas menores de 25 en este país que compran y leen el periódico. Disfruto de abrirlo en el Metro o en el camión, y hojaerlo todo primero, antes de decidirme por tal o cual nota. Si es temprano, y acaba de llegar a los puestos, uno puede además apreciar que el periódico llega caliente literalmente y la tinta es capaz aún de manchar los dedos.

Tengo el gusto de encontrarme entre las pocas personas de mi edad que compran y leen el periódico, porque los demás ven las noticias en la tele, unos cuántos sólo en Internet y la gran mayoría no lee ni ve los noticieros. Podría decirse que mis gustos son del siglo pasado. Y tengo que aceptar que la noticia que corrió en Internet a las ocho de la mañana de hoy aparecerá en el periódico mañana. En estos tiempos un día es mucho tiempo (pobre: nadie lo valora) y leer el periódico de hoy es leer lo que ya sabes porque salió ayer y lo viste en el Internet y en la televisión. Aquella canción de Héctor Lavoe, "Periódico de ayer", debería cambiar por "Periódico de hoy": "Tú amor es el periódico de hoy, que nadie más procura ya leer"... ¿Y para qué leer el periódico de hoy?

Lo cierto es que estamos en tiempos de cambio. Estamos en medio de una revolución y el nuevo blanco es el periódico. En E.E.U.U. la noticia impresa ya está en vías de desaparecer y ese destino eventualmente será igual para el mundo. En México es especialmente duro porque la gente no lee el periódico (El Gráfico no es un periódico) y ya lo está abandonando. Se supone que en los países pobres, o sea nosotros, el papel tiene futuro aún, mientras el Internet siga siendo un privilegio. Sin embargo a mí me da ñáñaras saber de periódicos con más de 100 años que paran sus imprentas en Estados Unidos. Y para colmo la crisis económica no parece dejar mucho margen.

¿Cuál será el encabezado del último día del último periódico impreso? ¿"Nos rendimos"? ¿"Se acabó la prensa impresa"? Lo peor de todo es que algo me dice que estaré ahí para verlo. Mi generación,bastante pasguata, mediocre, sin aspiraciones y con su infinita abulia hace que ponga todas mis esperanzas en la que venga en 10 años. Mi esperanza en todas las cosas, y el periódico es una de ellas. Parece ser, el periódico representó una manera de ver el mundo; aquella época en que lo importante era conocer de los hechos y no informarse sobre los mismos. Sólo espero que conocimiento, por el medio que sea, siga siendo más importante que información.



Poesía y los tiempos de crisis

Aquí también la abulia y el regocijo en la mediocridad no dan para mucho. La poesía está en crisis. Los lectores (los pocos, casi imaginarios) se esfuman, las editoriales se cierran cada vez más, y los poetas no saben ni pa dónde jalar.

Los poetas: ellos tienen mucho de la culpa. Para empezar, por su soberbia. Creen que revolucionan las cosas con sus textos con planteamientos estéticos ya caducos o simplemente pobres cuando en realidad no hacen más que berrinches de niño de cinco años. Y no tienen lectores porque no tienen nada que decirles. Sólo se leen entre ellos porque no hay nadie más que se los fume. A eso, además, hay que agregar la nula visión empresarial que tienen. Sí: hay que ser unos románticos que no buscan el dinero y que viven del aire y todo eso, pero, al final del día, el libro (objeto aspiracional) es un producto mercantil. Tiene una industria y maneja dinero. Será injusto, pero es más fácil aprovecharte de los medios que ir en contra suya sin beneficio alguno (que aquí sería, ¡mira!, lectores). Así como hace poco me quejaba de que hay quienes olvidan que el libro es un producto cultural, bueno, ahora hay que recordar que es un producto. No se crea que esta determinación es propia del capitalismo: el libro, desde la imprenta, se maneja así. Como también lo he dicho: si a esto agregamos nuestra solvente educación...

Algo que sí no he dicho es que muchos poetas de hoy si por algo se caracterizan es por ser bastante incultos. No saben, o no les interesa saber, nada de su oficio. No tengo empacho alguno en decirlo: soy músico. Por supuesto, no soy el mejor del mundo, pero sí sé que educarse en lo que haces es básico para saber qué es lo que estás haciendo. Los músicos que creen que se trata del "sentimiento" y que no hay que saber "notas", en mi experiencia, son mediocres. Bueno, pues así son algunos poetas. Tampoco se trata de hacer una licenciatura en letras. No. Pero de menos debes tener una noción, una definición (siempre provisional) de poesía o verso, ya no digamos literatura. (Y también nociones básicas de sintaxis y, ¿por qué no?, gramática.) Ojo: definiciones como "la poesía es vivir, ser libres, experimentar, es renovarse, es ser originales" y demás chaquetas mentales no cuentan.

Lo que sí cuenta es la actitud. Eliud, con justa razón, decía de las imprecisas afirmaciones que hice en el post sobre Pacheco sobre la moral de los poetas. Creo que la figura del poeta maldito tenía validez cuando de lo que se trataba era de desafiar la forma de vida burguesa imperante. Ahora el poeta maldito es una figura burguesa, suavizada y que es el pretexto perfecto para la falta de aspiraciones. Si el poeta siente que debe ir a favor de otra forma de hacer las cosas poco le servirá usar las formas que justamente quiere superar. Es como querer dejar de construir casas de madera con más madera.

Otro problema es que parece que no queda camino alguno. Y ahí está la parte más fuerte de la crisis. Tanta vaguardia pasada hace que pensar en cambios y sellos generacionales sea difícil. La marca de la generación pasada (setentas y principios de los ochetas) y un poco de la que viene (del 85 en adelante) es la dispersión. Como quien dice, cada quien anda en su pedo. No hay (no se vislumbra) más revolución que la personal, sin más extensión que tus cuatro paredes, sin más rebeldía que hacia ti mismo y lo que escribiste ayer. Siento, esto tiene mucho que ver con el hecho de que mi generación nomás no se encuentra: o no le interesa rebelarse ante nada y nada le parece mal, o lo intenta pero con abulia y sin dirección. Me pregunto si esto es lo que esperaban las anteriores generaciones que nos dieron libertad de asosiación, de cátedra, sexual, de expresión.

La cuestión es que antes la libertad residía en crear opciones. Ahora la libertad reside en elegir.

Son tiempos de crisis. Definitivamente. Pero aquellos que sobrevivirán y cambiarán las cosas serán los que tomen decisiones, quienes elijan y elijan bien. Los que rebasan las crisis son los que nunca vieron tal (no hablo de ingnorar, hablo de reinterpretar). Los que en vez de leer tiempo de crisis leen tiempo de oportunidades. Parece trillado, pero para eso está la Historia, para preguntarle. Saludos.



9 may. 2009

Pacheco y la influenza (once again)

Ayer salió una excelente entrevista a Pacheco en la Jornada. Léanla. Les recuerdo que Pacheco da una entrevista cada cinco años más o menos. Por cierto, es extraño ver a tu escritor favorito en la primera plana del periódico. Es como si, de pronto, la literatura no fuera cosa de unos cuatos afectados, como si la palabra fuera para todos lo que es para unos cuantos. Y no sólo fue primera plana y no sólo estuvo la entrevista; además se publicaron tres increibles poemas de lo que será su próximo libro. Les dejo el que da título al próximo poemario de Pacheco:

La edad de las tinieblas: el quinqué

Arde la noche. El aire húmedo parece hervor de ciénaga. Bajamos del yip para tomar agua mineral en un cobertizo a orillas del camino que se interna en la selva. Sobre el mostrador hay un quinqué. Si nada recordamos de la niñez y sólo podemos inventar lo inmemorable a partir de unas cuantas imágenes, este quinqué engendra ahora su propio teatro de sombras, me lleva hasta un puerto donde hubo una casa que ya no existe.

Se va la luz. La familia enciende otro quinqué. Me intriga pensar en lo que han dicho mis padres: en el petróleo de la lámpara flotan reducidos a esencia bosques y dinosaurios de la prehistoria. Millones de años se han necesitado para humedecer la lengüeta de jerga que convertida en mecha soporta la llama. Una campana de cristal la protege y le permite iluminarnos. En el quinqué se consumen los restos fósiles de una vida improbable. La noche huele a luz carbonizada.

Este humilde fuego resulta el antitelevisor. Prende la imaginación de quienes se reúnen en torno a él como ante la hoguera primitiva: abuelos, padres, hijas, hijos. Sobrevienen relatos de cosas verdaderas y fingidas y, cuando las narraciones han terminado, el ballet de las manos, la pantomima de las siluetas.

La pared se convierte en un zoológico fantasmal, un circo de espectros. Aquí están las fauces del cocodrilo, el loro de perfil, el gato de espaldas, las alas del gavilán, la huida del venado, la tortuga que lleva a cuestas el mundo.

Al volver la electricidad el escenario se apaga. La familia queda en silencio. Sabe que está condenada a la dispersión y es como el humo que el petróleo suelta al inmolarse. Somos apenas sombras que alguien proyecta en un muro invisible.

El quinqué se extinguió hace millones de años. Su luz más submarina permanece. Esta noche su olor ha regresado bajo el violento aroma de la selva. Tal vez nosotros, sus animales y sus árboles también seremos combustible de una futura edad de las tinieblas.

¿Qué tal? En lo personal creo que es uno de sus mejores poemas.

Foto

Cambiando de tema, el mejor poeta joven inglés, Mike Skinner, mejor conocido por su grupo The Streets, sacó una excelente canción sobre la influenza. Se las recomiendo. Saludos.


8 may. 2009

Pacheco y la influenza

Ayer se dio la noticia de que José Emilio Pacheco, el mejor poeta vivo de este país, ganó el Reina Sofía. En unos meses se verá en Madrid recibiendo su premio (56 mil dólares) de parte de la Reina de España. En una entrevista que dio ayer por la mañana dijo que el premio lo dedicaría a la poesía mexicana y agregó (y esto es lo interesante) que la poesía mexicana es gran calidad más allá de la poca atención que se le ponga en el extranjero. Concuerdo plenamente aunque es un comentario que fácilmente se puede satirizar: "somos buenos aunque no nos pelen". El hecho es que Pacheco es un gran poeta en las mismas fechas que reciba el Reina Sofía saldrá, por fin, su nuevo libro, La edad de las tinieblas.


La primera vez que supe de José Emilio Pacheco fue por Café Tacvba y su canción "Las batallas". Muchos años después Pacheco se volvió mi poeta favorito y me alegra mucho que se le dé este premio porque, siento, es un reconocimiento a una forma de hacer las cosas, la forma ética. Con un gremio de idiotas, imbéciles y egocéntricos, la imagen de poeta maldito ya no tiene sentido. Todos se creen o ser hacer pasar por malditos y no son más que chamacos caguengues que no son poetas malditos donde deben, en su poesía. El primer paso para ser un buen escritor es ser (intentar ser) una buena persona y Pacheco es alguien que se ha movido de forma impecable en la vida pública (la privada no sé y no me importa), tanto como en su trabajo. Y además es genial poeta. Hay quien piensa que para triunfar en este medio es necesario ser vil, carroñero, soberbio. Y sí, aquí hay mucho de política, pero eso no significa que tengas que ser como un político. Por eso sorprende que alguien que nunca ha buscado ser el foco de atención hoy lo sea por una buena noticia. Que disfrute esa lana bien merecida.




Hoy volvimos a clases y parece que la vida vuelve a la normalidad. Pero faltará mucho para que hagamos cuentas de este descalabro que demostró algo de lo mejor y mucho de lo peor de todos nosotros. De cualquier forma, ahora resulta que siempre sí me contagié de influeza (no sé si porcina) y fue antes de que todo empezara. El bautizo de una sobrina mía fue el evento donde muchos de mi familia enfermamos de una endemoniada gripa que ahora, resulta, fue influeza, al menos estacionaria. Quiera Dios esto no vuelva, como se supone lo hará, en otoño. De ser así, ojalá sea después de haber combatido tanta estupidez nuestra. Espero que esto nos enseñe un poco a vivir sabiéndonos vulnerables. Saludos.



2 may. 2009

La música del azar; lo feliz y lo imbécil

Ya perdí la cuenta de cuántos días llevo encerrado y sin clases. Ya perdí, también, la cuenta de los enfermos y de los muertos porque, bueno, ya nadie sabe. Ahora bien, mis días encerrado han sido alegres. Preocupantes, claro, pero alegres. Y no siento culpa alguna por ser feliz ahora que la epidemia ya está en fase 5 según la OMS y cuatro continentes están infectados, y hasta los defeños ya son víctimas de xenofobia por parte de los propios mexicanos, lo cual, por cierto, me da mucha risa. No, no siento culpa alguna.

Se pensaría que la felicidad es un logro, un trofeo. Basicamente tenemos la noción de que la felicidad es algo que se consigue luego de luchar por ello. Nada más falso. Baruch Spinoza refería de la felicidad no como de un premio sino como de una virtud. La felicidad para Spinoza era la virtud que hace posible a las otras y no un resultado, un fin; no tenemos bondad o valentía para ser felices, al contrario: puesto que somos felices podemos echar a andar la bondad y la valentía. No luchamos contra nuestros males para ser felices; puesto que somos felices podemos luchar contra los males.

O algo así decía Spinoza. Tal vez tenían razón mis padres al no dejarme ver ciertas películas catastróficas cuando era niño; veo cómo muchas actúan acorde a los guiones de dichas películas mientras otros hace todo lo posible por apartarse del guión (el guión de La mancha voraz, para ser precisos). El agua tibia es un invento desconocido para esta ciudad. Aún me llegan correos con infinitas babosadas sobre la doctrina del shock y demás barbaridades como teorías de la conspiración y obra divina. Dos bandos: los que creen que no pasa nada o los que creen que es el Juicio Final. Hay gente que le es difícil creer que esto sucedió así y ya. Y sí el libro de la doctrina del shock es bueno y todo, pero no tiene nada que ver con lo que pasa ahora.

Siento pena por aquellos que creen que si algo se sale de control el culpable tiene que ser humano, o por lo menos debe tener rostro. Los que suelen creer en esas teorías no buscan la verdad, buscan algo que la oculte. Los que mandan mails sobre teorías de la conspiración necesitan creer que no son víctimas del azar y que todo tiene una razón tangible. Lo dije cuando Muriño y lo digo ahora; el sospechosismo es agradable porque cualquier actor conspirador imaginable (el gobierno, Dios, etcétera) tiene razones, y el azar no. El azar no necesita razones para crear un virus y ponerlo en la Ciudad de México. El azar no necesita razones para matarte.

Pero al fin de cuentas es el mismo azar el que nos puso aquí sobre la Tierra, con la distancia justa del Sol, el agua, la inclinación de la Tierra, la Luna y demás factores indispensables que estemos aquí. Eso no lo ve la gente que cree en la conspiraciones, supongo. Pero lo fundamental, creo, (y por lo cual hablé de Spinoza) es que esa gente no es feliz. Y porque no es feliz no puede aceptar el azar y su música, así como no son capaces de tomar decisiones. Porque la felicidad es una decisión, una de las pocas cosas donde no tiene mucho poder el azar.

De mientras seguiré leyendo y de salir, lo haré con cubrebocas. De mientras dejaré de escribir sobre la felicidad y sobre imbéciles. Lo imbécil y la felicidad irritan a algunos facilmente. Saludos.